Hoy me limito a presentar una traducción de un artículo de la
antropóloga Beverly Strassmann. Lo he intentado traducir de la mejor
forma posible pero si alguien detecta algún error puede
comunicármelo en los comentarios. Las negritas en algunas
partes son mías, no están en el original, pero creo que pueden resaltar
lo que a mí me ha parecido más llamativo. Hay que tener en cuenta que es
un texto antropológico, no divulgativo, por eso tiene partes muy
estadísticas. Agradezco a Beverly Strassmann haberme permitido traducir y
divulgar su artículo, que se puede consultar en su version íntegra en
inglés y con todos sus gráficos en el siguiente enlace:
http://www.academicroom.com/article/biology-menstruation-homo-sapiens-total-lifetime-menses-fecundity-and-nonsynchrony-natural-fertility-population
Este texto me ha hecho reflexionar sobre cómo en la sociedad actual
pensamos que menstruar toda la vida de forma ininterrumpida es normal,
incluso positivo o sano. La realidad es que es un patrón relativamente
nuevo en la especie humana e incluso tiene algunos riesgos para nuestra
salud. ¿Nos encontramos quizás ante un pequeño gran desfase entre
nuestra biología y los hábitos reproductivos modernos? ¿Cuáles serán las
consecuencias a nivel evolutivo? No lo sabemos. En cualquier caso,
mejor tratar de comprender el fenómeno, dudar, tirar del hilo y seguir
investigando para poder tomar decisiones informadas en el siglo XXI.
¡Allá va el texto!
La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens: El total
de menstruaciones en toda una vida, fecundidad y asincronismo en una
población de fertilidad natural.
Autora: Beverly Strassmann. Departamento de Antropología, 1020 LSA
Building, University of Michigan, Ann Arbor, Mich. 48109-1382, USA
(BIS@umich.edu).18 VII 96
Los estudios de biología reproductiva femenina en humanos se limitan
casi todos a mujeres que pasan la mayor parte de sus años reproductivos
con ciclos menstruales. Teniendo en cuenta que la biología reproductiva
humana evolucionó cuando el embarazo y la lactancia eran los estados
reproductivos usuales (Short 1976) es importante tener en cuenta los
patrones reproductivos en las poblaciones de fertilidad natural. En
estas poblaciones, las parejas no intentan controlar su fertilidad de
una manera dependiente de la paridad (Henry 1961). Johnson et al (1987)
condujeron una investigación longitudinal de la menstruación en una
sociedad no-contraceptiva, los Gainj de Papua Nueva Guinea, pero su
muestra incluía solamente 40 ciclos menstruales de 36 mujeres. Bentley,
Harrigan y Ellison (1990) monitorizaron 178 ciclos menstruales entre los
Lese de Zaire, pero como había una enfermedad venérea endémica, muchas
mujeres Lese eran estériles y por lo tanto mostraban el patrón
occidental de menstruación repetida sin quedarse embarazadas. Aquí
presento los primeros datos prospectivos y a largo plazo sobre la
menstruación en una población de fertilidad natural, los Dogon de Mali.
La muestra incluye 477 ciclos menstruales no truncados en 58 mujeres. Me
centro en tres preguntas específicas: (1) ¿Desde la menarquía a la
menopausia, cuántas reglas experimentan las mujeres Dogon durante su
vida? (2) ¿Cuál es el patrón que siguen las menstruaciones durante toda
la vida? y (3) ¿Sincronizan las mujeres Dogon sus menstruaciones?
