Las Interferencias

martes, 1 de julio de 2014

"Huelga de úteros", una respuesta al artículo de Beatriz Preciado.

Así comienza el artículo de la profesora de universidad Beatriz Preciado publicado en Público:

http://blogs.publico.es/numeros-rojos/2014/01/29/huelga-de-uteros/

"Encerrados en la ficción individualista neoliberal, vivimos con la ingenua sensación de que nuestro cuerpo nos pertenece, de que es nuestra propiedad más íntima. Sin embargo, la gestión de la mayor parte de nuestros órganos está a cargo de diferentes instancias gubernamentales o económicas. De todos los órganos del cuerpo, el útero ha sido sin duda aquel que históricamente ha sido objeto de una mayor expropiación política y económica. Cavidad potencialmente gestacional, el útero no es un órgano privado, sino un espacio biopolítico de excepción, al que no se aplican las normas que regulan el resto de nuestras cavidades anatómicas. Como espacio de excepción, el útero se parece más al campo de refugiados o a la prisión, que al hígado o al pulmón".

La autora tiene razón al denunciar que desde diferentes instancias se dirije la biopolítica que afecta a nuestros cuerpos (el de hombres y mujeres, añado yo) pero no es que el Estado-Capital le interese la posesión de nuestro cuerpo, como en el mundo esclavista, sino que lo que le interesa es controlar la dirección hacia dónde se dirije la energía vital de los cuerpos. Hay momentos históricos en los que el Estado necesita niños, futuros trabajadores o soldados y, otros momentos en los que prefiere que las mujeres concentren su esa energía centrándose en su trabajo asalariado, pariendo productos y servicios, cuidando y amamantando a la empresa, al ejército y a las diversas administraciones. En otros momentos se necesitan ambas cosas a la vez, lo que produce una serie de contradicciones internas dentro del sistema que se tratan de resolver a base de incentivos y "ayudas" para redirigir las conductas.

El cuerpo humano, no solamente el femenino, es disputado por diversos intereses religiosos, políticos, médicos y farmaceúticos. El feminismo universitario y de Estado, como ideología adoctrinadora al servicio del poder, también debería estar en esa lista porque no solo no ha "descolonizado” el útero sino que ha apoyado las biopolíticas antinatalistas, considerando que la libertad reproductiva siempre se reduce a no ser madre, cuando la libertad debería existir tanto para ser madre como para no serlo. Por eso, si hasta aquí estaba más o menos de acuerdo con la autora, aquí nos separamos.

En el caso de los úteros se equivoca Preciado al llamarlos "laboratorio del Estado-Nación de cuya gestión depende la pureza de la etnia nacional". No hay interés alguno del poder político en defender la pureza étnica o de sangre de los hijos que gestan nuestros úteros. No van por ahí los tiros y, si no, que aporte datos. Es más, el Estado-Capital necesita el mínimo de niños posible para mantener la máquina productiva pero le da igual su color, raza o religión, tal y como ellos mismos explican en sus foros y reuniones.  

El feminismo, por otro lado, no solo no ha expulsado al poder de las elites de nuestros úteros sino que ha sumado fuerzas con ellos y se ha convertido (y se ha dejado convertir) en un apéndice vital y estructural del poder mismo. Yo sí voy a aportar pruebas y ejemplos para defender esta idea. Desde 1974 (si seguimos las cuentas de Beatriz Preciado), salvo algunas honrosas excepciones como Silvia Federici:

- El feminismo institucional promovido por la ONU y UNFPA ha implantado las ideas adoctrinadoras del empoderamiento económico dentro del capitalismo y ha promovido la reducción del número de hijos por mujer siguiendo las directrices de Kissinger y el Club de Roma.

- El feminismo en lugar de autofinanciarse y autogestionarse ha aceptado y buscado financiación de fundaciones capitalistas como la Fundación Ford y Rockefeller y de diversas instituciones estatales (museos de arte moderno, universidades, institutos de la mujer...).

- El feminismo ha promovido la idea de que la salud reproductiva femenina debería ser entendida como "no reproducción", es decir, la reproducción como enfermedad y la no reproducción como "salud". De esta forma ha limitado el problema de los derechos reproductivos al derecho a no tener hijos. Por otra parte, la realidad científica muestra precísamente que tener hijos (sobre todo cuando se es joven) y amamantarlos es muy sano para el cuerpo femenino: la nuliparidad, el retraso de la maternidad y el no amamantamiento aumentan el riesgo de cáncer de mama, ovario y endometrio, así como aumentan y emperoran otras complicaciones del aparato reproductivo femenino. La libertad de elección se basa en el acceso a la información.

 A continuación, la autora realiza un resumen del Anteproyecto para la nueva ley del aborto: dos supuestos de aborto legal, riesgo para la salud física o psíquica de la madre de 22 semanas o violación (12 semanas). El riesgo deberá ser acreditado por un médico y un psiquiatra independientes. Es decir, la única diferencia con la ley anterior a la ley Aído que estuvo en vigor desde 1985 a 2010 con gobiernos tanto del PSOE como del PP es que suma un "acreditador" médico más al proceso del aborto. Si antes era un psiquiatra el que firmaba el riesgo para la madre, ahora se necesitarán dos firmas, es decir, el doble de infantilización, de dinero y de complicación. Pero más allá de eso, no hay más diferencias. Si eres capaz de conseguir una firma, conseguirás dos. ¿Por qué toda esa indignación no salió durante todos esos 15 años? Es más, la ley Aido era bastante más restrictiva en cuanto a fechas que la de Gallardón, sin embargo esta intromisión del estado no parece importarle demasiado a la autora. Y aquí es donde está la clave del asunto, en el politiqueo, en el peor sentido de la palabra, que arrastra este asunto. El proceso de la nueva ley tiene mucho de performance (que Beatriz Preciado conoce bien) maquiavelismo y trilerismo.

Efectivamente el útero femenino es uno de los bienes más preciados de la biopolítica pero lo ha sido tanto con el PP como con el PSOE y no precisamente para forzar a las mujeres a tener hijos. La tasa de natalidad no ha parado de caer y el número de abortos no ha parado de crecer desde los 16.206 en 1986 a los 112.390 de 2012. Y esos datos son manejados desde el poder, se conocen y si se han producido no ha sido precisamente por azar. Un aborto es una historia personal concreta. 100.000 abortos al año son otra cosa, son un fenómeno sociológico que habría que analizar, ya que se trata de algo que se produce de forma masiva, una situación totalmente nueva y de gran complejidad. Por otro lado, la única razón por la que el útero es relevante en esta historia es porque es el nicho, el hogar del feto humano. No existen polémicas bioéticas ni leyes que regulen si una mujer puede o no realizarse un aumento de pecho o una histerectomía. La única razón por la que estamos hablando de esto es porque el verdadero protagonista biopolítico es el feto humano. La investigación biotecnológica lleva años intentando crear úteros artificiales y quizás dentro de un tiempo este debate no tendrá ni quiera sentido.

Desde los datos objetivos lo único que podemos decir es que es una ley que infantiliza a la mujer frente a los médicos y el Estado, es hipócrita y encarece algo más el proceso de abortar. Pero más allá de eso hecha la ley, hecha la trampa. No va a cambiar absolutamente nada y las mujeres van a seguir abortando legalmente como lo han hecho hasta ahora y como lo hicieron durante los anteriores mandatos del Partido Popular.

Beatriz Preciado prefiere no entrar en el terreno de analizar las causas de que en pleno siglo XXI el número de abortos no deje de aumentar, duplicándose su número en tan solo 10 años, por ejemplo. No se da cuenta que en realidad el tema va más allá de que haya una ley u otra, si al final la mayor parte de los abortos se producen antes de la semana 12 y su número ni va a aumentar ni se va a reducir porque lo decida la “asamblea de majaras” si se mantienen las mismas circunstancias culturales, ideológicas y materiales existentes en la actualidad. Tener un hijo en este sistema es algo cada vez más problemático. No en vano merece la pena recordar como hace tan solo unos 200 años en el mundo rural muchas mujeres tenían hijos sin estar casadas ni tener pareja estable y sin sufrir ningún tipo de estigma social ni penalización económica. Tampoco tenían que elegir entre ser madres o mujeres "trabajadoras" y disfrutaban de fuertes vínculos familiares y sociales que les permitían disfrutar de esa libertad sexual y de la seguridad y del apoyo social cooperativo que necesita la crianza en el género humano. Como contrapartida vivían en un mundo con una alta mortalidad infantil. Sobre este tema es muy recomendable la lectura del libro de Asunción Diez titulado "La familia campesina del occidente Asturiano".

