A través de un artículo de David Segarra en
facebook (también lo reproduce el Grupo Tortuga
en su web)llegué, vía google, a otro en castellano de la
revista "El Militante" donde leí una frase sorprendente de Trotsky. Supongo que me llamó la atención porque vivimos en un contexto de desinformación, fanatismo y falta de cultura histórica, sobre todo dentro del mundillo de la izquierda, el mundo progre o incluso el anarquista o anarcosindicalista, donde se supone que deberíamos haber leído ciertos libros. Después de este
mea culpa en el cual me incluyo voy a tratar de instruirme un poco y, de paso, poner en común la información a la que accedo para que así aprendamos juntos. Lo que leí en el artículo de Cindy Jacquith fue esto (la negrita es mía):
"A tal maternidad impuesta por el estado se opuso inflexiblemente el
exiliado líder bolchevique León Trotsky, quien, desde mediados de la
decada de 1920, había librado una batalla política para continuar el
curso de Lenin. Condenando a un juez superior soviético que buscaba
racionalizar la negación del derecho de la mujer a elegir el aborto con
el argumento de que “Necesitamos gente”, Trotsky respondió:
Millones de trabajadoras podrían responderle: “Haced vosotros mismos a
vuestros hijos”. Estos señores han olvidado evidentemente que el
socialismo debería eliminar las causas que empujan a la mujer al aborto,
en vez de hacer intervenir indignamente a la policía en la vida íntima
de la mujer para imponerle “las alegrías de la maternidad”. (Ver la
sección “La familia, la juventud y la cultura” en La Revolución Traicionada de Trotsky, publicada por la editorial Pathfinder.)"
Hay varios puntos interesantes a remarcar:
- el aborto fue en la URSS legal con Lenin, ilegal con Stalin y de nuevo legal con Jrushchov. Ahora
Putin de nuevo está restringiendo la legalidad del aborto y fomentando políticas natalistas.
- León Trotsky supo ver que la postura de Stalin y de los estalinistas era principalmente demográfica y los componentes éticos, políticos o ideológicos eran simples adornos doctrinales para "vender" la maternidad y fomentar la natalidad. De hecho, el estalinismo dificilmente puede ser catalogado como "pro-vida". Ni es religioso ni es de extrema derecha ni es antiabortista por razones morales o porque hubiera empatía con los fetos humanos u otros argumentos del campo de la bioética. Los argumentos del poder contra el aborto eran pronatalistas: "Necesitamos gente".
- León Trotsky también supo ver que el socialismo o cualquier ideología para buscar la justicia social tenía que eliminar las causas que empujaban a las mujeres a abortar. Por ejemplo, se me ocurre que esas causas podían ser materiales, como la pobreza, la falta de recursos o de apoyo en la crianza y también la prohibición o dificultad de acceso a los métodos anticonceptivos y la falta de conocimientos sobre la fertilidad humana. Desde luego, la solución a estas cuestiones se enfrentará de forma diferente, antes y ahora, si se cree que el Estado es el encargado de solucionar estas carencias, o si simplemente es suficiente con que el Estado no intervenga de ningún modo, o si se cree que es la gente, las personas del pueblo en relaciones de reciprocidad y horizontalidad las que tienen que auto-capacitarse para gestionar su vida y ayudarse unas a otras en estas materias.
Todo esto me hace reflexionar, ya que, si es posible que el Estado imponga en determinados momentos históricos la natalidad (con aborto ilegal, premios maternalistas y prohibición de anticonceptivos), también es posible que en otros momentos la prohiba o, al menos, la haga muy complicada. En este sentido es muy importante intentar ser objetivo y diferenciar las palabras y los politiqueos de las realidades y los hechos, porque un partido político puede decir una cosa en los mítines y discursos del Parlamento pero después permitir o impulsar otra desde la calle. ¿Es posible desde el punto de vista biopolítico que el Estado tenga políticas natalistas y antinatalistas a la vez? Quizás alguien que lea este blog nos pueda ayudar a desentrañar este asunto.