Los Dogon son cultivadores de mijo del Sahel y tienen un ratio total
de fertilidad de 8.6 * 0.3 nacimientos vivos por mujer (Strassmann
1992). Proveen una rara oportunidad de monitorizar el estatus
reproductivo femenino en una sociedad preindustrial porque existen
estrictos tabúes que requieren que las mujeres menstruantes sean
segregadas por la noche en cabañas especiales. La función de estos
tabúes y de la menstruación en sí ha sido considerada en otros lugares
(Strassmann 1992). A través de un censo nocturno (N = 736 días) de las
mujeres presentes en las dos tiendas menstruales del pueblo estudiado
(Julio 1986 – Julio 1988), ha sido posible detectar el inicio de la
menstruación sin entrevistas y así evitar errores en el recuerdo o a la
hora de informar. Una comparación del calendario de las visitas de las
mujeres a las cabañas menstruales con perfiles hormonales de las mujeres
(pregnanediol urinario-3, glucurónido y estrona-3-glucurónido)
indicaron que las mujeres (N=70) fueron a las cabañas de menstruación
durante el 86% de sus reglas y que se quedaron fuera de las cabañas
cuando no estaban menstruando (Strassmann 1996b). Monitoreo prospectivo
de 25 embarazos indicó que todos los 25 nacimientos ocurrieron
aproximadamente nueve meses después de la última visita de la madre a
las cabañas de menstruación (Strassmann 1992). Estos resultados
confirman que que si una mujer Dogon visita una cabaña de menstruación
está de hecho menstruando.
El ciclo menstrual prolongado de las mujeres occidentales se
ha invocado como un factor de riesgo de cáncer del aparato reproductor
(Short 1976, Eaton et al. 1994), una de las principales causas de
mortalidad. ¿Pero cuántas menstruaciones solían experimentar
las mujeres antes de la llegada de la anticoncepción? Debido a la
dificultad de recopilar la información precisa sobre la menstruación en
entrevistas, hay pocos datos disponibles para responder a esta cuestión.
Eaton et al. (1994) calculó que en los cazadores-recolectores las
mujeres que pasaban de la menopausia experimentaban aproximadamente160
ovulaciones en su vida, pero esta estimación no se basa en datos
empíricos de la menstruación o de la ovulación entre los
cazadores-recolectores.
NÚMERO TOTAL DE MENSTRUACIONES A LO LARGO DE LA VIDA.
Tomé registros objetivos de la asistencia a la choza menstrual,
como lo corroboran los datos hormonales, para determinar el número de
menstruaciones experimentado por las mujeres Dogon a lo largo de la
vida, asumiendo su supervivencia a la menopausia.
En mi muestra, la mediana de edad de la menarquía era 16 y la mediana de edad de la menopausia era 50. El
número medio de visitas a la choza en una vida era de 110 y la mediana
era 94. Estos valores fueron calculados como la suma del número medio (o
de la mediana) de visitas a la choza de cada edad (las mujeres
individuales que no visitaron las chozas a una edad particular porque
estaban embarazadas o en amenorrea contribuyeron un valor de cero a la
computación). Para corregir las menstruaciones detectadas hormonalmente
que no fueron señaladas en una visita a las chozas menstruales, dividí
el número total de menstruacionesa cada edad por 0.86. Después de esta
corrección, el número medio estimado de menstruaciones en la vida era
128 y la mediana era 109.
Una médico estadounidense que registró todas sus menstruaciones a lo
largo de su vida y que tuvo 3 nacimientos tuvo un total de 355 ciclos
menstruales. (Treloar et al. 1967). Su experiencia menstrual abarca 32
años en lugar de los más típicos 38 años de las mujeres estadounidenses,
por lo que ella pudo haber tenido un menor número de menstruaciones que
la media de la mujer estadounidense. De todos modos, Treloar et al.
informan que hasta su primer embarazo la longitud de su ciclo era al
menos dos días más corto que la media, lo que cancela parcialmente el
efecto de una experiencia menstrual corta. Eaton et al (1994) estiman
que las mujeres estadounidenses tienen un total de cerca de 450
ovulaciones. Su estimación asume que desde la menarquía a la menopausia
el 96% de los ciclos menstruales son ovulatorios. En los años de la
postmenarquía y de la perimenopausialas mujeres tienen muchos ciclos
largos anovulatorios (Baird, 1985), así que las estimaciones de Eaton et
al de 450 ovulaciones en una vida son probablemente demasiado altas.
Con
fines comparativos, yo asumo que 400 menstruaciones a lo largo de la
vida no son inusuales en las mujeres estadounidenses. La mediana de 109
menstruaciones a lo largo de la vida entre las mujeres Dogon es un
cuarto de este valor. Dado que los Dogon son sedentarios y agricultores,
la alta frecuencia de menstruaciones encontrada en tantas poblaciones
contemporáneas humanas probablemente se originó no con la agricultura
sino con el control de los nacimientos.