Pero volvamos al texto que nos ocupa. El artículo de Beatriz Preciado entra de lleno en el terreno fantástico al lanzar estrambóticas explicaciones sobre la iniciativa de Rajoy pero, si se parte de falsedades e invenciones, dificilmente se puede llegar a ninguna verdad. No es que, como yo opino, el PP haya montado toda esta historia para distraer y crear crispación social con un tema que sabe que remueve (que todo cambie para que todo siga igual, divide y vencerás, etcétera...), lo que ocurre, según la autora, es que quiere fabricar "soberanía nacional" y "mantener las viejas fronteras del Estado-Nación en descomposición". ¡Toma ya!

Ante esto simplemente comentaré que las fronteras del Estado Español ni siquiera se marcan aquí sino que dependen directamente de lo que desde la OTAN se decida. Exáctamente igual que con la legislación sobre el aborto. Somos un país de la órbita estadounidense al nivel militar y tenemos la biopolítica que de ese hecho se deriva. Por eso tenemos un escudo antimisiles en Rota y por eso en caso de un conflicto bélico contra otra potencia no alineada seríamos objetivo militar. Por otro lado, un grupo armado que luche por la secesión es considerado por las élites de poder grupo terrorista en algunos lugares o es financiado y apoyado en otros. Si la OTAN decide que España debe cambiar sus fronteras así sucederá, no lo hará por otro motivo, como Yugoslavia y Kosovo nos han enseñado. ¿Es tan ingenua la autora como para creer que el PP pretende enfrentarse a EEUU y ponerse bajo otra órbita de poder más proclive a la restricción del aborto? ¿A quién queremos engañar? Parece mentira que una becaria Fulbright (institución famosa por sus vinculaciones imperialistas) como Preciado no haya caído en esto.

Analizar el tema de la nueva ley del aborto desde una óptica nacionalista o de fronteras, en mi opinión, no tiene ninguna base ni existe correlación alguna entre un tipo de legislación y la secesión de determinadas comunidades autónomas, más allá de la alineación imperialista en la que se encuentre ese nuevo estado-nación independizado. ¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? ¿Si se prohibe el aborto no se separará Cataluña? ¿Nacerán menos independentistas? ¿Los niños que nazcan serán más españolistas? ¿Acaso los independentistas no pueden ser también anti-legalización? ¿No sería el útero propiedad del Estado Catalán independiente?

El gobierno del PP no quiere ocupar el cuerpo femenino porque defienda la hegemonía masculina sino porque defiende la hegemonía de los poderosos, hombres y mujeres, frente al pueblo.

"Sólo existes como Madre. Abre las piernas, sé tierra de inseminación, reproduce España".

 El PP no tiene ninguna intención de que las españolas se reproduzcan ni que sean inseminadas. Si lo tuviera implantaría legislaciones como la francesa que promocionan el aumento del ratio de hijos por mujer manteniendo el sistema de opresión capitalista a base premios, dinero, cuidados mercenarios y "estado de bienestar", que es el lenguaje que entiende el sujeto adoctrinado del siglo XXI (por cierto, en Francia tienen una fertilidad de 2 hijos por mujer a la vez que mantienen una cifra de 220.000 abortos anuales). Aquí parece que las elites han preferido emplear el dinero en otros menesteres... Si según Preciado para el PP solamente existimos como "Madre", ¿cómo se explica que mantenga medidas-premio como la de los 100 euros mensuales para las madres trabajadoras y no exista absolutamente ninguna ayuda para las que optan por dedicarse solamente a la crianza o tomarse una excedencia? ¿Esas medidas en la órbita de Womenomics (Goldman Sachs) no son una intervención en nuestros úteros y nuestros cuerpos?

Para terminar le diré a Beatriz Preciado que a pesar de que no ha sido porque ella lo proclamara desde su modesta tribuna, las mujeres que viven en España hace muchos años que están en "huelga de úteros". Hay zonas de España en las que casi ni se llega al hijo por mujer. Y esa "huelga de úteros" viene directamente promovida por la situación cultural, material, ideológica y existencial en el que se encuentran muchas personas que en las estadísticas dicen que les gustaría tener 2 hijos y no pueden porque el sistema se lo impide de muy diversas maneras, sobre todo desde el ámbito de las ideas y de lo convivencial.

No gestar también es una acción biopolítica, es decir, inducida por el poder. Y no denunciarlo es ser cómplice de ello, porque deberíamos tener libertad para no ser madres y para serlo. Así que declino tu invitación a hacer huelga de úteros. No permito que ni mi útero ni mi cerebro ni todo mi ser sean dirigidos por terceros.

El texto de Preciado es tan demagógico como el de Gallardón, aunque uno sea periodístico y el otro legislativo. Los dos huyen de afrontar las cuestiones fundamentales que afectan a la represión de la sexualidad, la maternidad y la paternidad en el mundo postindustrial, los dos están al servicio de la biopolítica y contra el pueblo. Los dos son la cara y la cruz de esta sociedad neovictoriana y reprimida en la que vivimos. Este texto es todo un ejercicio de sumisión al poder presentado como un supuesto acto subversivo a un nivel tal de delirio que hasta el acto de comer mierda (coprofagia) es presentado como el sumun de la rebeldía sexual.

 Mi postura frente al aborto es clara y se parece a la de Federica Montseny, ya que no es una liberación para la mujer y es una decisión muy dura de tomar. Soy adversa a su práctica pero creo que en algunos casos no queda otra opción y tiene que ser legal para evitar más muertes y mutilaciones. Desde la legalidad es, como decía Trotsky, desde donde un sistema o sociedad más justa (sustituyendo la palabra socialismo que él usaba por justa) debería eliminar las causas que llevan a las mujeres a abortar de forma masiva, algo que hoy en día ni los anti-legalización ni los que se quedan en la mera legalización parecen interesados en hacer.

sábado, 21 de junio de 2014

Vuelven las beatas...

Foto tomada de http://felixtubio.blogspot.com.es/2011/06/la-educacion-femenina-entre-liturgia-y.html

El fenómeno de las beatas ataca de nuevo con formas diferentes. Esta vez son seres, hombres y mujeres, tocados por la pureza y la sabiduría ideal que se dedican a señalar con el dedo la vida personal y familiar de quien no vive según los mandatos de los catecismos escritos por expertos, teóricas, místicos, profesores universitarios y psicólogas. Piensan que deben salvar al mundo de su ignorancia cuando, en realidad, tendrían que barrer su propia casa antes de dedicarse al señalamiento y al linchamiento de otras personas concretas o a intentar conducir al "buen camino" a la gente que ha caído en el pecado. En lugar de escribir y defender sus propios argumentos de manera abstracta y general se dedican al copia-pega de gurús de todo pelaje, sin darse cuenta de que las teorías, que pueden estar muy bien y ser muy válidas a veces, de nada sirven si no se conectan con la realidad práctica, que muchas veces las contradice, matiza o niega de plano.

En muchas ocasiones tienen razón en lo que defienden y, en teoría, luchan por un mundo de amor y respeto a los más desvalidos, sin embargo sus medios son el odio y la intransigencia. La incongruencia entre medios y fines es la tónica general. No se puede guerrear por el amor desde el odio, no se puede implantar el respeto desde la falta de respeto, uno no puede autoerigirse en policía del cariño desde su panopticon cibernético porque nadie le ha dado la legitimidad para ser juez y dictar quién debe ser alzado a los altares o quién debe ser repudiado y lapidado. No soy relativista, creo que hay cosas que están bien y otras que están mal pero para las beatas y beatos el 99% de las conductas ajenas son irrespetuosas cuando no directamente maltratadoras.