En cualquier caso, lo que es denunciable es que el Estado y los poderosos, según sus propios intereses, prohiban o promuevan una cosa u otra. ¿No deberíamos tomar nuestras propias decisiones informadas en lugar de tener que seguir las consignas del poder, sean cuales sean? ¿O preferimos seguir siendo peleles manejados según el dictador o político de turno o los intereses del capitalismo o el sistema en cada momento histórico? Quizás esas decisiones informadas y meditadas nos lleven a las mismas conclusiones que las de los demógrafos al servicio del poder, o quizás no. Somos nosotros los que tenemos que descubrirlo y reflexionarlo desde un punto de vista global. Desde luego, no tiene sentido limitar un debate tan compejo a un asunto de izquierdas-derechas o ni siquiera documentarse historicamente al hablar de él, por pensar que la sociedad del siglo XXI es completamente diferente a la del siglo XX.
El libro "La revolución traicionada" se puede leer en internet, yo lo encontré aquí:
http://www.nodo50.org/espacioandaluz/formacion/revrusa/revoluciontraicionada.pdf
Copio y pego un fragmento largo del capítulo "
La familia, la juventud y la cultura". Al copiar y pegar he perdido el formato del texto y hay algunos puntos y a parte que se han convertido en puntos y seguido. Espero poder solucionarlo en breve.
TERMIDOR EN EL HOGAR
La Revolución de Octubre cumplió honradamente su palabra en lo que respecta a la
mujer. El nuevo régimen no se contentó con darle los mismos derechos jurídicos y
políticos que al hombre, sino que hizo -lo que es mucho más- todo lo que podía, y en
todo caso, infinitamente más que cualquier otro régimen para darle realmente acceso a
todos los dominios culturales y económicos, Pero ni
el "todopoderoso" parlamento
británico, ni la más poderosa revolución pueden hacer de la mujer un ser idéntico al
hombre, o hablando más claramente, repartir por igual entre ella y su compañero las
cargas del embarazo, del parto, de la lactancia y de la educación de los hijos. La
revolución trató heroicamente de destruir el antiguo "hogar familiar" corrompido,
institución arcaica, rutinaria, asfixiante, que condena a la mujer de la clase trabajadora
a los trabajos forzados desde la infancia hasta su
muerte. La familia, considerada
como una pequeña empresa cerrada, debía ser sustituida, según la intención de los
revolucionarios, por un sistema acabado de servicio
s sociales: maternidades, casas
cuna, jardines de infancia, restaurantes, lavanderías, dispensarios, hospitales,
sanatorios, organizaciones deportivas, cines, teatros, etc. La absorción completa de las
funciones económicas de la familia por la sociedad
socialista, al unir a toda una
generación por la solidaridad y la asistencia mutua, debía proporcionar a la mujer, y
en consecuencia, a la pareja, una verdadera emancipación del yugo secular. Mientras
que esta obra no se haya cumplido, cuarenta millones de familias soviéticas
continuarán siendo, en su gran mayoría, víctimas de
las costumbres medievales de la
servidumbre y de la histeria de la mujer, de las humillaciones cotidianas del niño, de
las supersticiones de una y otro. A este respecto,
no podemos permitirnos ninguna
ilusión. Justamente por eso, las modificaciones sucesivas del estatuto de la familia en
la URSS caracterizan perfectamente la verdadera naturaleza de la sociedad soviética y
la evolución de sus capas dirigentes.
No fue posible tomar por asalto la antigua familia,
y no por falta de buena voluntad;
tampoco porque la familia estuviera firmemente asentada en los corazones. Por el
contrario, después de un corto periodo de desconfianza hacia el Estado y sus casas
cuna, sus jardines de infancia y sus diversos estab
lecimientos, las obreras, y después
de ellas, las campesinas más avanzadas, apreciaron
las inmensas ventajas de la
educación colectiva y de la socialización de la eco
nomía familiar. Por desgracia, la
sociedad fue demasiado pobre y demasiado poco civilizada. Los recursos reales del
Estado no correspondían a los planes y a las intenciones del partido comunista. La
familia no puede ser abolida: hay que reemplazarla.
La emancipación verdadera de la
mujer es imposible en el terreno de la "miseria socializada". La experiencia reveló
bien pronto esta dura verdad, formulada hacía cerca
de 80 años por Marx.
