Las Interferencias: maternidad
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jueves, 20 de agosto de 2015

Lo individual está conectado con lo social: el caso Badinter-Rato

"Empecemos por los principios"
La empresa Publicis, cuya principal accionista es la filósofa feminista Elisabeth Badinter (autora de "Historia del amor maternal" y "La mujer y la madre"), está siendo investigada por entregar comisiones de 2 millones de euros a Rodrigo Rato a cambio de conseguir contratos millonarios de publicidad en Bankia.  Las últimas campañas son bastante de coña, en la línea del famoso cartel de propaganda de guerra "We can do it", pero en realidad serían para echarse a llorar...


Del "bankero" al "arrimemos el hombro" para que ciertos señores y señoras sublimen su gran vacío interior en la erótica del abuso, el dinero, la violencia y la explotación. Y ese vacío nos podría conectar directamente con los postulados de los libros de Badinter sobre la maternidad, la lactancia y la crianza ("la maternidad es una nueva forma de esclavitud"). Desde luego, lo individual está conectado con lo social, no como se interpretó en el famoso "lo personal es político" que sirvió para inmiscuirse en la vida íntima de la gente, sino en el sentido de que nuestras historias de vida están interrelacionadas con el contexto y las políticas de las instituciones estatales y el mundo empresarial.


www.publicisgroupe.com/en/media/display/id/5100
 Relacionado:

- http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/04/fragmento-de-la-mujer-y-la-madre-de.html
- Ileana Medina: http://www.tenemostetas.com/2010/05/elisabeth-badinter-las-claves-del.html-
- Ibone Olza: https://iboneolza.wordpress.com/2012/03/13/la-mujer-y-la-madre-de-e-badinter/


La noticia en los medios:

- http://www.elmundo.es/espana/2015/08/10/55c7c01cca47416d298b457b.html
- http://vozpopuli.com/actualidad/66927-rato-cedio-en-exclusiva-la-publicidad-de-bankia-por-su-comision-de-834-000-euros
- http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2015/08/bankia-mantiene-la-misma-agencia-de-publicidad-tres-anos-despues-de-la-salida-de-rato-23471.php

lunes, 25 de mayo de 2015

Entrevista en "Punt d'inflexio"

Conversando con los creadores del programa de radio "Punt d'inflexio" sobre feminismo, maternidad, guerra de sexos, poder, violencia, amor:

jueves, 14 de mayo de 2015

Pariremos con autenticidad

https://sites.google.com/site/casildarodriganez/pariremos-con-placer
 Después de varias lecturas en paralelo (Juan Luis Arsuaga, Michel Odent y Verena Schmidt) y con una relectura del libro de Casilda Rodrigañez "Pariremos con Placer", creo que hay algunos presupuestos del texto de Casilda que no se sostienen. Y esto lo digo con tristeza, porque todo lo que he escuchado o leído de ella me parece muy sugerente e inspirador. Aún así, hay ideas que creo que no se aproximan a la realidad concreta de los fenómenos de los que habla y aquí presento mi comentario al respecto que, lejos de ser una crítica destructiva, espero que amplíe el debate sobre estos temas. Por supuesto, no pretendo sentar cátedra desde mi desconocimiento y me considero una mera aprendiz en autoformación de lo aquí tratado. Cualquier matización o comentario será bienvenido, como siempre.

El paraíso perdido de todas las religiones al que volver o recrear

El relato histórico de Casilda tiene el componente típico de todos los mitos del origen y religiosos: érase una vez una sociedad neolítica europea, pacífica y armoniosa,  en el que las mujeres parían con placer, en el que se colmaban los deseos de las criaturas y éstas vivían en perfecta simbiosis con sus madres hasta que llegaron las malignas tribus indoeuropeas con su dominación y esclavismo y destruyeron todo este legado (pg.95), creando a la madre patriarcal y demás. Es decir, vivíamos en una especie de Edén hasta que llegaron los malos y nos expulsaron del paraíso (incluso se utiliza la expresión "jardines neolíticos del Edén o de las Hespérides" o "jardines neolíticos de la matrística"). Es a partir de ese momento que comenzamos a parir con dolor.

Evidentemente, no se aporta ninguna prueba de que en la Vieja Europa las mujeres no parieran con dolor (o con esfuerzo, algo muy distino, que es lo que en realidad dice el famoso pasaje bíblico que siempre se cita, según el libro "Maternalias" de Cira Crespo). Supongo que no aporta pruebas porque no nos han llegado ni en un sentido ni en otro. Que no existan estas pruebas no puede significar que nos inventemos la historia a nuestro gusto, podemos simplemente quedarnos en un humilde "no lo sabemos" o en un "no podemos conocerlo", pero la sed de conocimiento y de comprensión del mundo quizás nos obligue a tener que rellenar los vacíos de lo que no sabemos con algo de imaginación.

Esa transición histórica de la que habla Casilda es el paso de las sociedades sin Estado a las sociedades con Estado (o con un poder cada vez más centralizado), el paso de la recolección y la caza a las sociedades agricultoras y ganaderas. A más Estado, más acumulación de poder, más patriarcado, más división y estratificación social, pero eso no demuestra que haya existido alguna vez en la faz de la Tierra una sociedad 100% igualitaria a nivel de poder de unas personas sobre otras, de un sexo sobre el otro, o en la que los hombres no hayan ocupado siempre los puestos un poquito más influyentes (portavoces, representantes, curanderos) a nivel político y las mujeres hayan tenido un inmenso poder en otros ámbitos igualmente importantes y decisivos para las sociedades como son el poder del parto y de la crianza (con sus propias biopolíticas y tanatopolíticas). Por supuesto, que no haya existido en el pasado no quiere decir que sea posible en el presente o en el futuro, ni siquiera implica un juicio de valor sobre si esto es positivo o negativo. Simplemente quiere decir que no es necesario inventarnos un pasado mítico glorioso como referente al que volver o recrear. No lo necesitamos. El futuro de la sociedad no está escrito y está en gran medida en nuestras manos.

El dolor del parto y la "buena salvaje"

Casilda Rodrigañez basa su argumentación en que el parto no tiene que doler. Si duele es porque estamos condicionadas por las circunstancias sociales, culturales e históricas en las que vivimos.
Para ello, se apoya en Bartolomé de las Casas cuando dice que las caribeñas parían sin dolor o en las mujeres Kung San (pg. 49). Sobre las primeras no sabemos mucho más, porque no las podemos entrevistar de forma directa. Sin embargo, sí disponemos del maravilloso libro de Marjorie Shostak de entrevistas a Nisa, una mujer San de Namibia (capítulo titulado "first birth"), que explica muy bien sus sensaciones durante sus partos en solitario (como es la costumbre allí). Siente dolor, mucho dolor, pero en su cultura (y como obstetras actuales corroboran en referencia a la adrenalina versus oxitocina) el miedo es peligroso para el parto, por eso, según ella, hay que esperar sentada en un árbol a que pase sin emitir sonidos ni aspavientos. Desde fuera, un Bartolomé de las Casas cualquiera que espiara la situación diría que "paren sin dolor" pero, como dice aquel dicho popular, la realidad es que "la procesión va por dentro". Según el libro de Casilda, citando a Read, "el miedo no permite la relajación de los haces circulares del útero". Sin embargo, las mujeres Kung, a pesar de saber de forma intuitiva y cultural que el miedo es algo negativo en el parto, no lo identifican con mayor o menor dolor sino con que éste sea más seguro y sencillo para la madre y el bebé.