En tiempos tan confusos como estos, tan llenos de adoctrinamiento y falta de libertad de conciencia, tan desconectados de nuestra esencia, lo primero que tenemos que hacer es divulgar la información que afecta a la vida personal de la gente común sin juicios, sin teorías, tendiendo puentes. Hay cosas que son en blanco y negro y otras en escala de grises. Lo que sea en blanco y negro se dice y se debate... pero antes de intentar convencer a alguien, deberíamos ESCUCHAR, investigar, intentar comprender por qué esa otra persona piensa de forma diferente a nosotros, plantearnos qué le ha hecho hacer lo que hace, procesar por uno mismo, dirigirnos a esa persona en privado, argumentar de forma general y con base sólida si se quiere expresar una crítica pública sin personalizar, preguntarnos a nosotras mismas la sana pregunta: "¿Y si la que estoy equivocada soy yo?"...

Si no contamos a los criminales ni a los santos, no hay nadie 100% coherente. Empecemos por cambiar nuestra propia vida antes de dedicar todo nuestro tiempo a criticar la vida íntima de los demás. Por eso, también intento aplicarme el cuento y esto lo escribo desde lo general y con argumentos debatibles y criticables. Desde luego, no todo lo personal es político y la vida es bastante compleja.

jueves, 19 de junio de 2014

4 charlas que no te puedes perder (si hablas inglés)

1. La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy - Mothers and others (las madres y otros):



2. The Origin of Emotionally Modern Humans (El origen de los humanos emocionalmente modernos):


3. S. Boyd Eaton. Long-term Paleo: What happens if you follow the ancestral health protocol for thirty years (Paleo a largo plazo: ¿Qué pasa si sigues el protocolo de salud ancestral por 30 años?):



S. Boyd Eaton, M.D. - Long-Term Paleo: What Happens if You Follow the Ancestral Health Protocol for Thirty Years? from Ancestral Health Society on Vimeo.


4. El antropólogo Melvin Konner. Childrearing in human evolution (La crianza de niños en la evolución humana):

martes, 17 de junio de 2014

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

Hoy voy a hablar de un artículo publicado en American Anthropology en 1981 por Bárbara B. Harrell, en ese momento médico residente del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Washington. A pesar de que algunas explicaciones sobre fenómenos físicos de la lactancia y la menstruación hayan podido evolucionar en estos treinta años este texto me parece muy interesante para reconciliar lo cultural y lo biológico y entender cómo ha afectado la industrialización a nuestras vidas. Todavía mucho de lo que explica Bárbara B. Harrell no es comprendido ni ha llegado al gran público. También me gusta el tono del artículo: respetuoso y riguroso, sin moralinas, porque no busca convencer sino comprender. La autora simplemente presenta la información y nos muestra cómo eran las cosas en el mundo preindustrial y cómo son ahora, las posibles causas de cómo hemos llegado hasta aquí y algunas reflexiones e interrogantes. Con esa información podemos seguir dándole vueltas, aprender, ver qué camino queremos escoger y cómo los diferentes comportamientos culturales provocan determinados efectos en nuestros cuerpos y nuestras relaciones de lactancia con nuestros bebés.

He intentado dejar claro qué parte es del artículo de Harrell y cuáles son mis aportaciones y reflexiones. En cualquier caso el artículo original se puede leer aquí (hay que subir otro documento a cambio pero es un servicio gratuito): http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

¿Cómo son la lactancia y la menstruación desde una perspectiva cultural? La autora comienza afirmando, como el biólogo Roger Short o más recientemente la antropóloga Beverly Strassmann, que en las sociedades preindustriales la lactancia es prolongada e intensiva, como norma, mientras que la menstruación es poco común. Estos dos hechos están relacionados ya que existen factores culturales que reducen o aumentan la frecuencia en la succión de los bebés, entre otros aspectos, y esto a su vez afecta a la duración de la amenorrea de la lactancia (la ausencia de regla).

Harrell constata que la industrialización ha sido asociada a un declive mundial en la lactancia materna. Antes de seguir hago un inciso, porque yo me enteré de que existía la "amenorrea de la lactancia", es decir, la falta de regla durante un tiempo de la lactancia, al vivirlo en primera persona con 31-32 años. Nunca antes había oído hablar de ello, lo que también dice mucho del ínfimo papel que tiene la lactancia materna dentro de los conocimientos comunes que tenemos sobre sexualidad humana.

La autora pasa después a invitar a los antropólogos a repensar la condición de la mujer desde un punto de vista fisiológico y simbólico, ya que al vivir en una sociedad (sobre todo en los años 70 y aún hoy) en la que la lactancia materna casi desapareció del mapa muchos estudios de antropología olvidaron y obviaron la lactancia y la consiguiente amenorrea que la acompaña. Es decir, viene a decir que no se puede estudiar una sociedad tradicional desde el ciclo reproductivo moderno, hay que entender el fenómeno desde un punto de vista evolutivo para evitar sesgos. Como hoy en día se amamanta muy poco y se usan anticonceptivos, lo habitual es que las mujeres menstrúen cada mes, pero esto no siempre fue así.

Barbara Harrell hace un repaso sobre lo que se conocía en su época sobre la amenorrea de la lactancia y la ausencia de fertilidad, antes del famoso consenso de Bellagio, apoyado por la Fundación Rockefeller y la OMS (hay información actualizada sobre el método anticonceptivo MELA aquí). Un autor de los años '60 llamado Christopher Tietze, por ejemplo, estudio la Normandía rural entre 1674-1742 llegando a la conclusión de que el amamantamiento era un anticonceptivo fiable en esa época durante los 10 primeros meses y se dio cuenta de que las mujeres que no amamantaban tenían dos ciclos anovulatorios después antes de volver a quedar embarazadas.

En "Lactancia Prolongada e intervalos entre hijos en Ruanda", un estudio de Bonte y van Balen, se dieron cuenta de que el 5.4% de las mujeres lactantes se quedaban embarazadas sin menstruar y que las mujeres que amamantaban concebían de media 15 meses después que las que no daban el pecho. En otro estudio de estos mismos autores quisieron comparar las lactancias en la Ruanda urbana y la rural. En el campo se porteaba a los niños a la espalda y se les ofrecía el pecho a demanda. Las mujeres urbanas ofrecían el pecho con horarios. En los resultados se observó una gran diferencia entre la duración de las amenorreas (6.9 las urbanas y 18.6 meses las rurales). Las mujeres de campo concebían 21 meses postparto de media. Entre las no lactantes no había diferencia en si vivían en el campo o la ciudad.

Otro estudio de Boston en los años 60 observó que la amenorrea de las mujeres lactantes fue de media 68 días, solamente 10 días más que las no lactantes. Según los datos de otro investigador, Potter (1965),  en Punjabi había una media de amenorrea postparto de 11 meses. Estimaron que las mujeres Punjabi pasaban el 40% de sus vidas reproductivas en estados amenorreicos (embarazos y lactancias). En Alaska, Berman (1972) constató una media de 10 meses de amenorrea de lactancia de media frente a los 52 días en las que no amamantan. En Guatemala (Delgado, 1979) vieron que la media era de 14 meses de amenorrea de la lactancia.

En EEUU Kippley (1969) hizo un estudio entre las lectoras de su libro "Breastfeeding and natural child spacing" y la media fue de 10 meses de amenorrea, con un rango entre 1 y 30 meses. ¡30 meses son 2 años y medio sin menstruación! La mayor media de amenorrea, 14.6 meses, se consiguió en 29 casos: nada de biberones ni chupetes, nada de sólidos ni líquidos los primeros 5 meses, nada de horarios, con tomas nocturnas y tomas tumbadas o reclinadas. Este estudio demuestra que en mujeres canadienses y estadounidenses bien nutridas también es posible que se produzcan amenorreas de la lactancia prolongadas, al menos bajo algunas circunstancias. Es decir, en el mundo industrializado si se siguen pautas culturales de lactancia preindustriales también se alarga la amenorrea.