Durante los años de hambre, los obreros se alimenta
ron tanto como pudieron -con sus
familias en ciertos casos- en los refectorios de la
s fábricas o en establecimientos
análogos, y este hecho fue interpretado oficialment
e como el advenimiento de las
costumbres socialistas. No hay necesidad de detener
nos aquí en las particularidades de
los diversos periodos -comunismo de guerra, NEP, el
primer plan quinquenal- a este
respecto. El hecho es que desde la supresión del ra
cionamiento del pan, en 1935, los
obreros mejor pagados comenzaron a volver a la mesa
familiar. Sería erróneo ver en
esta retirada una condena del sistema socialista qu
e no se había puesto a prueba. Sin
embargo, los obreros y sus mujeres juzgaban implaca
blemente "la alimentación
social" organizada por la burocracia. La misma conc
lusión se impone en lo que
respecta a las lavanderías socializadas en las que
se roba y se estropea la ropa más de
lo que se lava. ¡Regreso al hogar! Pero la cocina y
el lavado a domicilio, actualmente
alabados con cierta confusión por los oradores y lo
s periodistas soviéticos, significan
el retorno de las mujeres a las cacerolas y a los l
avaderos, es decir, a la vieja
esclavitud. Es muy dudoso que la resolución de la I
nternacional Comunista sobre "la
victoria completa y sin retroceso del socialismo en
la URSS" sea, después de esto,
muy convincente para las amas de casa de los arraba
les.
La familia rural, ligada no solamente a la economía
doméstica, sino además a la
agricultura, es infinitamente más conservadora que
la familia urbana. Por regla
general, sólo las comunas agrícolas poco numerosas
establecieron, en un principia, la
alimentación colectiva y las casas cuna. Se afirmab
a que la colectivización debía
producir una transformación radical en la familia:
¿no se estaba en vías de expropiar,
junto con sus vacas, los pollos del campesino? En t
odo caso, no faltaron comunicados
sobre la marcha triunfal de la alimentación social
en los campos. Pero cuando
comenzó el retroceso, la realidad disipó enseguida
las brumas del bluff. Generalmente
el koljós no proporciona al campesino más que el tr
igo que necesita y el forraje de sus
bestias. La carne, los productos lácteos y las legu
mbres provienen casi enteramente de
la propiedad individual de los miembros de los kolj
oses. Desde el momento en que los
alimentos más importantes son fruto del trabajo fam
iliar, no puede hablarse de
alimentación colectiva. Así es que las parcelas peq
ueñas, al dar una nueva base al
hogar, abruman a la mujer bao un doble fardo.
El número de plazas existentes en las casas cuna en
1932 era de 600.000, y había
cerca de cuatro millones de plazas temporales para
la época del trabajo en el campo.
En 1935 había cerca de 5.600.000 lechos en las casa
s cuna, pero las plazas
permanentes eran, como antes, mucho menos numerosas
. Por lo demás, las casas cuna
existentes, aun las de Moscú, Leningrado y los gran
des centros, están muy lejos de
satisfacer las exigencias más modestas. "Las casas
cuna en las que los niños se sienten
peor que en su hogar, no son más que malos asilos",
dice un gran periódico soviético.
Después de esto, es natural que los obreros bien pa
gados se abstengan de enviar allí a
sus hijos. Para la masa de trabajadores, estos "mal
os asilos" son aún poco numerosos.
Recientemente, el Ejecutivo ha decidido que los niñ
os abandonados y los huérfanos
serían confiados a particulares; el Estado burocrát
ico reconoce así, por boca de su
órgano más autorizado, su incapacidad para desempeñ
ar una de las funciones sociales
más importantes. El número de niños recibidos en lo
s jardines ha pasado en cinco
años, de 1930 a 1935, de 370.000 a 1.181.000. La ci
fra de 1930 asombra por su
insignificancia. Pero la de 1935 es ínfima en relac
ión a las necesidades de las familias
soviéticas. Un estudio más profundo haría ver que l
a mayor, y en todo caso, la mejor
parte de los jardines de infancia está reservada a
las familias de los funcionarios, de
los técnicos, de los estajanovistas, etc.