Pg 18 de "Pariremos con placer" también señala en la misma dirección: "Así es como Read llega a la conclusión de que el miedo, que mantiene activo el sistema simpático, impide la relajación y la distensión de los músculos circulares de la boca del útero, produciendo el movimiento espástico o espasmódico del útero, lo que considera una disfunción de la fisiología natural y normal del parto". 

La sociedad Kung es de cazadores-recolectoras y las relaciones entre los sexos son bastante equitativas, a pesar de que hay roles diferenciados en cuanto a tareas y ocupaciones. Por ejemplo, hay más curanderos que curanderas y portavoces hombres que mujeres. Hay un patriarcado "suave" que se traduce en algunas expresiones que se ven en el libro dentro de las relaciones de pareja, pero bastante más ligero que en las sociedades agrícolas y estatales contemporáneas y, sobre todo, del terrible siglo XIX del que todavía seguimos heredando perspectivas del mundo victorianas, machistas e ideologizadas. En esa sociedad hay tabú del calostro (un tabú nocivo para la salud de la madre y del bebé) y lactancias que duran 3 o 4 años, hasta la llegada de un nuevo bebé en el que se desteta sin contemplaciones y con llantos de por medio (otro mito que cae, el de que en las sociedades cazadoras-recolectoras los destetes se hacían a demanda del bebé y "respetando los ritmos"). Mueren 2 mujeres cada 500 partos y la mitad de los jóvenes y niños no llegan a los 15 años. En estos tiempos de colapso y post humanidad, el asunto de la mortalidad infantil-juvenil del 50% en las sociedades del pasado es otro temazo clave para reflexionar en otro artículo...

Dice Casilda que las mujeres Kung San hacen vida a ras del suelo. Cierto, como muchas mujeres del mundo hasta la llegada de la industrialización hace 200 años, no hay que irse al Neolítico ni a un supuesto pasado anterior al patriarcado. Veamos como ejemplo esta foto de estas mujeres canarias:

Del facebook de "Las Palmas Ayer y hoy": Alfareras en la Atalaya.Santa Brigida.Gran Canaria.

También de "Las Palmas Ayer y Hoy". Pescadores de cuclillas.

La industrialización y sus "comodidades" antifisiólogicas nos han conquistado a todos y reducirlo a una cuestión de patriarcado es demasiado simplista.
¿Partos menos dolorosos o más fisiológicos?

Una mujer de una sociedad cazadora-recolectora o una mujer del pueblo en una sociedad agrícola o preindustrial está mucho más en forma que cualquier mujer del siglo XXI, más ociosa, sedentaria y en muchas ocasiones sobrealimentada. La postura de cuclillas es más fisiológica tanto para defecar como para parir y es posible que eso facilitara los partos, lo que no quiere decir que fueran indoloros o placenteros, o que todas las mujeres parieran de esa forma. Por supuesto, no trato de negar las experiencias de mujeres que han vivido partos orgásmicos, placenteros o simplemente indoloros. Existen porque hay mujeres que los han vivido. Lo que creo es que es muy discutible pensar que era algo generalizado en otras épocas y sociedades sin aportar ninguna prueba más que la de testimonios de observadores externos.



¿El parto con algún grado de dolor forma parte de la maternidad patriarcal? ¿O bien es algo intrínseco a la fisiología de la hembra de Homo Sapiens, tanto en el Neolítico como después, con o sin patriarcado, o con cualquier tipo de sistema social?

Según Michel Odent, en "Nacimiento y evolución del Homo Sapiens":  "hoy estamos en condiciones de comprender que existe un dolor fisiológico durante el parto pero que existe también un sistema fisiológico de protección frente a este dolor. Lo importante es que los componentes del sistema fisiológico de protección frente al dolor juegan otros papeles, además del alivio del dolor. En otros términos, el dolor es parte integrante del proceso fisiológico: no podemos eliminar electivamente el dolor sin alterar los demás aspectos del proceso fisiológico".

Y según la comadrona Verena Schmidt: "A menudo, el parto se conoce también como «la guerra de las mujeres», y armadas como guerreras, con la meta en la mente, se enfrentan al proceso de dar a luz. En estas sociedades, la mujer se siente capaz de afrontar la prueba, y se espera que salga de ella más fuerte y sabia que antes. El parto es una hazaña personal en la que a menudo la mujer se aparta para superar la prueba con sus herramientas personales".

 ¿Les duele el parto al resto de mamíferas?

En el libro de Wenda Trevathan "Human Birth: an Evolutionary Perspective" se afirma que sí, que se han observado muestras de dolor de las contracciones en primates aunque con diversidad de grado entre cada hembra. Tampoco tiene por qué ser extraño, ya que algunas funciones fisiológicas son dolorosas también en los animales, como por ejemplo el coito en las felinas. La Naturaleza no es perfecta ni idílica, al menos en todos sus aspectos y facetas. Afortunadamente, casi todos los actos fisiológicos no son dolorosos e incluso algunos son muy placenteros.

¿Duele el parto por el bipedismo?

La explicación de la paleontología frente al dolor del parto es la de que fueron el bipedismo y el aumento del neocortex los culpables de las "dificultades" del parto, pero eso no explica el dolor, que normalmente se asocia más a las contracciones de dilatación. Por ejemplo, un parto puede ser fluido, sencillo y corto y al mismo tiempo doloroso. Una cosa es que nos cueste atravesar el cuerpo de nuestras madres y otra la razón de por qué a las madres les duelen las contracciones.

El útero espásmico/espástico no parece existir (a no ser que sea a un nivel poético o simbólico) y mucho menos tiene que ver su relación con el dolor o con el patriarcado. En un matriarcado o incluso en las sociedades matrilineales también dolerían las contracciones de parto porque es un dolor fisiológico no patológico. Otro tema diferente es lo que ocurre con el sistema de la oxitocina en cada sociedad y momento histórico o con el dolor adicional convertido en sufrimiento iatrogénico causado por el ambiente actual de los partos.