PATRÓN DE LAS MENSTRUACIONES.
Los datos también revelan características del patrón de la
menstruación sobre las historias de vida de las mujeres. La frecuencia
de la menstruación entre las mujeres Dogon tiene una relación con forma
de “U” con la edad entre la menarquía y la menopausia (fig. 2). Para
mostrar esta relación más claramente, el gráfico excluye a las mujeres
que estaban constantemente embarazadas o en amenorrea, y se presentan
los dos años enteros de datos. Las mujeres por debajo de 20 años
tuvieron una media de 10.8 y 3.3 menstruaciones en dos años, las mujeres
entre 20-34 años tuvieron 3.8-0.6 menstruaciones, y las mujeres de 35
años y más tuvieron 12.9 2.2 menstruaciones. Este resultado es
consistente con los informes de que la fecundidad tiene una relación
inversa en forma de “U” con la edad (Bendel and Hua 1978, Jain 1969,
Wood and Weinstein 1988).
Una variable de confusión potencial es
la frecuencia coital, pero las numerosas menstruaciones entre las
mujeres menores de 20 años son probablemente debidas a la subfecundidad
adolescente porque las mujeres de estas edades ya tenían compañeros
sexuales regulares. De hecho, es normativo entre las mujeres Dogon
empezar con las relaciones sexuales antes de la menarquía. La
frecuencia menstrual baja entre las mujeres de 20-34 años refleja un
ratio muy alto de embarazos (fig. 3) y de supresión lactacional de la
ovulación (tabla 1). En el estudio de dos años, tener ciclos menstruales
era el estado reproductivo más largo para las mujeres más jóvenes
(menos de 20 años) y las mayores (más de 34 años),
mientras la amenorrea de la lactancia era el estado más largo para la primera edad reproductiva de las mujeres (20-34 años).
Después de los 34 años, la frecuencia de la menstruación caía
dramáticamente y el ratio de embarazos se desplomaba. Este cambio puede
ser atribuído a la fecundidad reducida, menor frecuencia coital en los
matrimonios de larga duración, y la mayor mortalidad intrauterina al
final de los años reproductivos (Strassmann 1990, Wood 1989).
El perfil reproductivo de la mujer (N = 122) en el pueblo estudiado
es mostrado en la figura 4. En los 736 días del estudio la proporción
media ( + estandar de desviación) de las mujeres que tenían ciclos
menstruales en un día determinado era 0.25 + 0.01; 0.16 k 0.04 por día
estaban embarazadas, 0.29 + 0.04 estaban en amenorrea de la lactancia, y
0.31 + 0.006 eran postmenopaúsicas. (Estar dentro del ciclo menstrual
fue definido como el intervalo desde el primer día de la primera
menstruación postparto hasta el primer día de la última menstruación
antes de un embarazo reconocido; el embarazo fue definido como el
intervalo desde el segundo día de la última menstruación hasta el día
del nacimiento o el aborto; la amenorrea de la lactancia fue definida
como el intervalo desde el día después del nacimiento o aborto hasta el
día después de la primera menstruación postparto). En cualquier día
determinado, la subfecundidad de la mujer fue sobrerepresentada sobre
las mujeres con ciclos menstruales. Las mujeres más fecundas concebían
en una de sus primeras ovulaciones postparto y en seguida “caían fuera
de la piscina” de las mujeres que regularmente menstruaban. Por ejemplo,
entre las mujeres con edades comprendidas entre lo 20-34 años,
solamente dos eran estériles, y tenían 23 y 29 menstruaciones cada una
de ellas durante los dos años del estudio. La otra mujer en su cohorte
de edad tuvo una media de solo 3.8 + 0.6 menstruaciones. Así que las
menstruaciones regulares eran un signo de esterilidad, no de fecundidad.