No hace mucho tiempo el Ejecutivo ha tenido que adm
itir, igualmente, que "la
decisión de poner un término a la situación de los
niños abandonados e
insuficientemente vigilados se ha aplicado débilmen
te". ¿Qué oculta ese suave
lenguaje? Sólo sabemos ocasionalmente por las obser
vaciones publicadas en los
periódicos con minúsculos caracteres, que más de un
millar de niños viven en Moscú,
aun en su mismo hogar, "en condiciones extremadamen
te penosas"; que en los
orfanatos de la capital existen 1.500 adolescentes
que no saben qué hacer y que están
destinados al arroyo; que en dos meses del otoño (1
935) en Moscú y Leningrado,
"7.500 padres han sido objeto de persecuciones por
haber dejado a sus hijos sin
vigilancia". ¿Qué utilidad tienen estas persecucion
es? ¿Cuán tos millares de padres las
han evitado? ¿Cuántos niños, colocados en el hogar
en las condiciones más penosas"
no han sido registrados por la estadística? ¿En qué
difieren las condiciones "más"
penosas de las simplemente penosas? Estas preguntas
quedan sin respuesta. La
infancia abandonada, visible o disimulada, constitu
ye una plaga que alcanza enormes
proporciones a consecuencia de la gran crisis socia
l, durante la cual la desintegración
de la familia es mucho más rápida que la formación
de las nuevas instituciones que la
pueden
reemplazar.
Las mismas observaciones ocasionales de los periódi
cos, junto con la crónica judicial,
informan al lector que la prostitución, última degr
adación de la mujer en provecho del
hombre capaz de pagar, existe en la URSS. El otoño
último, Izvestia publicó
repentinamente que "cerca de mil mujeres que se ent
regaban en las calles de Moscú al
comercio secreto de su carne, acaban de ser detenid
as". Entre ellas: ciento setenta y
siete obreras, noventa y dos empleadas, cinco estud
iantes, etc. ¿Qué las arrojó a la
calle? La insuficiencia de salario, la pobreza, la
necesidad de "procurarse un
suplemento para comprar zapatos, un traje". En vano
hemos tratado de conocer,
aunque fuese aproximadamente, las proporciones de e
ste mal social. La púdica
burocracia soviética impone el silencio a la estadí
stica. Pero ese silencio obligado
basta para comprobar que la "clase" de prostitutas
soviéticas es numerosa. No puede
tratarse aquí de una supervivencia del pasado, pues
to que las prostitutas se reclutan
entre las mujeres jóvenes. Nadie pensará en reproch
arle personalmente al régimen
soviético esta plaga tan vieja como la civilización
. Pero es imperdonable hablar del
triunfo del socialismo mientras subsista la prostit
ución. Los periódicos afirman, en la
medida en que les está permitido tocar este delicad
o punto, que la prostitución
decrece; es posible que esto sea cierto en comparac
ión con los años de hambre y, de
desorganización (1931-33). Pero el regreso a las re
laciones fundadas sobre el dinero
provoca inevitablemente un nuevo aumento de la pros
titución y de la infancia
abandonada. En donde hay privilegios también hay parias.
El gran número de niños abandonados es, indiscutibl
emente, la prueba más trágica y
más infalible de la penosa situación de la madre. A
un la optimista Pravda se ve
obligada a publicar amargas confesiones a este resp
ecto: "El nacimiento de un hijo es
para muchas mujeres una seria amenaza". Justamente
por eso, el poder revolucionario
ha dado a la mujer el derecho al aborto, uno de sus
derechos cívicos, políticos y
culturales esenciales mientras duren la miseria y l
a opresión familiar, digan lo que
digan los eunucos y las solteronas de uno y otro se
xo. Pero este triste derecho es
transformado por la desigualdad social en un privil
egio. Los fragmentarios informes
que proporciona la prensa soviética sobre la prácti
ca de los abortos son asombrosos:
"Ciento noventa y cinco mujeres mutiladas por las c
omadronas; treinta y tres obreras,
veintiocho empleadas, sesenta y cinco campesinas de
koljoses, cincuenta y ocho amas
de casa, se hallan en un hospital de una aldea del
Ural". Esta región sólo difiere de las
otras en que los datos que le conciernen han sido p
ublicados. ¿Cuántas mujeres al año
son mutiladas en toda la URSS por los abortos mal hechos?