Wilhelm Reich decía que “la mayoría de los úteros son espásticos y por eso la mayoría de partos son dolorosos", pero la realidad es que el útero de las mujeres está siempre relajado salvo en los momentos concretos en los que tiene contracciones placenteras o dolorosas, es decir, hay contracciones en el orgasmo, durante la lactancia, los entuertos postparto. En todos estos procesos interviene la oxitocina y otras hormonas

La debilidad del sistema de la oxitocina sí existe, tal y como observa Michel Odent.  Esto dificulta los partos y los hace más largos y peligrosos. La necesidad de oxitocina artificial de los partos actuales tiene que ver, según Emilio Santos, en que no se respetan las necesidades emocionales ni de libertad de movimiento de las mujeres. Esto serían causas iatrogénicas del propio paradigma médico aunque, como bien señala Odent, hay una verdad incómoda que debemos enfrentar: los partos en casa son también cada vez más largos y complicados. Todo esto puede estar relacionado con cómo vivimos las relaciones de amor y de oxitocina desde la concepción hasta la muerte, la mochila biográfica que arrastramos las mujeres en el momento de parir y también podría estar relacionado con el miedo, por eso las mujeres Kung dicen que sienten mucho dolor pero se enfrentan al parto sin miedo, solas, con valentía y estoicismo.

Dolor y miedo son cosas diferentes, aunque relacionadas, y creo que uno de los problemas principales del libro de Casilda es la confusión que establece entre ambos. El miedo puede ser inculcado por la sociedad o afrontado con estoicismo por la cultura, el dolor es algo más físico pero la forma de vivir y afrontar estos procesos es biocultural, no podemos separar la mente del cuerpo ni el útero de lo emocional/cerebral ni lo individual de lo social.

Un parto que va muy bien puede tener contracciones muy fuertes, dolorosas y efectivas y ser un parto fisiológico y sencillo. Y también a veces cuando un parto deja de doler puede significar que se están parando las contracciones y la oxitocina. Por otro lado, como bien apunta Casilda (pg.41), también está el fenómeno de la reducidísima paridad de la mujer actual. Con una natalidad de un hijo por mujer y cayendo en España la mayor parte de nosotras nos quedamos en "primíparas" y el primer parto suele ser el más doloroso y complicado comparado con los segundos, terceros y cuartos.  

Muchos de los temas aquí comentados siguen siendo hipótesis. Desgraciadamente la investigación biomédica solamente se interesará en estos temas si se puede fabricar un inhalador de oxitocina o una viagra oxitócica mágica que solucione nuestros problemas vitales y sociales. La oxitocina parece ser todo un temazo biopolítico y quizás alguien tenga que escribir un libro titulado Oxito Yonki (haciendo un guiño al Testo Yonki de Beatriz Preciado) que confirme lo que intuitivamente muchos políticos y estrategas siempre han sabido: la ruptura, creación y control de los vínculos es clave en el ejercicio del gobierno, poder y dominación. No en vano a la hormona oxitocina hay quien la llama "el pegamento de la sociedad" (aunque también se ha estudiado que produce emociones sociales tanto positivas como negativas). El control del dolor y del placer también son temas biopolíticos y no siempre es cierto que el poder busque someter a la población a base de reprimir el placer y promocionar el dolor. Creo que la epidural que elimina el dolor del parto y la promoción del hedonismo como anestésico social pueden ser ejemplos paradigmáticos.

Por todo lo expuesto, creo que la clave está en entender la fisiología del parto y de los vínculos sociales (comenzando por el primero, el que se establece entre una madre y un bebé) más que en focalizar toda la atención en los partos orgásmicos y placenteros. Podemos parir con dolor o con placer pero, sobre todo, con autenticidad y desde nuestra propia libertad, esencia y verdad concreta.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Maternar a la madre

"Utilizamos la palabra (doula) en el sentido hoy ampliamente aceptado de una acompañante experimentada en el parto que provee a la mujer y a su pareja apoyo tanto emocional y físico a lo largo de todo el parto, alumbramiento, y hasta cierto punto, después".
 Marshall H. Klaus, John H. Kennell, Phyllis H. Klaus. 1993


Hay libros que en teoría tratan sobre algo muy concreto, de un tema principal, y sin embargo lo más interesante y jugoso está en las tramas secundarias, en los temas que bordean pero en los que no entran de lleno. Al leer "Mothering the Mother" ("Maternando a la madre" de Marshall H. Klaus, John H. Kennell y Phyllis H. Klaus) es lo que he sentido. A pesar de que es un texto sobre el significado e importancia de las doulas en el parto y sobre cómo "pueden ayudar a tener un parto más corto, sencillo y sano", durante su lectura no podía dejar de pensar en una realidad previa, en por qué las doulas modernas eran presentadas como algo necesario en nuestra sociedad y qué personas habían maternado a la madre dentro de los vínculos de reciprocidad antes de que lo hicieran algunas de ellas a través de los vínculos mercantilizados o institucionalizados. Veamos algunos fragmentos: 

Pg. 6: "Desde hace milenios la relación de una madre con su hija, de mujeres mayores experimentadas a mujeres parturientas jóvenes era respetada y comprendida. Hoy en día, aunque muchas mujeres querrían a sus propias madres ayudándolas durante el parto, la mayor parte de las abuelas de hoy en día no tienen experiencia sobre nacimientos. La experiencia de las mujeres que dieron a luz en los años 50 y 60 no habría sido la ideal. También, muchas mujeres se encuentran separadas de sus hijas geográficamente y algunas, psicológicamente. Muchas mujeres embarazadas de hoy en día prefieren que no esté su madre durante el parto, incluso si tienen una relación cariñosa". 

Pg. 18: "Las cualidades suaves, silenciosas, suaves, sensibles, nutricias del "maternaje" han venido de forma tradicional de las mujeres en nuestra cultura".

Pg. 19: "Una mujer de parto puede sentir que debe actuar de una determinada forma delante de su marido, su madre o su suegra. En contraste, la mujer puede estar completamente a gusto con una doula y sin preocupaciones sobre tener que intentar gustarla o montar un espectáculo para ella". 

Pg. 25: "Si una mujer ha tenido un maternaje inapropiado ella misma, la crianza ("nurturing" en el original en inglés) que provee la doula durante este periodo único puede proporcionar una oportunidad de rematernar a la madre como una persona y dar algún tipo de curación a una experiencia anterior".

Pg.  30: "En algunos casos la mujer tiene especiales necesidades, como con las adolescentes o las mujeres que han sido descuidadas o abusadas o no maternadas ("mismothered" en el original) cuando eran bebés o niñas".

Pg. 57: "Lydia también mencionó que su hermana Lynne, que era muy cercana, también estaría en el parto. Lydia estaba preocupada, sin embargo, del potencial de su hermana de volverse muy ansiosa durante los momentos de estrés".

Pg. 68: "Con la doula presente, el padre nunca se queda solo como la única persona, aislada y responsable cuidando a la madre de parto".