El ciclo reproductivo preindustrial

La autora pasa a describir en el siguiente apartado de forma idealizada cómo sería el ciclo reproductivo preindustrial, para después matizarlo y aclarar que había también otros modelos que no se ajustaban a él (célibes voluntarias e involuntarias, las separaciones del compañero sexual...Yo añadiría también a las mujeres que tenían hijos amamantados por nodrizas). Es bastante similar a la realidad que describe Roger Short en el post anterior:

"Una mujer joven se casa un año o dos después de la pubertad y se queda embarazada un año después de la boda. Después de 10 meses lunares de amenorrea del embarazo, da a luz a su primer hijo, que comparte su cama hasta que es destetado. El destete no se completa hasta que el niño puede masticar y es pospuesto probablemente hasta que un segundo embarazo parece obvio. El intervalo de retorno de la menstruación es 13 meses, llegando a 16 meses en muchas sociedades (Tietze 1961). Cuando la ovulación y la menstruación vuelven, el ciclo se repite, generando un intervalo fisiológico de 2 años, 2,5 años"

"Se podría concluir que los meses de menstruación ocupan menos de 1/4 de la vida reproductiva de una mujer".

Hay tres factores que modifican o matizan la validez del paradigma reproductivo preindustrial: 1) el 50% de las concepciones no resultan en niños vivos y son percibidos como una menstruación retrasada, 2) mortalidad infantil antes del año tiende a reducir la amenorrea, 3) anticoncepción (abstinencia, coitus interruptus, pesarios vaginales...). 

Otros factores interesantes que interactúan con el ciclo reproductivo (de los que también habla Roger Short en su artículo) son el estrés, la malnutrición y el ejercicio físico:

"El ejercicio vigoroso y sostenido puede promocionar la amenorrea, alterando la masa corporal o por otros mecanismos. Es interesante que tanto el estrés y el ejercicio pueden incrementar la prolactina en humanos de ambos sexos. Los dispositivos que ahorran esfuerzos, incluyendo el automovil, pueden reducir el nivel de ejercicio de una población. El grado de fuerza física y estamina que se requiere para las actividades de subsistencia de las mujeres en la mayor parte de sociedades preindustriales podría sorprender al moderno occidental. La inactividad podría ser un factor del declive de la amenorrea de la lactancia observada en las sociedades modernas".

El periodo de transición y cómo es silenciado en la sociedad industrial

Nunca había oído hablar del concepto antropológico de "transición" en el ámbito de la relación materno-filial, creo que ahora se habla más de "exogestación", es decir, la gestación que se hace fuera del útero materno. Por ejemplo, se suele decir que el bebé está 9 meses dentro de nuestro vientre y otros tantos meses fuera (o más). Esta idea de la transición fue expuesta por Margaret Mead y Niles Newton por primera vez para describir el periodo en el que los niños son completamente dependientes para su sustento, cuando se sustituye el cordón umbilical por el amamantamiento.

Afirma Harrell: "En las sociedades modernas este periodo de transición está silenciado y puede ser abolido por completo; en las sociedades preindustriales no se puede permitir que ocurra".

Y aquí es cuando comienza lo interesante de este artículo, ya que comienza a relacionar la silenciación del periodo de transición con la industrialización y la consiguiente reducción del tiempo de amenorrea de la lactancia debida a una menor frecuencia de succión. ¿Y por qué se da este fenómeno? Harrell enumera unos cuantos correlatos culturales en relación al periodo de transición silenciado a los que yo aporto mi interpretación y añado elementos de reflexión basados en mi propia experiencia. Este listado no entra en juicios sobre las diferentes formas de crianza sino que analiza las posibles causas de que el periodo de transición haya sido silenciado con la llegada de la modernidad:

1. El pecho de la mujer es conceptualizado principalmente como algo enfocado hacia los hombres. Se considera que las mujeres no deberían enseñar sus pezones. ¿No nos suena de algo a la censura contra el pezón femenino en facebook?

2. El pecho femenino se ve secundariamente como un órgano que produce leche.

3. Las tomas se ven como deberes que deberían ser espaciados, y se trata de eliminar la toma nocturna lo antes posible. Cuando hay demanda frecuente se cree que es porque se tiene poca leche. Se sustituyen las necesidades de estimulación oral de los bebés por objetos diseñados ad hoc, como los chupetes. Es decir, en la cultura popular industrializada se desconoce totalmente cómo funciona la lactancia materna. Relacionándolo con el tema de la amenorrea y la anovulación, la frecuencia de las succiones y que no pasen demasiadas horas es fundamenteal para mantenerla. Es sencillamente la forma en la que la Naturaleza o la evolución favoreció que las crías humanas sobrevivieran con un intervalo suficiente entre nacimientos. Pero, claro, en el mundo industrializado todo esto deja de tener sentido, de forma aparente, ya que los niños pueden tomar biberón y las madres pueden usar métodos anticonceptivos. Pero no es oro todo lo que reluce... Ni el biberón es igual a la teta para el bebé,  ni el cuerpo femenino ha mutado para adaptarse a los nuevos tiempos, como lo corrobora el alto índice de casos de cáncer de mama. 

4. El llanto se considera que es algo sano, con ciertos límites. Mi interpretación de lo que dice Harrell aquí es que el llanto del bebé en el mundo industrializado está trivializado, no se entiende que tiene un sentido y se tapa con chupetes, es decir, tetas de látex o silicona fabricadas en serie y en cadenas de montaje. Por no hablar de métodos Ferber o Estivill...

5. Se cree que los adultos necesitan tiempo separados de los niños, tanto con cunas o habitaciones separadas (lo que obliga a que los padres tengan que abandonar la cama para las tomas nocturnas) como en la separación entre el mundo de los adultos y el mundo de los niños. Tiene más importancia el vínculo matrimonial que el materno-filial.

6. Se considera necesario y deseable organizar las actividades en base a un estímulo externo como un reloj o un calendario. Se hacen las cosas porque "es la hora". Por ejemplo, la gente normalmente come porque es la hora de comer, no porque tengan hambre. La cultura reconoce los conceptos de "hora de bañarse" o "hora de la siesta" como distintos de suciedad o somnolencia. Similarmente, la gente inspecciona sus relojes para decidir si un niño está llorando y chupando su dedo está preparado para comer.

Además de los elementos culturales, Harrell añade otro listado de objetos o factores que proliferan cuando aumenta el dinero y que se asocian con un periodo de transición silenciado:

1. Todo tipo de gadjets, juguetes, carritos y andadores que distraen y separan al niño del pecho.

2.  El ocio adulto que fomenta la separación madre-niño, lo que puede influir en los niveles de prolactina. 

3. A casas más grandes, se tiende a dormir en habitaciones separadas y a tener mayor acumulación de juguetes infantiles. 

4. El periodo de transición también se ve reducido con el mayor acceso a diferentes tipos de alimentación suplementaria y la leche de vaca, que reducen la frecuencia del amamantamiento y la prolactina.

5. Algunos tipos de ropa impiden el amamantamiento frecuente.

6. Los relojes, la televisión, la iluminación artificial no respetan los ritmos circadianos y los estímulos intrínsecos como el hambre, la saciedad, la fatiga y el comfort.

7.  Algunas prácticas médicas anticuadas pero no obstante "modernas" como el aislamiento de los niños y el uso y abuso de la analgesia obstétrica pueden tener efectos negativos en la interacción madre-niño. 

8. El sistema económico anima la separación madre-hijo desde una edad temprana para que las mujeres trabajen fuera del ámbito doméstico. Incluso cuando las madres no están separadas de sus niños, el periodo de transición puede ser difícil de mantener. 

Después Harrell toca un tema que me toca de cerca ya que habla del colecho y del mantenimiento del contacto físico nocturno, las tomas nocturnas y sus oleadas de prolactina. ¿Por qué nos molestan tanto las tomas nocturnas a las mujeres occidentales incluso aunque durmamos con el bebé al lado? ¿Quizás porque no somos capaces de dormir y dar de mamar a la vez y por eso no descansamos bien? Para muchas mujeres el colecho no ha evitado los despertares nocturnos ni el sueño interrumpido. Muchas añoramos "dormir del tirón", sin embargo, después de leer un libro de entrevistas a mujeres cazadoras-recolectoras Kung del desierto de Kalahari (Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman), veo que en su cultura los niños maman también con la madre dormida. Entiendo que para intentarlo en nuestra sociedad tendríamos que mantener las precauciones habituales del colecho. Seguiremos investigando...