Después de haber demostrado su incapacidad para proporcionar los socorros médicos
necesarios y las instalaciones higiénicas para las
mujeres obligadas a recurrir al
aborto, el Estado cambia bruscamente y se lanza a l
a vía de las prohibiciones. Y,
como en otros casos, la burocracia hace de la neces
idad virtud. Uno de los miembros
de la Corte Suprema soviética, Soltz, especializado
en problemas del matrimonio,
justifica la próxima prohibición del aborto diciend
o que, como la sociedad socialista
carece de desocupación, etc., etc., la mujer no pue
de tener el derecho de rechazar "las
alegrías de la maternidad". Filosofía de cura que d
ispone, además, del puño del
gendarme. Acabamos de leer en el órgano central del
partido que el nacimiento de un
hijo es, para muchas mujeres -y sería justo decir q
ue para la mayor parte-, "una
amenaza". Acabamos de oír que una alta autoridad at
estigua que "la liquidación de la
infancia abandonada y descuidada se realiza débilme
nte", lo que significa,
ciertamente, un aumento de la infancia abandonada;
y ahora, un alto magistrado nos
anuncia que en el país donde "es dulce vivir" los a
bortos deben ser castigados con la
prisión, exactamente como en los países capitalista
s en los que es triste vivir. Se
adivina de antemano que en la URSS, como en Occiden
te, serán sobre todo las
obreras, las campesinas, las criadas que no pueden
ocultar su pecado, las que caerán
en manos de los carceleros. En cuanto a "nuestras mujeres", que piden perfumes de
buena calidad y otros artículos de este género, con
tinuarán haciendo lo que les plazca,
bajo la mirada de una justicia benévola. "Tenemos necesidad de hombres", añade
Soltz cerrando los ojos ante los niños abandonados.
Si la burocracia no hubiera puesto
en sus labios el sello del silencio, millones de tr
abajadoras podrían responderle:
"Haced vosotros mismos a vuestros hijos". Evidentem
ente estos señores han olvidado
que el socialismo debería eliminar las causas que empujan a la mujer al aborto, en vez
de hacer intervenir indignamente al policía en la vida íntima de la mujer para
imponerle "las alegrías de la maternidad".
El proyecto de ley sobre el aborto fue sometido a u
na discusión pública. El filtro de la
prensa soviética tuvo que dejar pasar, a pesar de todo, numerosas quejas y protestas
ahogadas. La discusión cesó tan bruscamente como había comenzado. El 27 de junio
de 1936, el Ejecutivo hizo de un proyecto infame, una ley tres veces infame. Hasta
algunos de los apologistas oficiales de la burocracia se incomodaron. Louis Fisher
escribió que la nueva ley era, en suma, una deplorable equivocación. En realidad, esta
ley, dirigida contra la mujer pero que establece para las damas un régimen de
excepción, es uno de los frutos legítimos de la reacción termidoriana.
La rehabilitación solemne de la familia que se llev
ó a cabo -coincidencia
providencial- al mismo tiempo que la del rublo, ha
sido una consecuencia de la
insuficiencia material y cultural del Estado. En lu
gar de decir: aún somos demasiado
indigentes y demasiado incultos para establecer rel
aciones socialistas entre los
hombres: nuestros hijos lo harán, los jefes del régimen recogen los trastos rotos de la
familia e imponen, bajo la amenaza de los peores ri
gores, el dogma de la familia,
fundamento sagrado del "socialismo triunfante". Se
mide con pena la profundidad de
este
retroceso.
La nueva legislación arrastra todo y a todos, al literato como al legislador, al juez y a
la milicia, al periódico y a la enseñanza. Cuando u
n joven comunista, honrado y
cándido, se permite escribir a su periódico: "Haría
s mejor en abordar la solución de
este problema: ¿,Corno puede la mujer evadirse de l
as tenazas de la familia?", recibe
un par de desaires y calla. El alfabeto del comunis
mo es considerado como una
exageración de la izquierda. Los prejuicios duros y
estúpidos de las clases medias
incultas, renacen entre nosotros con el nombre de m
oral nueva. ¿Y qué sucede en la
vida cotidiana de los rincones perdidos del inmenso
país? La prensa sólo refleja en
proporción ínfima la profundidad de la reacción ter
midoriana en el dominio de la
familia.