 Pg. 112-113: "Mientras casi todas las sociedades tienen un sistema que ayuda a los padres a través de este periodo, los Estados Unidos tristemente han persido la costumbre y los recursos que una vez tenían este efecto. En el presente, la falta de una amplia aceptada tradición cultural de dar el necesario apoyo a las familias después del parto es una deficiencia mayor. En el pasado, la madre de la madre y otras familiares femeninas proveían esta asistencia y guía. Pero hoy la madre de la madre está a menudo en el trabajo y no habrá nadie para llenar el vacío".

Pg. 116: "Para muchas mujeres esta función ha sido realizada a través de los años por su madre o suegra, o por alguna familiar o amiga. (...) Por ejemplo, puede ser arriesgado para una nueva madre elegir a su suegra si no puede comunicarse de forma fácil con ella o con su propia madre si todavía hay conflictos sin resolver".
(...)
"En la mayor parte de las sociedades no industrializadas la madre y el bebé están juntos, con apoyo, protección y aislamiento de otras demandas y gente por al menos 7 días - y algunas veces semanas- después del parto".  

Pg. 119: "Cuando una madre ha tenido una mala relación con su propia madre o fue separada de uno o de los dos padres antes de la cumplir 11 años, es más probable que sufra depresión y ansiedad, según la investigación".

A pesar de que aparecen muchas citas sobre el mismo tema en realidad el libro no pretende analizar las causas profundas y las consecuencias de esta falta de maternaje a la madre, de la ausencia de madre a lo largo de la vida, que en realidad lo que nos muestra también es la ausencia de la abuela y de las hermanas, y de la rotura o desintegración de estos vínculos. El libro habla de cómo paliar esa ausencia y esa carencia, como si ya no fuera posible volver atrás, como si hubiéramos perdido algo que es imposible de recuperar y lo único que pudiéramos hacer es crear una nueva figura mercantilizada, la doula moderna, para acompañar estos procesos que antes se movían en los espacios de reciprocidad y apoyo mutuo de la familia y, no lo olvidemos, la comunidad.

Imperialismo médico

En los estudios realizados en la ciudad de Guatemala por los autores, las políticas del hospital no permitían a ningún miembro de la familia o amiga estar presentes en los paritorios, debido aparentemente al gran número de partos (una media de 60 partos al día) y la limitación de espacio. Esto en mi opinión es un sesgo de la investigación ya que estaban comparando una situación anormal y artificial hospitalaria con un paliativo: el acompañamiento de una doula.  

Las indígenas guatemaltecas que vivían a unos cuantos kilómetros de estos hospitales seguían maternando a la madre durante el parto, el postparto y el puerperio o bien con la propia madre, la suegra o una comadrona nativa. Los estudios de estos autores, sin embargo, fueron realizados solamente con el grupo hospitalario acompañado de doulas, no en ambientes rurales. En ningún estudio se comparó el acompañamiento doula versus el acompañamiento de madres o alomadres tradicionales de la Guatemala rural. Tampoco se tuvo en cuenta que también existen culturas en las que las mujeres paren sin acompañamiento y separadas de la comunidad, normalmente a partir del segundo hijo (ver libro "Life and Words of a Kung Woman").

Todavía es más interesante, si cabe, que en el libro se mencione que estos protocolos hospitalarios que impedían cualquier tipo de acompañamiento eran una simple traslación por parte de autoridades médicas estadounidenses de los modelos obstétricos norteamericanos de los años 50 a los protocolos hospitalarios guatemaltecos varias décadas después. Es decir, estamos ante un caso de imperialismo médico que destruye una situación previa para, después, dejar un problema que otros médicos estadounidenses (Klaus y Kennell), con la mejor de las intenciones, intentan paliar con una figura como la de la doula. En ningún momento se plantea la reflexión de qué se puede hacer para unir lo que se ha roto entre las generaciones de mujeres y sus redes de reciprocidad y aprovechar lo positivo que puedan tener los avances médicos cuando son realmente necesarios y no iatrogénicos. Tampoco se pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre las causas sociales, culturales y biopolíticas que nos han llevado a la situación actual, donde el aislamiento y la fragmentación es uno de los mayores problemas de la maternidad actual y la crianza cooperativa. Supongo que tratar este tema daría para que los autores hubieran escrito otro libro completo, llegar a conclusiones políticamente incorrectas y ya sabemos que el ser humano es especialista en huir hacia delante.

Fragmentación de la mujer


Después de leer las citas no puedo evitar realizar un paralelismo entre la doula, la prostituta, la nodriza o la madre de alquiler. No en vano la doula griega era una esclava del servicio doméstico de las casas, dentro del patriarcado griego (los esclavos masculinos se llamaban "doulos") que, por supuesto, era un objeto en propiedad y no cobraba salario alguno. El rol de la doula actual no tiene nada que ver ni con la esclavitud ni con la servidumbre ni con el servicio doméstico y quizás algo más con una profesión liberal autónoma. ¿No va siendo hora de cambiar la denominación instaurada por la antropóloga Dana Raphael por otra que se ajuste mejor a la realidad? ¿Imaginamos por un momento que viviéramos en Grecia y habláramos de contratar a una "esclava" o una "sirvienta" para nuestro parto y puerperio? ¿O que existiera aquí una "Asociación Española de Esclavas" o un "Curso de capacitación para Esclavas"? La palabra griega doula o doulos (frente a la de eleutheros, que era la de los "hombres libres") tiene una carga histórica muy fuerte de explotación, violencia y de dominación que tiene muy poco que ver con la resignificación del término en las últimas décadas (otro significado de la palabra "doulos" es el que le dan los cristianos como "esclavo de Dios" o "esclavo de Jesucristo").
Tomado de la web cristiana http://www.douloscag.org/

Como bien se explica en una de las citas seleccionadas del libro de Klaus y Kennell, la relación con la doula moderna evita tener que "dar la talla" o comportarse de una determinada forma para cumplir con las expectativas y los juicios que podrían venir de esa figura maternal no mercantilizada y familiar. En la sociedad actual, el pagar a una persona extraña ya sea durante una relación sexual o durante el parto (y estos dos eventos están muy relacionados, como sabemos) ayuda, paradójicamente, a relajarse y a no ser juzgada, como vemos en este ejemplo relacionado con la prostitución:

"Por lo pronto, a mí me parece tentador pagar por abandonarnos al placer, permitirnos recibir más de lo que damos, aparcar la presión de dar la talla, de ser la amante ideal que describe la Cosmopolitan, y limitarnos a disfrutar". (Post de June Fernández "Puteras")

Y un interesante paralelismo con este texto sobre las doulas:

"Al “maternar a la madre”, la doula retira la responsabilidad de ser una super-mujer de los hombros de la madre. La doula permite a la madre crecer en su papel (de madre) a su propio paso, y la anima durante todo el camino. La doula se da cuenta de que, así como cada nacimiento y cada bebé son únicos, cada madre es única". Jaqueline Kelleher. Nurturing the family. The guide for postpartum doulas. Traducido por el blog "de lunas y laberintos")

Los vínculos primarios maternales que aportaban seguridad y cuidado entre las mujeres del pueblo ahora se convierten, en muchas ocasiones, en peligros potenciales. No hace falta idealizar el pasado o esos vínculos, no es que la gente antes no tuviera conflictos interpersonales sino que cuando había que estar, se estaba, como un deber sagrado más allá de las diferencias (ver, por ejemplo, el "atsolorra" vasco).