Cambio socioeconómico y el periodo de transición: el caso taiwanés.

 "Un asunto de particular importancia en el periodo de transición en las sociedades modernas es el del cuidado infantil en el lugar de trabajo. Jimenez y Newton estudiaron 195 sociedades en relación con la reincorporación al trabajo en el postparto; observaron que la mayor parte de las sociedades tradicionales con lactancias prolongadas permiten a las madres quedarse cerca físicamente de sus hijos mientras hacen su carga de trabajo completa". 

En este apartado de su artículo, Barbara Harrell habla de su experiencia en los años 70 en una ciudad minera del Taiwan rural como madre lactante. Se fijó en varias cosas:

1. Las mujeres lactantes podían amamantar en público en cualquier ocasion. Los hombres ni miraban. 
2.  La experiencia empírica en los pueblos probaba que los niños de pecho estaban más sanos y grandes que los de leche artificial, porque la leche de fórmula se diluía demasiado y no se esterilizaban bien los biberones. La gente del pueblo pensaba que no había que suplementar antes de los 9-12 meses y la comida que se ofrecía eran gachas de arroz. Recuerdo que la recomendación actual de la OMS es de empezar a ofrecer alimentación suplementaria a partir de los 6 meses para evitar anemia en el bebé. 
3. No había horarios para el pecho, se amamantaba a demanda. Se utilizaban algunos chupetes.
4. La tolerancia hacia el llanto de los bebés era variada. Ninguno podía pensar que llorar era bueno para los bebés. Se solía ofrecer el pecho para callar al bebé. A medida que el bebé crecía los oídos de los cuidadores se hacían más sordos al llanto. 
5. Todos los bebés compartían la cama con sus padres por la noche; la gente rural no concebía otra posibilidad. La gente no puede imaginar excluir a los niños de bodas, funerales u otro tipo de actividades de ocio. Los niños eran discretos en esos actos, que no eran solemnes ni silenciosos. 
6.   Los horarios eran muy flexibles para los mineros, los de las fábricas y los colegios sí que funcionaban siguiendo el reloj.

Después, enumera una serie de cambios que comenzaban a darse a raíz de la "modernización":

1.       Los cochecitos se estaba empezando a notar en el campo, con la pavimentación. Algunos niños de la comunidad eran confinados al carrito casi todo el día.  
2.       No había ningún pasatiempo para las mujeres que dejaban a los niños en casa. 
3.       En las casas se estaba muy apretado, los padres y los niños compartían cama. La abuela tenía su cama, algunas veces compartida con algún niño en proceso de destete. 
4.       La nutrición taiwanesa era adecuada. La gente del pueblo seguía la costumbre de alimentar a la puérpara con pollo, aceite de sésamo y arroz. 
5.       La ropa estaba cambiando desde los tiempos de las abuelas. La mayor parte de las mujeres estaban utilizando sujetadores y vestidos occidentales. A pesar de la presencia ubicua de las mini faldas que temporada, las mujeres jóvenes seguían prefiriendo la posición en cuclillas durante la mayor parte de las actividades. Como sabemos las mujeres lactantes, del siglo que sea, con un vestido que no sea de lactancia no se puede amamantar porque te tendrías que subir el vestido hasta el pecho. Respecto a las cuclillas es un tema interesante del que Casilda Rodrigáñez habla también en sus libros.
6.       Los relojes y las luces eléctricas estaban presentes pero no eran destacables. Aproximadamente dos tercios de las familias tenían su propia televisión. 
7.       El nacimiento de los niños estaba pasando del pueblo a las clínicas de matronas, aunque algunas mujeres preferían parir en casa atendidas por su suegra. El parto se hacía sin analgesia. La madre y el niño se quedaban en casa un mes después del parto. Se les consideraba contaminados durante ese tiempo. A las mujeres jóvenes les parecía una práctica sofocante. 
8.       Algunas mujeres se estaban dedicando a tejer jerseys para la exportación. 

En base a todo esto la autora hizo una investigación. Quiso probar la hipótesis de que la presencia de la suegra estaba relacionada con el declive de la duración del periodo de transición, porque parecía que las mujeres que vivían con sus suegras ofrecían biberones y destetaban más tempranamente que las mujeres que no vivían con sus suegras. "Era obvio que las mujeres jóvenes que trabajaban en la industria del tricotado tenían suegras que cuidaban de sus hijos, pero como muchas de ellas trabajaban en casa, cerca de sus niños, parecía poco probable que el trabajo en sí interfiriera con el amamantamiento a tal grado". 

Después de hacer entrevistas vio que la duración de la lactancia materna era de 12-13 meses pero que había decrecido desde la estimación de 2 años de otros estudios nacionales realizados en los años 50 y de 17,7 en el Taiwan rural de los años 60. Se dio cuenta que su hipótesis sobre las suegras no era cierta y que no había correlación alguna entre la presencia de la suegra y duración de la lactancia. Sin embargo, sí la había con el trabajo. Entre los bebés de madres trabajadoras, el 56% había suplementado antes de los 5 meses, comparado con el 24% de los bebés de las madres no trabajadoras. La única correlación que existía con las suegras era que las mujeres que trabajaban en casa necesitaban su ayuda para cuidar a los bebés, pero no eran causa de nada sino una consecuencia más asociada al trabajo monetarizado.

Había 3 razones aportadas por las mujeres para el fin de su lactancia: 1) no tener suficiente leche. 2) que el bebé había aprendido a andar, lo que significaba que era edad de destetar, 3) un nuevo embarazo. Barbara Harrell concluyó que el empleo (se entiende que trabajo remunerado) en el hogar podía asociarse con un periodo de transición reducido y que la explicación más probable era el acceso reducido al amamantamiento, una menor frecuencia de succión y, por tanto, de prolactina.

La autora reflexiona de forma muy acertada: "Todas las mujeres entrevistadas querían amamantar. Según los estándares americanos modernos lo hicieron con éxito, según los estándares preindustriales taiwaneses, no. Este declive empezó en un entorno que apoyaba mucho el amamantamiento, pero es predecible que las actitudes cambiarán para ir acordes con el acceso a la vida moderna"

"Arrastradas por la fiebre del desarrollo tecnológico, las mujeres del Taiwan actual, no pueden distanciarse facilmente de las demandas del progreso para evaluar sus efectos en sus vidas. 
 (...) Tendrán que ser quizás los antropólogos los que tendrán que proveer al mundo con un marco cognitivo de apoyo a la lactancia contra el empuje de la modernización, así permitiendo a las mujeres elegir o rechazar el amamantamiento sobre una base distinta del ratio de fracaso". 

Las conclusiones de su estudio no son ninguna tontería: el trabajo remunerado está asociado a una menor succión del pecho, incluso aunque se haga en el hogar y el bebé esté cerca cuidado por la abuela. Podemos decir que no tendría que ser necesariamente así, podemos usar sacaleches, podemos intentar trabajar con un portabebé para que el bebé pueda succionar mientras trabajamos, etcétera, pero que es un efecto constatado de la modernidad, es un hecho. ¿Debería respetar el trabajo asalariado que algunas mujeres no queramos renunciar a la succión frecuente por todos los beneficios que conlleva para bebé y madre, incluida la amenorrea de la lactancia? Yo creo que sí. ¿Se soluciona con guarderías en las empresas o con que nos acerquen al niño para mamar? Quizás. ¿Podría hacerse con trabajos que admitieran a nuestros hijos, como en aquel cuadro de Bilbao de "las cigarreras"? A lo mejor. La lactancia materna y la fisiología femenina tiene sus propias lógicas internas que no entienden de ideologías, sistemas económicos, políticos o laborales. Por ejemplo, la leche materna tiene defensas que pasan de la madre al hijo a través del pecho, pero poca gente sabe que la madre produce defensas en referencia al ambiente en el que se encuentra, no defensas para las posibles bacterias y virus de la guardería con los que no ha tenido contacto. De hecho, muchas guarderías no permiten entrar a las madres a las aulas. Todavía nos queda un largo camino de reflexión, pero para que cada cual escoja su camino en el siglo XXI se necesita observar el paisaje a vista de pájaro y reconocer las limitaciones materiales, para luchar contra ellas o adaptarse a las mismas.