Como la noble pasión de los predicadores crece en intensidad al mismo tiempo que
aumentan los vicios, el noveno mandamiento ha alcan
zado gran popularidad entre las
capas dirigentes. Los moralistas soviéticos no tien
en más que renovar ligeramente la
fraseología. Se inicia una campana en contra de los
divorcios, demasiado fáciles y
demasiado frecuentes. El pensamiento creador del le
gislador anuncia ya una medida
"socialista", que consiste en cobrar el registro de
l divorcio y en aumentar la tarifa en
caso de repetición. De manera que no nos equivocamo
s al afirmar que la familia
renace, al mismo tiempo que se consolida nuevamente
el papel educador del rublo.
Hay que esperar que la tarifa no será un obstáculo
para las clases dirigentes. Las
personas que disponen de buenos apartamentos, de co
ches y de otros elementos de
bienestar, arreglan siempre sus asuntos privados sin publicidad superflua. La
prostitución sólo tiene un sello infamante y penoso
en los bajos fondos de la sociedad
soviética; en la cumbre de esta sociedad, en donde
el poder se une a la comodidad,
reviste la forma elegante de menudos servicios recí
procos y aun el aspecto de la
"familia socialista". Sosnovski ya nos ha dado a co
nocer la importancia del factor
"autoharén" en la degeneración de los dirigentes.
Los "Amigos" líricos y académicos de la URSS tienen
ojos para no ver. La legislación
del matrimonio instituida por la Revolución de Octu
bre, que en su tiempo fue objeto
de legítimo orgullo para ella, se ha transformado y
desfigurado por amplios
empréstitos tomados del tesoro legislativo de los p
aíses burgueses. Y, como si se
tratara de unir la burla a la traición, los mismos
argumentos que antes sirvieron para
defender la libertad incondicional del divorcio y d
el aborto -"la emancipación de la
mujer", "la defensa de los derechos de la personali
dad", "la protección de la
maternidad"-, se repiten actualmente para limitar o
prohibir uno y otro.
El retroceso reviste formas de una hipocresía desal
entadora, y ya mucho más lejos de
lo que exige la dura necesidad económica. A las raz
ones objetivas de regreso a las
normas burguesas, tales como el pago de pensiones a
limenticias al hijo, se agrega el
interés social de los medios dirigentes en enraizar
el derecho burgués. El motivo más
imperioso del culto actual de la familia es, sin du
da alguna, la necesidad que tiene la
burocracia de una jerarquía estable de las relacion
es sociales, y de una juventud
disciplinada por cuarenta millones de hogares que s
irven de apoyo a la autoridad y el
poder.
Cuando se esperaba confiar al Estado la educación d
e las jóvenes generaciones, el
poder, lejos de preocuparse por sostener la autorid
ad de los mayores, del padre y de la
madre especialmente, trató, por el contrario, de se
parar a los hijos de la familia para
inmunizarlos contra las viejas costumbres. Todavía
recientemente, durante el primer
periodo quinquenal, la escuela y las Juventudes Com
unistas solicitaban ampliamente
la ayuda de los niños para desenmascarar al padre e
brio o a la madre creyente, para
avergonzarlos, para tratar de "reeducarlos". Otra c
osa es el éxito alcanzado... De todas
maneras, este método minaba las bases mismas de la
autoridad familiar. En este
dominio, se realizó una transformación radical que
no estuvo desprovista de
importancia. El quinto mandamiento se ha vuelto a p
oner en vigor al mismo tiempo
que el noveno, sin invocación de la autoridad divin
a por el momento, es cierto; pero la
escuela francesa tampoco emplea este atributo, lo c
ual no le impide inculcar la rutina
y el conservadurismo.
El respeto a la autoridad de los mayores ya ha prov
ocado, por lo demás, un cambio de
política hacia la religión. La negación de Dios, de
sus milagros y de sus ayudantes, era
el elemento de división más grave que el poder revo
lucionario hacía intervenir entre
padres e hijos. Sobrepasando el progreso de la cult
ura, de la propaganda seria y de la
educación científica, la lucha contra la iglesia, d
irigida por hombres de tipo
Yaroslavski, degeneraba frecuentemente en bufonadas
y vejaciones. El asalto a los
cielos ha cesado como el asalto a la familia. Cuida
dosa de su buena reputación, la
burocracia ha pedido a los jóvenes ateos que depong
an las armas y se dediquen a leer.