Por otro lado, las mujeres sin madre, sin alomadres y sin amigas cercanas, se vuelcan en el padre como único compañero. Hay gente que pensará que es por culpa del "amor romántico". Yo creo que es por falta de redes femeninas de apoyo mutuo fuera del mercado y, si acaso, el "amor romántico" es consecuencia y no causa. También se destaca en el libro que se ha perdido el apoyo tradicional en el postparto, ya que hoy las madres de las parturientas están también trabajando fuera de casa y no tienen derecho a permiso por acompañamiento (es curioso que esta no sea una reivindicación social ni política de ningún tipo*).

Sobre esta ruptura de los vínculos primarios, en el libro se habla muy de pasada sobre la pérdida de comunicación entre las generaciones. Ya no hablamos el mismo idioma ni somos capaces de comprendernos. Existe una separación psicológica y, en muchos casos, una separación geográfica causada por la movilidad del campo a la ciudad, de las ciudades pequeñas a las grandes, de unos barrios a otros, de unos países a otros. En resumen: hay una separación laboral, comunicativa, psicológica, geográfica y, en algunos casos, separaciones causadas por abusos maternos y paternos durante la infancia.

No es mi intención con este artículo cuestionar la libertad personal de las mujeres para ser doulas o contratarlas. Las mujeres deben poder estar acompañadas durante sus partos por la persona que ellas mismas elijan y esta decisión debería ser respetada, ya sea su doula, su madre, su pareja, otro familiar, una amiga o un amigo. Pero, como siempre, además de reivindicar la libertad individual como fin en sí mismo o los cambios normativos o protocolarios creo que hay que ir un poco más allá en la reflexión.

Esto ha sido un pequeño esbozo, la segunda parte de este artículo (si existiera...) tendría que versar sobre los cambios que podrían darse en nosotras mismas para poder acompañar dentro de nuestros círculos personales (independientemente de que exista un mercado del acompañamiento), aprender del pasado para ver qué es rescatable para el momento actual y qué no, cómo construir ese deber de cuidarnos y criarnos unos a otros y, en concreto, en el tema que nos ocupa, cómo maternar a la madre.

*Actualizo a 2 de julio de 2015: en el libro de María Pazos, Desiguales por Ley, se habla del "permiso de abueleidad" que sí existe en algunos países europeos. 

miércoles, 15 de abril de 2015

Maternidades y paternidades* egocéntricas

No sabemos qué opinarán nuestros hijos de que hayamos expuesto sus fotos y videos en internet y las redes sociales desde el nacimiento. Es posible que lo consideren normal, aunque nosotras hayamos crecido en un mundo en el que las fotografías pertenecían a la intimidad del álbum familiar que se guardaba en alguna estantería del salón. Seguramente muy ético no sea, aunque muchas hayamos colgado fotos nuestras familiares de forma pública. Está claro que no les hemos dejado decidir qué parte de su vida querían exponer u ocultar. En este "MEA CULPA" me incluyo la primera y me responsabilizo de las consecuencias que pueda tener. No puedo evitar plantearme estas cuestiones y pensar que seguramente me haya pasado de la raya en muchas ocasiones, aunque haya pensado que lo hacía con la mejor de las intenciones. El tiempo nos lo dirá. Quizás veamos en unos años a una primera generación de adolescentes solicitando que se borre una biografía cibernética escrita por otros.

En este exhibicionismo maternal/paternal también hay otra vuelta de tuerca más, que es hablar de la vida personal y psicológica de los hijos en internet, de sus avatares privados, de sus conflictos, de cómo los resuelven, de la ropa que les gusta, del peinado que llevan, de sus amigos, incluso se habla de su nivel de inteligencia o se exponen episodios de acoso escolar. Personalmente, es algo que me produce bastante inquietud. Por supuesto, hay grados y los padres hacemos estas cosas con un mayor o menor grado de ingenuidad. Sin embargo, cuando lo pienso, no puedo evitar recordar cómo siempre me ha parecido una falta de respeto que las madres hablen de los hijos, sobre todo cuando ya tienen una edad, como si no estuvieran delante: "Es que a X le gusta esto", "Es que Z piensa así" o le cuenten a sus amigas "Mi hijo es así o asá". Quizás en ese momento no están delante del ordenador pero las palabras permanecerán bastantes años en la red. Creo que a algunas madres nos cuesta darnos cuenta de esto, a pesar de que también hayamos sido niñas e hijas. Supongo que para los padres será algo similar.

Cuando esto lo trasladamos al ambiente cibernético de los blogs se dan situaciones chuscas y de vergüenza ajena y propia. ¿Acaso nos planteamos que nuestros hijos crecerán y leerán lo que se ha escrito sobre ellos? ¿Nos preguntamos qué pensarán sobre que se hayan expuesto en las redes o en páginas web temas tan íntimos como su posible orientación sexual o lo qué les gusta dibujar? Peor aún, no solamente se exponen sus avatares cotidianos sino que a veces también se incluyen los adoctrinamientos y la reconducción por el camino "correcto" y "apropiado" de las madres y padres hacia sus hijos... Se les guía sobre cómo tiene que ser su imaginario simbólico y su identidad y, si este no es del gusto de los adultos, se piensa que es causado por malas influencias sociales y se le intenta modificar. Todo ello expuesto en el mentidero de las redes sociales, al albur de los "me gusta" y los "compartidos". ¿Dónde queda la autoconstrucción del propio camino y la intimidad en este contexto?

Es un tema complejo porque nacemos en una cultura y necesitamos una cultura para desarrollarnos (la mejor prueba la tenemos en los niños salvajes). Los padres y madres transmitimos parte de esa cultura por defecto pero creo que debemos dejar un espacio para la construcción del propio discurso y cosmovisión, más allá de los valores hegemónicos en la propia cultura o los propios, supuestamente disidentes.

Siempre he pensado que, a pesar de que asociamos la palabra "abuso" al "abuso sexual" este es solamente un tipo concreto (y horrible) de abuso. Hay otros posibles que pueden ser también muy destructivos para los niños. Por ejemplo, hay madres que consideran a los hijos como extensiones de su propio cuerpo**, vehículos en los que proyectar su propia ideología y prejuicios. Eso, nos guste o no, es muy injusto, aunque quizás sea hasta cierto punto imposible de evitar. Supongo que lo más honesto sería decir "estas son mis ideas, quizás equivocadas, quizás no. Investiga y fórmate tu propia opinión". Cuesta mucho siendo niño y después adolescente librarse de un progenitor fagocitador que no respeta el silencio ni la intimidad y que utiliza a su hijo con diferentes fines: aumentar el ego, la popularidad, los aplausos, huir del propio vacío o la falta de valor y esfuerzo para enfrentar su propia imagen pública sola.