Cuando la duración del ciclo menstrual era calculada por la
asistencia a las chozas menstruales, la mediana de la duración de los
ciclos menstruales medios de las mujeres era de 30 días (el límite más
bajo y el más alto de confianza al 95% fueron 30.0 y 32 días,
respectivamente; N = 58 mujeres, 477 ciclos; el rango de edad fue 15 a
53 años, la media de edad * la desviación estandard fue 30.9 + 9.7
años). Cuando los ciclos más largos de 46 días (N = 73) o más cortos de
17 días (N = 4) fueron excluidos por ser valores atípicos como fueron
definidos por Wilkinson (1990:550), la mediana de las duraciones medias
de los ciclos menstruales fue 28.5 días (el límite más bajo y el más
alto de confianza al 95% fue 27.5 y 29 días, respectivamente; N = 54
mujeres, 400 ciclos). La duración estimada del ciclo en cualquier
población refleja la estructura de edad de la muestra, pero la duración
del ciclo en las Dogon es biológicamente indistinguible de la duración
del ciclo de las poblaciones occidentales (Chiazze et al. 1968, Treloar
et al. 1967, Vollman 1977).
SINCRONÍA MENSTRUAL
McClintock (1971) informó de que la interacción social causaba que
los comienzos menstruales de los grupos de amigas que comparten
dormitorio se acercaran dos días en un período de cuatro a seis meses.
Ni McClintock ni los subsecuentes investigadores encontraron ninguna
tendencia de las menstruaciones a hacerse concordantes, pero al fenómeno
se le llama con el equívoco término “sincronía menstrual”. En análisis
cuidadosos, Wilson (1987, 1992) mostró que tres errores estadísticos
socavan la evidencia de McClintock así como las de las de investigadores
posteriores (Graham y McGrew 1980, Quadagno et al. 1981, Preti et al.
1986): (1) fracaso para corregir la convergencia de inicios menstruales
por casualidad, (2) exageración de las diferencias de partida en los
inicios a través del cálculo equivocado, que conduce a una impresión
errónea de sincronización con el tiempo, y (3) posible sesgo de
muestreo. Strassmann (1990) planteó preocupaciones adicionales que
tienen que ver con la novedad evolutiva del estudio de poblaciones y las
inconsistencias en los hayazgos a través de los estudios, sugiriendo la
posibilidad de efectos aleatorios. Por otra parte, hay tres estudios
que no encontraron evidencias de sincronía en las poblaciones
occidentales (jarett 1984, Wilson, Hildebrandt Kiefhaber, and Gravel
1991, Trevathan, Burleson, y Gregory 1993). A pesar de la escasez de
datos de apoyo, muchos investigadores continúan aceptando la existencia
de sincronías menstruales en lugar de confrontar los asusntos
metodológicos que Wilson planteó (Graham 1991, Weller y Weller 1993).
Antes del estudio de Dresent no había tests publicados sobre la
sincronía menstrual en poblaciones con fertilidad natural. La ausencia
de sincronía en esas poblaciones tendría dos importantes implicaciones:
(1) debilitaría seriamente la hipótesis (Burley 1979, Turke 1984) de que
la sincronía menstrual es adaptativa, y (2) refutaría la tan extendida
suposición entre los antropólogos de que la sincronía menstrual ocurría
en las sociedades preindustriales (Buckley 1988, Knight 1988). En las
poblaciones de fertilidad natural, el embarazo y la amenorrea imperidían
que las mujeres tengan ciclos menstruales concurrentemente, pero la
posibilidad de sincronía puede ser probada entre las restantes mujeres.
Entre las mujeres Dogon de todas las edades que tenían ciclos
menstruales durante el presente estudio, la mediana del número de
menstruaciones en dos años fue 6.0. McClintock (1971) informó de que la
mayor parte de la sincronización en su estudio fue situada en
aproximadamente cuatro ciclos. Si es así, entonces muchas mujeres Dogon
tuvieron suficientes ciclos para sincronizarse, particularmente en la
cohortes de edad menores de 20 años y mayores de 34 años.