Esto no es más que un comienzo. Un régimen de neutr
alidad irónico se establece poco
a poco respecto a la religión. Primera etapa. No se
ría difícil predecir la segunda y la
tercera, si el curso de los acontecimientos no depe
ndiera más que de las autoridades
establecidas.
La hipocresía de las opiniones dominantes eleva, si
empre y en todas partes, al cubo o
al cuadrado, los antagonismos sociales; ésta es, po
co más o menos, la ley del
desarrollo de las ideas traducida a lenguaje matemá
tico. El socialismo, si merece este
nombre, significa relaciones desinteresadas entre l
os hombres, una amistad sin envidia
ni intriga, el amor sin cálculos envilecedores. La
doctrina oficial declara que estas
normas ideales ya se han realizado, con tanta más a
utoridad cuanto más enérgicas son
las protestas de la realidad en contra de semejante
s afirmaciones. El nuevo programa
de las juventudes comunistas soviéticas, adoptado e
n abril de 1936, dice: "Una nueva
familia, de cuyo florecimiento se encarga el Estado
soviético, se ha creado sobre el
terreno de la igualdad real del hombre y de la muje
r". Un comentario oficial añade:
"Nuestra juventud sólo busca al compañero o a la co
mpañera por el amor. El
matrimonio burgués de intereses no existe en nuestr
a nueva generación" (Pravda, 4 de
abril de 1936). Esto es bastante cierto cuando se t
rata de obreros y obreras jóvenes.
Pero el matrimonio por interés está muy poco extend
ido entre los obreros de los países
capitalistas. Sucede todo lo contrario en las capas
medias y superiores de la sociedad
soviética. Los nuevos grupos sociales se subordinan
automáticamente al dominio de
las relaciones personales. Los vicios engendrados p
or el poder y por el dinero
alrededor de las relaciones sexuales, florecen en l
a burocracia soviética como si ésta
tuviera el propósito de alcanzar a la burguesía de
Occidente.
En contradicción absoluta con la afirmación de Prav
da que acabamos de citar, "el
matrimonio soviético por interés" ha resucitado, la
prensa soviética conviene en ello,
sea por exceso de franqueza, sea por necesidad. La
profesión, el salario, el empleo, el
número de galones en la manga, adquieren un signifi
cado creciente, pues los
problemas de calzado, de pieles, de alojamiento, de
baños y -sueño supremo- de
coche, se unen a él. La simple lucha por una habita
ción une y desune en Moscú a no
pocas parejas por año. El problema de los padres ha
alcanzado una importancia
excepcional. Es conveniente tener como suegro a un
oficial o a un comunista
influyente; y como suegra, a la hermana de un gran
personaje. ¿Quién se asombrará?
¿Puede ser de otro modo?
La desunión y la destrucción de las familias soviét
icas en las que el marido, miembro
del partido, miembro activo del sindicato, oficial
o administrador, se ha desarrollado y
ha adquirido nuevos gustos, mientras que la mujer,
oprimida por la familia, ha
permanecido en su antiguo nivel, forma uno de los c
apítulos más dramáticos del libro
de la sociedad soviética. El camino de dos generaci
ones de la burocracia soviética está
señalado por las tragedias de las mujeres atrasadas
y abandonadas. El mismo hecho se
observa actualmente en la joven generación. Se enco
ntrará, sin duda, más grosería y
crueldad en las esferas superiores de la burocracia
, en las que los advenedizos poco
cultivados, que creen que se les debe todo, forman
un porcentaje elevado. Los
archivos y las memorias revelarán un día verdaderos
crímenes, cometidos contra las
antiguas esposas y las mujeres en general por los p
redicadores de la moral familiar y
de las "alegrías" obligatorias de la "maternidad",
inviolables ante la justicia.