*Había titulado este post como "maternidades egocéntricas" pero lo he corregido porque la exposición de la vida íntima de los hijos no solamente es realizada por algunas madres sino también por algunos padres, incluso otros familiares como abuelos y abuelas.

**Hay una fase inicial de la vida de los bebés en los que efectivamente se da una relación muy simbiótica entre madre e hijo, tanto dentro del útero como fuera (exterogestación) pero, progresivamente, los dos seres que antes estaban unidos, en la unión más profunda y duradera que puede haber entre dos personas, se van alejando y volviendo a juntar, en un camino y una danza hacia una mayor independencia y, a la vez y sin que sea contradictorio, cercanía a lo largo de toda la vida. Creo que esta es la mejor forma de exponer que la maternidad y la paternidad son diferentes y no son equivalentes ni sustituibles.

lunes, 23 de marzo de 2015

Fragmento de "Madre, virgen, puta" de Estella V. Welldon



El libro de la psiquiatra Estella V. Welldon hace una aportación al estudio de las violencias ejercidas por mujeres y madres desde su experiencia clínica en multitud de casos concretos. Tiene para mi gusto una visión excesivamente psicoanalítica que puede restar interés al libro, pero hay que reconocer su valentía y compromiso al hablar de una realidad silenciada, políticamente incorrecta y que todavía sigue siendo tabú.

Pg. 153 del libro "Madre, virgen, puta", editado por Psimática Clínica. La negrita es mía:

Cuando en 1988 publiqué por primera vez mi libro, el reconocimiento de la perversión femenina era inexistente, a pesar de la evidencia de que la perversión masculina es a menudo el resultado de una mala maternidad. Es bien conocido que las madres incestuosas no facilitan y hasta no permiten a sus hijos ningún proceso de individualización y/o separación. 

En realidad, es cierto lo opuesto: utilizan a su bebé como parte de sí mismas en una forma fetichista. La mayoría de nuestros pacientes que sufren de perversiones tienen una historia de relaciones con sus madres de tipo sobreprotector, con frecuentes cambios hacia el descuido y el abandono. 
(...)
Me pregunté, entonces, por qué razón había sido tan difícil conceptualizar la noción de maternidad perversa y otros comportamientos perversos femeninos con relación a la psicopatología completamente diferente que se origina del cuerpo de la mujer y de sus atributos inherentes. Por extraño que parezca, la maternidad es un vehículo excelente para que algunas mujeres puedan ejercer actitudes perversas y pervertidoras hacia sus hijos en represalia contra sus propias madres. Algunas mujeres que se sienten inadecuadas e inseguras, encuentran que el niño se vuelve la única fuente disponible de nutrición emocional. Un enorme anhelo de afecto físico se descarga sobre el niño. La perversión de la maternidad es el producto final de abusos seriales o de descuido infantil crónico. Esta condición involucra al menos tres generaciones en las cuales una maternidad defectuosa o inadecuada se perpetúa a sí misma en un movimiento circular, reproduciendo un ciclo de abuso. Las perversiones femeninas incluyen bulimia, anorexia, automutilación, abuso sexual y físico de los niños e incesto con sus hijos de ambos sexos. Un porcentaje significativo de los pacientes que vemos - y esto se refiere tanto a hombres como mujeres - han sido abusados sexualmente cuando eran niños. No carente de importancia es el hecho de que las historias de las mujeres que son perpetradoras de abuso físico y sexual de los niños sean precedidas por la psicopatología de autoabuso o de relaciones sadomasoquistas. 
(...)
La falla para entender la naturaleza de la perversión femenina ha llevado a que algunas damas muy dañadas fuesen tan malinterpretadas como para negarles el tratamiento que necesitaban y el cual a veces habían demandado. Tales actitudes están entre las razones por las cuales los profesionales - aparte del público en general - tardan tanto tiempo en aceptar que las mujeres en tanto madres o que ejercen una profesión materna (enfermeras, cuidadoras de niños, etc.) pueden infligir daños irreparables y permanentes a los niños que, se supone, están cuidando. 

Mis observaciones clínicas confirman este sesgo. En innumerables ocasiones, las agencias y establecimientos estatales han expresado alarma - a veces lindando con el pánico - cuando me enviaban a pacientes masculinos abusadores sexuales. Esto contrasta fuertemente con la dificultad que mis pacientes femeninas tenían a menudo para ser tomadas seriamente en cuenta por algunas instituciones. Después de la inicial publicación de Madre, virgen, puta, muchas más mujeres se han presentado solas a la Clínica Portman para ser tratadas. Me han contado que los intentos previos de obtener atención profesional, en parte debidos a los sentimientos mezclados que sentían hacia su hijo - sea éste varón o nena -, no eran tomados seriamente.  


Relacionado:

- La agresividad intragrupo en "El Vacío de la Maternidad" de Victoria Sau:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/la-agresividad-intragrupo-en-el-vacio.html 

- Fragmento de "Violencia deliberada: las raíces de la violencia patriarcal" de Maria Dolors Molas Font: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/fragmento-de-violencia-deliberada-las.html

jueves, 18 de diciembre de 2014

"Antonia Maymon: anarquista, maestra, naturista". Reflexiones sobre sus artículos sobre feminismo

Hoy rescato diferentes artículos de Antonia Maymon sobre feminismo tomados del libro "Antonia Maymón. Anarquista, maestra, naturista" de Mª Carmen Agulló Díaz y Mª Pilar Molina Beneyto (el texto está publicado por la editorial Virus y se puede descargar aquí).

Además de maestra, Antonia Maymon fue madre de dos hijos adoptados, Manuel y Violeta. Y hablo de su maternidad porque para ella es el destino natural de la mujer, el de madre consciente educadora de las nuevas generaciones guiada por la "maternología y la puericultura". A pesar de que discrepo y matizaría muchísimo todo esto creo que es interesante que se oigan voces de mujeres anarquistas que valoraban la maternidad y los cuidados de los niños y niñas, que promovían el compañerismo y la lucha codo con codo con los hombres como compañeros.

El concepto mismo de "maternología" del que habla me parece un tanto terrorífico, ya que implica que la maternidad, la crianza y los cuidados en general son una ciencia con un corpus teórico de dogmas, teorías, métodos y prácticas. Aunque por otro lado... ¿Acaso no ha terminado convertido en eso finalmente? ¿Acaso no hay gente que afirma que practica la forma de criar "X" o "Z", algo que consideraríamos impensable al hablar del tipo de amor que profesamos en una relación erótica o amistosa? Por ejemplo, todavía no he oído a nadie decir "amo a mi pareja con apego" o "con mi amigo practicamos el método X de mantenimiento de hábitos saludables en la amistad", sin embargo si se oyen afirmaciones similares en cuanto a los estilos de criar a los hijos.