Conclusiones

La autora finaliza su artículo con unas conclusiones muy profundas. Constata que en antropología se ha escrito mucho sobre todo tipo de símbolos y ritos menstruales, pero no hay casi nada sobre lactancia. ¿Y cuál es la posible causa? Según ella porque en las sociedades occidentales modernas los ciclos menstruales se repiten a sí mismos "ad infinitum" mientras que la lactancia es algo inusual. Sería una especie de sesgo en la visión de la antropología actual, que no es capaz de abstraerse de la realidad actual del todo.

Mientras Margaret Mead y Newton consideran la lactancia como un periodo de transición para el bebé, la autora se interesa por el fenómeno desde el punto de vista de la mujer en sí misma. La lactancia prolongada se asocia con una ausencia de menstruación prolongada y esto se ve influido por factores culturales que influyen en la frecuencia de amamantamiento. La amenorrea es la norma para las mujeres preindustriales. La menstruación en ese mundo es un estado "liminal" entre dos hijos (un concepto antropológico que se podría traducir por "transitorio") y poco común. Si no está entre niños está en la pubertad o en la menopausia, cuando se suelen tener ciclos anovulatorios. Ese estado de estar como entre "dos tierras" es, según Harrell, lo que podría relacionarse con las ideas de magia, contaminación o aislamiento que han sido estudiados por la antropología.

 ¿Y qué del ciclo menstrual recurrente actual?

"En la sociedad occidental moderna, funcionamos continuamente en este estado sexual aumentado, este surgimiento cíclico de potentes hormonas femeninas. Pensamos que es nuestro derecho natural de nacimiento, y como mujeres nos ponemos a la defensiva ante la sugestión de que la "naturaleza" pueda afectar nuestro temperamento o juicio. Tendemos a favorecer la aceptación pública de la menstruación como una función normal y natural, aunque lo hacemos con un cierto grado de ambivalencia. Por ejemplo, en "The Curse", un exhaustivo esfuerzo para desmitificar la menstruación, en última instancia se recomienda ratificar"el más elemental y obvio aspecto de la condición de mujer" a nuestras hijas como "la bendición de Eva", promoviendo al mismo tiempo y con entusiasmo la extracción menstrual, el "periodo de 60 segundos" (Delaney, Lupton y Toch). (...)"

 La menstruación de 60 segundos de la que habla el libro de "The Curse" es una aspiración del líquido menstrual similar a un aborto temprano y que un grupo feminista difundió en los años setenta.

Pero aquí viene el párrafo más impactante y enigmático de todo el artículo de Barbara B. Harrell con el que me despido: 

"El ciclo reproductivo preindustrial con su periodo de transición intensivo sugiere otra visión, que el ciclo menstrual continuo no es un atributo natural de las hembras humanas. Quizas "la maldición" ("the curse" en inglés quiere decir maldición y es un nombre coloquial de "la regla") puede ser explicada como un artefacto de la Edad de la Tecnología, algo impuesto a las mujeres por una sociedad de la abundancia que no necesita más niños".

Recuerdo el acceso al artículo completo en inglés:  http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

ACTUALIZACIÓN: 
"Como se aclara en el libro "On fertile ground: a natural history of human reproduction" actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish)". Más en: "La evolución de la reproducción humana" de Roger Short (1976)" http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

viernes, 30 de mayo de 2014

"La evolución de la reproducción humana" de Roger Short (1976)

El biólogo Roger Short, autor del artículo "La evolución de la reproducción humana"
 "Los mamíferos exhiben una variedad de variables reproductivas dependientes de la densidad que les permiten llegar a un equilibrio con su ambiente. Estos incluyen la edad de la pubertad, la extensión de la muerte embriónica y fetal, el ratio de muerte neonatal, y la duración del periodo sin estro o la amenorrea de la lactancia. Todos estos son mechanismos orientados hacia la mujer; la mayor parte de los mamíferos son poligínicos, y como la mujer es la que tiene la mayor inversión de energía en la reproducción ella es el recurso limitante.

Desafortunadamente, el ser humano como especie ha elegido eliminar estas restricciones, así que ahora estamos sin ningunos controles y equilibrios naturales en nuestro ratio de crecimiento poblacional. Seremos enteramente dependientes de formas artificiales de anticonceptivos para siempre. Como la selección natural siempre ha operado en el pasado para maximizar el potencial reproductivo, las mujeres están fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva en un estado de no embarazo. Los anticonceptivos del mañana deberían ser escogidos con gran cuidado, ya que tendrán un gran impacto en nuestra salud general y en el bienestar de la sociedad.
(...)
La transmisión del aprendizaje de generación en generación necesitó de un periodo prolongado de contacto entre los padres y la descendencia, y esto fue acentuado por nuestra inmadurez en el nacimiento. Uno de las sanciones por haber desarrollado un cerebro tan grande fue que mucho de su crecimiento tuvo que ocurrir después del nacimiento ya que una cabeza grande nunca podría ser parida a través de los estrechos confines de la pelvis humana. Un niño dependiente, incapaz de alimentarse por sí mismo, impuso severas restricciones a la libertad de circulación de su madre, que a su vez se volvió dependiente del padre para proveer las necesidades de la vida*. Fue este periodo prolongado de dependencia juvenil lo que hizo adecuado el espaciamiento entre los nacimientos sucesivos de tal primordial importancia en las comunidades primitivas (Polgar 1972); la amenorrea de la lactancia fue uno de los mecanismos por los que la Naturaleza aseguró que hubiera un largo intervalo entre nacimientos. 

En los primitivos cazadores-recolectores, donde la crianza de un niño depende de la cooperación entre los padres, era claramente importante reforzar los vínculos que mantenían a los padres juntos. Una manera de hacer esto era desarrollar una estricta división del trabajo entre el hombre y la mujer, para que cada uno fuera dependiente del otro. También parece probable que explotamos el comportamiento sexual para mantener y reforzar este vínculo de pareja parental. Somos los únicos mamíferos en los que la mujer ha abandonado el fenómeno conductual periódico del estro, cuando ella está atraída instintivamente y receptiva al macho, y lo hemos cambiado por una situación en la que ella es potencialmente atractiva y receptiva en cualquier momento desde la adolescencia a la ancianidad. También somos el único primate en el que la hembra recibe gratificación del acto sexual en la forma de orgasmo". La evolución de la reproducción humana, Roger Short (1976).

Roger Short, biólogo y profesor de la Universidad de Melbourne, es una de las eminencias en el campo de la reproducción humana. De hecho, es uno de los expertos mundiales en el método anticonceptivo de la amenorrea de la lactancia materna (MELA) que se reúnen periódicamente en Bellagio, Italia, junto a instituciones como la OMS y la Fundación Rockefeller, para consensuar la efectividad del método y su funcionamiento (más información sobre el MELA aquí). A pesar de ser un científico vinculado a las elites de poder, eso no debería ser razón o motivo de prejuicio para rechazar a priori sus planteamientos o investigaciones, ya que si lo que se presenta es cierto, lo tendremos que aceptar nos guste o no, se adapte mejor o peor a nuestra ideología. Os invito a realizar una lectura crítica y reflexiva.

Como se aclara en el libro "On fertile ground: a natural history of human reproduction" actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish).

En el momento del artículo que voy a analizar Roger Short trabajaba en la Unidad de Biología Reproductiva de la Universidad de Edimburgo. A pesar de que es un artículo de los años setenta y que seguramente ahora existan otras visiones y de que no comparto su obsesión por la píldora anticonceptiva como solución a los males de la humanidad, creo que el análisis de la cuestión que plantea es correcto y se podría resumir en que, desde un punto de vista evolutivo, el cuerpo femenino no está bien adaptado a la realidad de ovular y menstruar constantemente.