En vista de lo anterior, puse a prueba la sincronía menstrual en los
Dogon. Para evitar los errores metodológicos discutidos por Wilson
(1992) introduje dos aproximaciones estadísticas. Usando la regresión de
Cox (Cox 1972, Dixon 1992) pregunté si, en cualquiera de los ciclos, el
riesgo de una mujer de menstruar era influenciado por el número de las
otras mujeres que estaban menstruando. El número de otras mujeres
menstruando fue calculado como tres variables independientes diferentes:
“Pueblo” se refiere a todas las otras mujeres del pueblo; “linaje” se
refiere a todas las otras mujeres que vivían en un particular linaje de
familiares masculinos; y “unidad económica” se refería a las mujeres que
habitualmente trabajaban juntas y comían juntas. Estas variables
capturan, con el aumento del grado de cercanía, las tres principales
niveles de interacción social entre las mujeres. Este análisis es
modelado como sigue: hilt) = ai(t).epx(t) donde hi(t) es el riego “ith”
de que una mujer menstrúe en un tiempo “t” y ai(t) es es la tasa de
riesgo de referencia para la mujer “ith” y x(t) es una variable
explicativa en función del tiempo probada individualmente.
Los tres coeficientes no eran significativos, proporcionando ninguna evidencia de la sincronización.
Si la sincronía menstrual es causada por el ciclo lunar (Pochobradsky
1974, Law 1986, Cutler et al. 1987) u otros ritmos ambientales (Little
et al. 1989) entonces debería ocurrir en todo el pueblo. De acuerdo con
la hipótesis nula de la asincronía, los inicios de las menstruaciones de
mujeres diferentes deberían ser independientes, y por lo tanto el
número de inicios por día debería encajar en la distribución de Poisson.
De acuerdo a la hipótesis alternativa de la sincronía, los inicios
menstruales deberían estar agrupados. Bajo la hipótesis nula, el número
esperado de inicios por día, E(N), iguala al número de mujeres en riesgo
de menstruar en un día concreto (por ejemplo en ciclo menstrual y no
estando embarazada ni en amenorrea) dividido por el número de días de
riesgo. Siguiendo esta lógica, calculé el número esperado de inicios
E(Nt) para cada día (t) dividido por el número de días en la ventana. En
los 736 días del estudio, el número de días observado y esperado con 0,
1, 2, 3 y 4 inicios no diferió significativamente = 1.50, d.f. = 4).
Por lo tanto la hipótesis nula de que los inicios menstruales de las
mujeres eran independientes no pueden ser rechazados.
Entre los Dogon la luz eléctrica está ausente, así que las
condiciones eran favorables a probar específicamente la sincronía lunar.
Probé la regresión de Cox para preguntar si el riesgo de que una mujer
menstruara estaba influenciado por la fase lunar. La fase lunar fue
expresada como una variable categórica de tiempo con una variable
control para cada una de las cuatro fases lunares. El análisis fue
estratificado por mujer (N = 58), y cada ciclo (N = 477) fue una
observación. Ninguno de los coeficientes fue significativo, ninguno
probó evidencia de sincronía lunar.
La falta de soporte empírico para la sincronía menstrual en los Dogon
y en las poblaciones occidentales no establece la ausencia del fenómeno
en todas las especies, pero desplaza la carga de la prueba en aquellos
que argumentan que el fenómeno existe. La evidencia de la sincronía
también debería incluir un entendimiento de los mecanismos por los
cuales la sincronía es lograda. En el presente, las feromonas y las
influencias ambientales que supuestamente causan la sincronía en humanos
no ha sido identificada. McClintock (1981) argumenta que la sincronía
menstrual es un efecto secundario sin función de los mecanismos que son
adaptativos a diferentes contextos. Sin embargo, este contexto permanece
oscuro. La sincronía sí ocurre en otros sistemas biológicos (sincronía
de eclosión, la luciérnaga intermitente, la descarga neuronal, por
nombrar algunos), pero en estos casos la función de la sincronía se
comprende mejor. Wallis (1985, 1992) informó de sincronía en los
hinchazones de los celos en las chimpancés (Pan troglodytes), pero su
metodología no está clara y parece violar las asunciones subyacentes a
sus pruebas estadísticas. Por ejemplo, en el estudio de chimpancés
cautivos, su test chi-cuadrado violaba la suposición de independencia en
las observaciones. Las explicaciones adaptativas para la sincronía
menstrual en humanos asumen la concordancia de ovulaciones y de periodos
fértiles superpuestos (Burley 1979, Turke 1984), pero si los ciclos de
las mujeres consiguen solo dos días de acercamiento en cuatro a seis
meses (McClintock 1971) el impacto en el momento de concepciones es
probablemente despreciable.