No, la mujer soviética aún no es libre. La igualdad
completa representa también
muchas más ventajas para las mujeres de las capas s
uperiores, que viven del trabajo
burocrático, técnico, pedagógico, intelectual en ge
neral, que para las obreras y,
especialmente, que para las campesinas. Mientras qu
e la sociedad no esté capacitada
para asumir las cargas materiales de la familia, la
madre no puede desempeñar con
éxito una función social, si no dispone de una escl
ava blanca, nodriza, cocinera, etc.
De los cuarenta millones de familias que forman la
población de la URSS, el 5%,
puede ser el 10%, fundan directa o indirectamente s
u bienestar sobre el trabajo de
esclavas domésticas. El número exacto de criadas en
la URSS sería tan útil para
apreciar, desde un punto de vista socialista, la si
tuación de la mujer, como toda la
legislación soviética, por progresista que ésta sea
. Pero justamente por eso, la
estadística oculta a las criadas en la rúbrica de o
breras o "varios".
La condición de la madre de familia, comunista resp
etada que tiene una sirvienta, un
teléfono para hacer sus pedidos a los almacenes, un
coche para transportarse, etc., es
poco similar a la de la obrera que recorre las tien
das, hace las comidas, lleva a sus
hijos del jardín de infancia a la casa -cuando hay
para ella un jardín de infancia-.
Ninguna etiqueta socialista puede ocultar este cont
raste social, no menos grande que
el que distingue en todo país de Occidente a la dam
a burguesa de la mujer proletaria.
La verdadera familia socialista, liberada por la sociedad de las pesadas y humillantes
cargas cotidianas, no tendrá necesidad de ninguna r
eglamentación, y la simple idea de
las leyes sobre el divorcio y el aborto no le parec
erá mejor que el recuerdo de las
zonas de tolerancia o de los sacrificios humanos. L
a legislación de Octubre había dado
un paso atrevido hacia ella. El estado atrasado del
país, desde los puntos de vista
económico y cultural, ha provocado una cruel reacci
ón. La legislación termidoriana
retrocede hacia los modelos burgueses, no sin cubri
r su retirada con frases engañosas
sobre la santidad de la "nueva" familia. La inconsi
stencia socialista se disimula aquí
también bajo una respetabilidad hipócrita.
A los observadores sinceros les llama la atención,
sobre todo en lo que se refiere a los
niños, la contradicción entre los principios elevad
os y la triste realidad. Un hecho
como el de recurrir a extremados rigores penales co
ntra los niños abandonados, puede
sugerir que el pensamiento de la legislación social
ista en favor de la mujer y del niño
no es más que una hipocresía. Los observadores del
género opuesto se sienten
seducidos por la amplitud y la generosidad del proy
ecto, que ha tomado forma de
leyes y de órganos administrativos; ante las madres
, las prostitutas y los niños
abandonados a la miseria, estos optimistas se dicen
que el aumento de las riquezas
materiales dará, poco a poco, sangre y carne a las
leyes socialistas. No es fácil decir
cuál de estas dos maneras de pensar es más falsa y
perjudicial. Hay que estar atacado
de ceguera histórica para no ver la envergadura y l
a audacia del proyecto social, la
importancia de las primeras fases de su realización
, y las vastas posibilidades abiertas.
Pero tampoco es posible dejar de indignarse por el
optimismo pasivo y, en realidad,
indiferente, de los que cierran los ojos ante el au
mento de las contradicciones sociales,
y se consuelan por medio de las perspectivas de un
porvenir cuyas llaves se proponen
respetuosamente dejar a la burocracia. ¡Como si la
Igualdad del hombre y de la mujer
no se hubiera transformado, a los ojos de la burocracia, en la igualdad de la carencia
de todo derecho! ¡Como si estuviera escrito que la
burocracia no puede establecer un
nuevo yugo, en vez de aportar libertad!
La historia nos enseña muchas cosas sobre la esclav
ización de la mujer por el hombre,
sobre la de ambos por el explotador, y sobre los es
fuerzos de los trabajadores que,
tratando de sacudir el yugo al precio de su sangre,
en realidad no logran más que
cambiar de cadenas. La historia, en definitiva, nos
dice otra cosa. Pero nos faltan
ejemplos positivos sobre la manera de liberar efectivamente al niño, a la mujer y al
hombre. Toda la experiencia del pasado es negativa,
e inspira desconfianza a los
trabajadores hacia los tutores privilegiados e incontrolados.