Parece ser que el primer autor que constató que la edad de la menarquía en las niñas había bajado de forma espectacular en EEUU y Europa desde mediados del siglo XIX fue Tanner, pero se dio cuenta de que esa tendencia se había parado en unos 12-13 años. Esa edad era mucho más baja que la de los países menos industrializados y lo asoció a una peor nutrición y un nivel más bajo de proteinas, ya que también dentro de una misma cultura, las personas "mejor" alimentadas se les adelantaba la primera regla. Cuando leí esto inmediatamente pensé: ¿Y no será que nosotros somos los que estamos sobrealimentados y "malnutridos" por excesiva nutrición desde un punto evolutivo? Es decir, ¿no serán las comunidades no industrializadas el "estándard" y no nosotros? La verdad es que esto lo pensé a raíz de darme cuenta de lo que ocurre con los niños de biberón y los niños de pecho. No tienen los mismos percentiles y, de hecho, la OMS tuvo que sacar unas nuevas tablas de peso por edad dirigidas a los niños de teta porque si se aplicaban las "normales" (biberón) nuestros hijos estaban demasiado delgados, cuando en realidad la leche materna ha sido el alimento habitual de la especie humana desde el principio de los tiempos. Para otras interpretaciones podéis consultar la web del Museo de la Menstruación. Es significativo señalar que, a pesar de la estrogenización ambiental artificial del ambiente que conocemos hoy en día, el adelanto de la menarquía es algo que se observa con datos que van desde 1860, es decir, mucho antes de que popularizara el uso del plástico o se inventara la píldora anticonceptiva.

Posteriormente llegaron otros autores y otras teorías como la de Frisch y Revelle que describieron una masa corporal crítica de 47.8 kilos para que ocurra la menarquía, como si hiciera falta un mínimo de grasa corporal almacenada para comenzar a menstruar. Hoy en día entiendo que habrá teorías más actualizadas pero recuerdo que el artículo de Short es de 1976.

Sobre la menarquía Roger Short dice algo que me dejó reflexionando:

En los países en desarrollo, con una edad tardía de pubertad, la adquisición de la fertilidad y la madurez intelectual son casi eventos coincidentes que se complementan el uno al otro. En los países desarrollados, por otro lado, parece que nosotros ahora adquirimos nuestra sexualidad bastante antes que la madurez intelectual que nos permite hacerla frente. Los embarazos adolescentes son algo nuevo en nuestra experiencia evolutiva, ya que eran una imposibilidad biológica.

¿Y por qué eran una "imposibilidad biológica"? Sencillamente porque los primeros años después de la menarquía suelen ser anovulatorios. Por ejemplo, se comprobó cómo las mujeres !Kung cazadoras-recolectoras se casaban y tenían su primera regla más o menos a la vez, con 15 años y medio. Sin embargo, su primer hijo lo tenían a los 19 años y medio (Kolata 1974). Y esto quiere decir que en EEUU y en Europa las niñas que tienen su menarquía a los 12 años podrían ser fértiles con 14 o 15 años. Y eso es una rareza histórica, como tantas otras...

Hay una parte del artículo de Short que me ha dejado sorprendida. Yo creía que en las sociedad de cazadores-recolectores había una alto número de hijos y de muertes (al no existir medicamentos y hospitales, por ejemplo). Pues resulta que no, los ratios de nacimientos y muertes eran más bien bajos hasta la llegada de la revolución agrícola hace 10.000 años. Recordemos que el Homo Sapiens moderno apareció hace unos 200.000 años.

¿Y por qué aumentaron los nacimientos con la revolución agrícola? Porque disminuyó el intervalo entre nacimientos. ¿Y por qué? Porque se modificaron los hábitos de lactancia tradicionales en el mundo de las cazadoras-recolectoras. Por ejemplo, las mujeres !Kung solían tener un intervalo medio de 4 años entre hijos y amamantaban durante 3-4 años. Las madres, dice Short, eran delgadas pero bien alimentadas y no había alimentos blandos para la alimentación complementaria de los bebés. Cuando las Kung se volvían sedentarias destetaban antes y se complementaba con harina de cereal y leche de vaca y, por tanto, el intervalo entre hijos se acortaba. ¿Y cuándo amamantaban durante 4 años no suplementaban con nada? Es obvio que sí. ¿Y cómo estaban de hierro los niños? Porque ahora la OMS dice que a partir de los 6 meses hay que suplementar por riesgo de anemia. Cuando entreviste a una mujer !Kung os cuento en otro artículo... (Por ahora me tengo que conformar con este maravilloso libro de Marjorie Shostak).

Con la revolución agrícola y la sedentarización aumentó la mortalidad y la fertilidad a la par, es decir, tenían más hijos pero se moría más gente. Al leer esto pensé, ¿no deberían haberse reducido las muertes al tener comida y un ambiente aparentemente más seguro? Pues no. Según Short, la higiene probablemente se deterioró y las enfermedades aumentaro. Y yo especulo desde mi humilde visión de madre lactante... ¿No tendrá que ver también en el aumento de la mortalidad el hecho de que se diera menos tiempo de mamar? Es decir, ¿no podría tratarse de un círculo vicioso? Si hace 10.000 años destetabas antes el niño corría más peligro de morir por no obtener los nutrientes necesarios ni las defensas que proporciona la leche humana. Ahí quedan mis preguntas sin respuesta.

Después Short señala varios estudios en los que se ha observado cómo el proceso de urbanización en la época actual, y los cambios que lleva aparejado en cuanto a hábitos sociales y nutricionales, impactan en la fertilidad humana, sobre todo en cuanto a la lactancia materna y afirma: 

"En todo el mundo en su conjunto, más nacimientos son prevenidos con la lactancia que con las otras formas de anticoncepción juntas. No es extraño que los cambios sociales que reducen la eficiencia anticonceptiva de la lactancia hayan tenido tal asombroso impacto demográfico". 

Y un poco más tarde dice: 

"Se suele decir que no podemos esperar que la gente de los países en desarrollo quieran controlar su fertilidad hasta que los ratios de mortalidad infantil sean reducidos a un nivel aceptable. Si pudiéramos desarrollar anticonceptivos que promocionaran la lactancia materna, ellos aumentarían el intervalo entre nacimientos así como reducirían la mortalidad al mismo tiempo". 

En este momento el artículo compara la vida reproductiva de una mujer de una comunidad cazadora-recolectora y la de una mujer de hoy en día:

"En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (...) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (...)

Contrastemos esto con la vida reproductiva de una mujer de hoy en día: la menarquía ocurre a los 13 años, y la menopausia a los 50. Dos embarazos con poco o ningún amamantamiento como mucho solo permitirían a la mujer como mucho 2 años de respiro de los ciclos menstruales regulares, que ocuparían los 35 años que quedan de vida reproductiva. 

No puede haber ninguna duda de que este aumento de nueve veces en el tiempo dedicado a tener ciclos menstruales plantea una serie de nuevos problemas para nosotros; es algo de lo que no hemos tenido ninguna experiencia evolutiva previa, y por lo tanto no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a la situación".

Hay una cosa que me chirría: no he encontrado constancia de ninguna amenorrea de la lactancia más allá de dos años en la actualidad, aunque tampoco es raro dada la pérdida de la cultura de la lactancia en la sociedad actual. Quizás existan pero no es algo de lo que se hable demasiado. (ACTUALIZACIÓN: en el artículo de Barbara B. Harrell del que hablo aquí hay constancia de un estudio en el que una de las mujeres tuvo una amenorrea de la lactancia de 30 meses, pero es algo muy raro).

Anticoncepción

Dice Short, y es cierto, que el único anticonceptivo que no actúa después de la ovulación es la píldora. Sin embargo, se eligió, en lugar de imitar la amenorrea, que imitara el ritmo menstrual mensual, creyendo que sería más "normal" y más aceptable.