Si la sincronía menstrual existe, entonces durante la sincronización
por lo menos algunas mujeres deberían acortar o alargar sus ciclos
menstruales para acercar sus inicios de menstruación a los de las
mujeres con las que se están sincronizando. La plausibilidad de tal
ajuste necesita ser evaluada a la luz de otros determinantes del ciclo
menstrual. En poblaciones con fertilidad natural, muchos ciclos incluyen
embarazos transitorios que fallan solo después de unos días o semanas,
resultando en una bajada hormonal, que entonces dispara la menstruación.
En estos ciclos, el momento de la menstruación y de la duración del
ciclo menstrual están determinados por el momento del embarazo fallido
(Wilcox et al. 1988). Entre las mujeres estadounidenses sin
anticonceptivos, el embarazo ocurrió en el 28% de los ciclos menstruales
(N = 707 ciclos), y 31% de esos embarazos terminó en pérdida (Wilcox et
al. 1988). Así, en 28% de los ciclos, la sincronía menstrual podría
haber sido impedida por un embarazo.
Muchos otros factores también afectan la duración del ciclo y reducen
la potencial sincronía menstrual. Por ejemplo, largos, intervalos
irregulares entre menstruaciones están asociados con anovulaciones en
los años posteriores a la mernarquía y anteriores a la menopausia (Baird
1985). Entre las mujeres de la primera edad reproductiva, los ciclos
irregulares y anovulatorios están asociados con un equilibrio energético
negativo (Ellison 1990), la lactancia (Howie y McNeilly 1982), y el
estrés psicosocial (ver Wasser y Barash 1983). En un estudio de 275.947
ciclos en 2.702 mujeres estadounidenses, Treloar et al. (1967) concluyó
que el ciclo menstrual está “caracterizado por la variabilidad mas que
por la regularidad”. A la edad de 20, la duración mediana del ciclo
menstrual fue 27.8 días y la diferencia entre el percentil 10 y el 90
para una desviación estándar persona-año fue 6.3 días. La variabilidad
de la duración del ciclo alcanzó un mínimo a los 36 años, cuando la
mediana de la duración de ciclos era 26.6 días y la diferencia entre los
dos percentiles era 3.6 días. La variabilidad inherente de la duración
del ciclo tiene dos componentes: (1) las periodicidades diferentes
(duración del ciclo) de mujeres diferentes, y (2) la variabilidad
sustancial dentro de la mujer entre en la longitud de su propio ciclo
(Treloar et al. 1967, Vollman 1977). Ambos son obstáculos para la
sincronía.
Dada la escasez de pruebas, es sorprendente que la creencia en la sincronía menstrual esté tan extendida.
Sugiero que esta creencia proviene, en parte, de un popular
malentendido sobre cómo de separados se esperaría que estuvieran los
inicios de dos mujeres por solamente el azar. Si dos mujeres tienen un
ciclo menstrual de 30 días, lo máximo que pueden estar fuera de fase es
15 días, y, en promedio, se esperaría que sus inicios estuvieran 7-5
días separados (Wallis 1985, Strassmann 1990, Wilson 1992).
La mitad del tiempo de sus inicios debería estar más cerca de 7-5
días. Si la sincronía menstrual entre amigas tiene una atracción
psicológica, entonces los inicios que están muy juntos pueden causar una
mayor impresión que los inicios que son dispares.
Relacionado:
- Decisiones informadas: Los riesgos de no ser una madre joven (y no amamantar):
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html
- "La evolución de la reproducción humana" de Roger Short (1976):
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html
- Reseña de
"La Lactancia y la Menstruación desde una Perspectiva Cultural" de Barbara B. Harrell, de 1981.
- La menstruación como ahorro energético, de Beberly Strassmann:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/09/la-menstruacion-como-ahorro-energetico.html
- ¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/menstruar-mola-menstruar-es-un-atraso.html