No se puede negar su lucidez al hablar sobre la maternidad como un elemento que marca nuestras vidas como hijos de por vida, para bien y para mal. Esa influencia se siente de forma muy diferente a como se vive la paternidad, igual de importante pero con sus características propias. Los bebés se gestan dentro de las madres (todavía...) y después, aunque hoy en día sea una rareza, pasan otros tantos meses en simbiosis con ellas, influenciándose y comunicándose mutuamente a través de la lactancia materna en un plano que unifica el cuerpo y la mente. Podría dar varios ejemplos de esta simbiosis pero uno de ellos podría ser el de que la lactancia temprana, nada más nacer, provoca contracciones uterinas que facilitan la expulsión de la placenta (importante para prevenir retenciones y hemorragias peligrosas). Hoy esa relación se sustituye por oxitocina artificial. Otro ejemplo de simbiosis podría ser la anovulación y amenorrea (falta de regla) de una duración variable en cada mujer que provoca la lactancia materna exclusiva, a demanda, sin chupetes ni horarios prefijados. Esto a su vez disminuye el número de papeletas de tener diferentes cánceres reproductivos (ovario, mama y endometrio) y ejerce de anticonceptivo natural. Podríamos hablar de otras tantas influencias mutuas entre el bebé y la mamá, por supuesto también en las madres que dan el biberón como si fuera el pecho, pero prefiero volver al texto que nos ocupa.

En los artículos de Maymon los cuidados maternales son considerados la base de toda revolución, más importantes que el voto o que adquirir derechos legales. Además, se consideran los problemas de los hombres como problemas de las mujeres y viceversa. Como Federica Montseny, ella también se autodenomina humanista en lugar de feminista. En ese sentido, ambas tienen un punto de vista holístico, global e integral sobre la realidad, lo que sí podría suponer una mirada que no ha perdido actualidad, ahora que la ciencia se reconcilia con lo humano y mamífero en obstetras como Michel Odent dentro del campo del parto o la psicóloga Heidelise Als dentro del campo de los cuidados de los bebés prematuros. Por supuesto, en este cambio de paradigma, poco aportan las visiones fragmentadas y parciales, como las del feminismo. En este sentido, esta corriente de pensamiento se encuentra totalmente obsoleta tanto en sus versiones más posmodernas, supuestamente radicales y subversivas, como en las más institucionales. Como la corriente tecnocrática que consideraba al bebé prematuro un objeto en el que intervenir, sin calidez en los cuidados, sin observar sus necesidades, sin escuchar qué estaba expresando con su lenguaje corporal, dejando de lado a la madre, al padre... de esta misma forma el feminismo actual ha perdido el tren. No escucha, no observa sin apriorismos ni teorías previas y descontextualiza a la "mujer" y al "hombre" aislándolos del ecosistema en el que viven. Solamente se mantienen en pie sus ideas gracias a la intervención estatal (desde la ONU y el USAid a las administraciones estatales, regionales y locales) y sus subvenciones directas e indirectas, a través de la publicidad en todo tipo de medios de comunicación. Los grupos no subvencionados o autónomos, minoritarios y casi inexistentes, repiten muchas de las consignas de las otras, en un diálogo tautológico y circular que se justifica a sí mismo. Desgraciadamente, todos los "desviamientos" del feminismo que Antonia Maymon de forma profética veía venir se han cumplido.

La frase "la natura la creó para madre y compañera del hombre", en voz de una anarquista naturista creo que hoy en día puede tener una resonancia diferente. ¿Está diciendo que todas las mujeres debemos ser madres? Bueno, ella misma no lo fue en un sentido biológico sino adoptivo. ¿Está diciendo que no deberíamos trabajar? Bueno, ella misma fue maestra y escritora. ¿Está diciendo acaso que toda mujer necesita a un hombre a su lado como pareja? Yo creo que no. No sé a lo que ella se refería exactamente, quizás se pueda entender en un sentido mucho más amplio. Toda mujer, independientemente de orientaciones sexuales o deseo o no de tener pareja masculina, vive en un mundo con hombres que, en principio y hasta que se demuestre lo contrario (y no al revés) son compañeros, ya sea como amigos, hermanos, padres... Y es evidente que en la Naturaleza, como animales que somos, nuestros cuerpos están diseñados como madres potenciales a nivel biológico, lo que no quiere decir que queramos o que tengamos que desearlo o que incluso deseándolo no debamos autoreprimir ese deseo en determinadas circunstancias.

Sin embargo, de lo que estoy radicalmente en contra es de lo que afirma en la frase: "Pero la mujer, como madre y como conservadora del fuego sagrado del amor, no puede intervenir en la vida pública como el hombre". ¿Se refiere a una descripción de la realidad de su época o a una afirmación válida para todo tiempo y lugar? Si es así, se trata de algo que habrá que demostrar y analizar. Yo creo que es un prejuicio y que no tendría que ser así, es simplemente una barrera que las mujeres que sí queremos ser madres y que sí queremos intervenir en la vida pública no nos hemos atrevido a saltar (como veis, no hablo de barreras impuestas por otros ni de victimismo sino de libertad y responsabilidad...).

Actualmente las madres con bebés pequeños para intervenir en la vida pública tienen que dejar a sus hijos con otras personas de forma temporal. Quizás llevar a los bebés a las asambleas, a los lugares de decisión y a los trabajos sí sea algo muy revolucionario, la revolución pendiente que rehumanice lo "público", visibilice la crianza y otorgue un valor a la presencia de los niños en la sociedad. Quizás sea la revolución que implique también crecer y aprender de primera mano lo que es el mundo, sin tener que estudiarlo solamente en los libros y en las aulas. Yo estoy deseando ver a una presentadora de telediario o a una cajera de supermercado con su bebé, (aunque esto no haga mejores ni peores estos trabajos, como bien sabe la eurodiputada italiana Licia Ronzulli del partido de Berlusconi). Y si cae la productividad, señores y señoras, se siente mucho, la vida, la VIDA debe tener otros ritmos que no sean los marcados por la caja registradora o el reloj de la Oficina de Pesos y Medidas de París. Por supuesto, sin caer en un nuevo dogma de "tener que" llevar al bebé a todas partes. Siempre habrá profesiones y tareas que por sus características o implicaciones de seguridad o concentración extrema tengan que excluir a los bebés y niños. Siempre habrá momentos y lugares en los que sencillamente ni se quiera ni se pueda llevar a los hijos.

Mujer amamantando a su hijo mientras escucha un discurso político cerca de Badajoz, Extremadura, 1936. © Estate of David Seymour / Magnum International Center of Photography.