¿Puede ser dañina una sucesión de ciclos menstruales interminable? A esta pregunta responde Short:

"En las sociedades primitivas, la pubertad fue pronto seguida de un embarazo primero, que a su vez transformaba el pecho en un órgano secretor. Hoy, el descenso de la edad de la pubertad, junto con los aplazamientos inducidos culturalmente del primer embarazo, quiere decir que el pecho puede que tenga que esperar a más de una década entre la finalización de la pubertad y el comienzo de la actividad secretora, tiempo durante el cual responde a los ciclos mensuales de secreción de esteroides del ovario con un 20% de aumento de volumen durante la fase lutea, y un colapso repentino de la menstruación".

Ya en la época de este artículo, 1976, había estudios que relacionaban la incidencia de cáncer de pecho con la edad del primer hijo o, más bien, con el tiempo entre la primera regla y el primer nacimiento. Y aporta un dato: "una mujer que tiene a su primer hijo antes de los 18 años tiene un tercio de riesgo de tener cáncer de mama comparado con una mujer que tuvo a su primer hijo después de los 35 años". Para más información actualizada sobre este tema recomiendo la lectura de estos otros post: "Los riesgos de no ser una madre joven" y "¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso?"

Dice Short que el cáncer de mama es el cáncer más comun en las mujeres, con 11.000 muertes anuales en Inglaterra y Gales en esa época. Como dato comparativo, esa cifra se ha mantenido ya que en 2011 murieron 11.684 mujeres y 78 hombres por esa causa en Reino Unido. También menciona el hecho de que en las mujeres nulíparas también se ven incrementados los carcinomas de ovario, endometrio, fibromas e endometriosis.

Y después de un artículo fascinante e interesante llega una parte en la que abandona la explicación científica para proponer la creación de un anticonceptivo que permita a la mujer volver a estar en amenorrea, el estado normal entre las mujeres primitivas. Así también se reduciría la incidencia del cáncer y problemas derivados de tener tan poquitos hijos.

Como vemos, Short da por hecho que las mujeres van a seguir sin tener muchos hijos cuando son jóvenes ni van a amamantar por eso la Ciencia y la Medicina tienen que acudir a salvarnos de los problemas de la nuliparidad con una nueva medicina que nos cure de las consecuencias de los hábitos reproductivos postindustriales.

Conclusiones sobre biopolítica

Como las formas naturales de autoregulación de la población ya no existen, para bien o para mal (un punto positivo claro en mi opinión es la reducción de la mortalidad infantil, por ejemplo) Short afirma que dependeremos de las formas artificiales de anticoncepción para regular la población mundial, y que incluso serán claves en la supervivencia de nuestra especie. Pero, además, no vale cualquier tipo de anticoncepción, ya que no todos pueden mantener el aparato reproductivo en estado de inactividad cuando no queremos quedar embarazada. Aquí entiendo que el autor se refiere, por ejemplo, a que una mujer puede seguir métodos "naturales" (ya lo de natural queda hasta raro en este contexto) y reconocer sus días fértiles y evitar las relaciones sexuales coitales o utilizar métodos de barrera durante esos días. Sin embargo, esta mujer seguiría ovulando y menstruando, lo que elevaría el riesgo de otros problemas de salud. Yo, desde luego, no era consciente de todo esto hasta hace muy poco. 

"Las mujeres pueden estar fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva con una interminable sucesión de ciclos menstruales". 

Roger Short termina su artículo reflexionando sobre biopolítica ya que, como la reproducción ya no es algo "natural" sino algo sujeto a la voluntad, se volverá mucho más impredecible, lo que podría conllevar "problemas de planificación a largo plazo" (se entiende que para los políticos) y pronostica que habrá más intentos de relacionar lo que es deseable para las naciones con las prácticas reproductivas, es decir, en mi opinión está diciendo que el Estado se va a entrometer cada vez más en la vida personal de los sujetos de a pie.

Reflexiones finales

El análisis de la cuestión parece bastante coherente, a pesar de mis escasos conocimientos sobre biología, antropología evolutiva o medicina, no ya tanto las conclusiones a las que llega, que sí que me parecen criticables.

1) La primera puntualización que se le puede hacer a Short es que antes de hablar de planificaciones nacionales deberíamos hablar de decisiones libres e informadas, es decir, que la gente tenga toda la información para después decidir lo que quiere hacer con su vida. No todo está en nuestra mano ni todas tenemos por qué querer tener hijos o tenerlos jóvenes pero a lo mejor algunas, si lo hubiésemos sabido, los hubiésemos tenido mucho antes, habríamos lactado de otra forma o habríamos hecho más deporte en la niñez para retrasar un poquito la menarquía, etcétera...

2) Una vez que se tiene toda la información y apoyo se puede optar por tomar la píldora, no tomarla, tener hijos, no tenerlos, amamantarlos, no amamantarlos, utilizar métodos anticonceptivos "naturales" o no utilizarlos. Se puede optar, si las circunstancias externas biopolíticas te lo permiten, claro...

3) Short parte del hecho de que en la sociedad postindustrial no podemos llevar la vida ni de las cazadoras-recolectoras ni de las sociedades no industrializadas y que, por esa razón, dependemos de las píldoras de la industria farmacéutica para mantenernos en un falso embarazo perpetuo. Pero quedan las preguntas abiertas: ¿No podemos intentar a nivel individual tener menarquías tardías, embarazos tempranos, lactancias largas e intensas? ¿Está en nuestra mano? ¿Es nuestra decisión? ¿Es la de otros? Si la lactancia tiene un papel fundamental históricamente en el crecimiento equilibrado de la población, ¿no tendría que ser la sociedad y el mundo laboral industrializado el que se adaptara a la lactancia humana y no al revés? ¿Por qué tenemos que ser las madres lactantes las que nos tenemos que adaptar a los horarios y circunstancias industriales, es decir, las que tenemos que extraernos leche, congelarla, separarnos de nuestros hijos durante largas horas, etcétera?

Por otro lado, el tema de la anticoncepción en el mundo preindustrial daría para otro artículo, que me reservo para cuando termine el libro de John M. Riddle "Las hierbas de Eva. Historia de la anticoncepción y el aborto en Occidente".

4) En el texto de la introducción que he traducido dice que un niño dependiente impuso severas restricciones a la libertad de circulación de la madre. ¿Acaso las madres de las sociedades cazadoras-recolectoras no usaban portabebés para poder moverse sin separarse de sus hijos pequeños? Esto que plantea Short no es verdad, al menos como se describe en el libro de Marjorie Shostak "Nisa", un libro de entrevistas a mujeres !Kung. En él se explica como las madres recolectan acompañadas de los bebés y niños y los padres cazan, también a veces acompañados de niños y niñas algo mayores. Las mujeres y los hombres son interdependientes a nivel nutricional y los niños no impiden ninguna actividad, quizás la caza por el nivel de sigilo que se necesita para no asustar a los animales. Es puro sentido práctico, no ideológico.

5) Ya no estamos en 1976 y ahora sabemos que la píldora no sólo no proteje del cáncer de mama sino que puede aumentar, aunque sea de forma leve, el ratio de padecerla. Además, el uso de la píldora ha traído consigo problemas ambientales, ya que la orina de las mujeres que la utilizan pasa al ecosistema estrogenizándolo,  como se ha estudiado en este artículo publicado en PNAS. Para solucionar un problema, creamos otros mil. ¿Es ese el lema de la historia del progreso humano?

6) La última crítica que le hago a Short quizás es la más importante. No son los Estados los que deben decidir si la gente se reproduce o no, si tiene 0, 1 o 6 hijos, como tampoco debería entrometerse en ningún aspecto de nuestra vida íntima. Si existe un problema demográfico en alguna zona del planeta este debería ser analizado por los propios afectados y las soluciones nunca deberían ser impuestas desde las elites de poder.

Para profundizar:

- Traducción del artículo de la antropóloga Beverly Strassman, mucho más reciente que este de Short: "La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens".
- Reseña de "La Lactancia y la Menstruación desde una Perspectiva Cultural" de Barbara B. Harrell, de 1981.