"PARIS—A photo researcher at work, 1982." © Martine Franck / Magnum Photos"


Licia Ronzulli y su hija Vittoria

 ¿Puede la mujer ser el sostén de ella misma, no ser mantenida por un hombre, y a la vez dedicarse a la educación de las generaciones futuras de hombres y mujeres? ¿Debe ser tarea exclusiva de la mujer educar a los niños y niñas? En mi opinión, Antonia Maymon está totalmente equivocada en este asunto y pierde toda la perspectiva global que parecía tener en el resto de artículos. Los niños absorven como esponjas todas las relaciones y estímulos que reciben y, a pesar de que creo que la madre es fundamental, sobre todo los primeros meses, también lo es el padre y toda la familia y red extensa de relaciones que deberíamos tener a nuestro alrededor y no tenemos (de ahí el famoso libro de Carolina del Olmo, "¿Dónde está mi tribu?", aunque también podría haberse escrito otro que se llamase "¿Dónde está mi familia extensa y mis redes sociales? Repartidas por el extraradio de la gran ciudad, otras provincias y el extranjero..."). Bien al contrario, cada vez estamos más solos. En resumen, Antonia Maymon dice cosas interesantes y otras que están cargadas de prejuicios y conducen a un callejón sin salida. Es una pena pero muchas de sus afirmaciones se han quedado en otra época, con kilos de polvo encima y sin actualización posible, como el feminismo del que habla. Ser una madre aislada junto a un bebé o un niño entre cuatro paredes y sin redes sociales puede ser tan alienante como el peor de los trabajos asalariados de fábrica. Ser una madre aislada entre las cuatro paredes de la oficina, echando de menos a un bebé y sin ver crecer a un hijo por horarios y trabajos absurdos también lo es. Caminemos hacia una mayor diversidad de opciones, pero advierto que ese camino no va a ser fácil y habrá que echarle mucho valor para cambiar las cosas, mucho más cuando el capitalismo mundial está en plena reestructuración y no sabemos si nos espera un modelo de producción de estilo Foxconn o un modelo de miseria en el que ya ni siquiera tengamos valor ni como productores ni como consumidores. A ver si de una vez logramos cambiar la visión y la estrategia y dejamos de ser objetos, dejamos de depender de lo que otros planeen para nosotros, y nos convertimos en sujetos activos de nuestra propia historia.

Me quedo con lo que sí es válido y actual del pensamiento de Antonia Maymon y deshecho lo que creo que ya no vale ni para comprender la sociedad actual ni para cambiarla. Como nota "curiosa" la wikipedia la destaca como "incipiente feminista", nada más lejos de la realidad, como veremos a continuación. Dejemos hablar a sus textos:

Feminismo (1) - Pg. 252

El señor «Cahítos», en El Socialista, se dedica preferentemente a la propaganda femenina. Esto nos parece muy bien, ya que estamos convencidos de que la mujer es un factor importantísimo en la lucha social; pero — siempre hay un pero para los que vivimos la verdadera realidad de esta pícara sociedad— encontramos su propaganda a veces algo insincera.

La mujer en Cataluña, especialmente en Barcelona, ha sido la que más ha seguido los incidentes de la lucha social, sin que haya estado guiada por una verdadera consciencia en las luchas sindicales. Ya por ser la región más industriosa o ya porque las reivindicaciones proletarias tienen más incremento en dicha población, lo cierto es que en Barcelona la obrera, si no era la verdadera compañera del proletario, fue su colaboradora mucho más asidua y constante que en el resto de la Península.

Ahora bien, dicho señor se lamenta precisamente de lo contrario. En uno de sus artículos, se queja de la apatía de la mujer catalana, en general, y de la barcelonesa, en particular, por lo cual, según el articulista, en esta región no disfrutan las mujeres de algunas mejoras conseguidas por sus hermanas de otras regiones.

 Confieso mi ignorancia; pero no conozco ninguna ventaja positiva ganada por las mujeres, ni tengo ninguna noticia de que en alguna provincia exista una agrupación femenina que, conscientemente, labore por el verdadero progreso. Hasta ahora en España, se ha hecho muy poquito en este sentido y el verdadero feminismo está tan escasamente representado que apenas alguna individualidad puede llamarse genuina representación del verdadero derecho femenino.

La mujer, considerada como obrera, tan mal considerada está en Cataluña como en el resto de la Península, y, aunque en algunos puntos existan agrupaciones femeninas numerosas, poco es el resultado positivo conseguido por ellas, ya que no saben encauzar el movimiento que empieza a iniciarse en España a favor de la mujer y del niño.

Va desapareciendo el concepto arcaico que de la fémina y del infante se tenía y, frente a la degeneración presente, se empieza a vislumbrar que con mujeres tan ignorantes como las actuales y con generaciones tan raquíticas de cuerpo y mente como las venideras, si se sigue por el camino trillado por nuestros antepasados, vamos a un abismo. Mas los remedios hasta ahora iniciados no responden a la trascendencia del problema.

Las unas, como las presentadas de modelo por «Cahítos», todo lo esperan de la ley y desean competir con los hombres en la elaboración de leyes protectoras, como si la mentalidad y la conciencia se pudieran adquirir de reaborden , mientras otras hacen del feminismo una bandera de frivolidad y ligereza, como si la mujer hubiera venido al mundo para pintarse y ser una muñeca de adorno.

De todas estas equivocaciones surgirá el verdadero feminismo, cuando la mujer comprenda su verdadera misión, que no será feminismo sino humanismo, ya que el problema no es de la mujer ni del hombre, si no de la humanidad toda. Y, si queremos especializarlo más, de maternidad, ya que de la madre depende el porvenir de las futuras generaciones. Tanto es así que en el extranjero se ha emprendido una campaña a favor de la puericultura y la maternología, de la cual debiéramos preocuparnos más que del voto y de conquistar los mismos derechos que el hombre.

Entre tanto, déjese el señor «Cahítos» de cantar las ventajas conseguidas por ciertas provincias en el feminismo. Sabemos perfectamente cuáles son y adónde van a parar: a la cuestión política y, francamente, la han desacreditado bastante los hombres para que nos entusiasmemos con ella las mujeres.

Acción Social Obrera . Órgano de los sindicatos de la provincia de Gerona adheridos a la CNT de Sant Feliu de Guíxols , año VIII, n.º 426, 10 de julio de 1926.

 Feminismo (2)

Va tomando incremento este asunto: son ya muchas las mujeres que se preocupan de ello y, como necesariamente tenía que suceder, hay tantos feminismos como escritoras.

Sin embargo, hay que hacer honrosas excepciones. Compañeras hay que en esta cuestión demuestran un criterio excelente, pero son aquellas que antes del feminismo se preocuparon del problema humano, eje principal alrededor del cual giran todas las reivindicaciones.

Yo no soy feminista; nunca lo fui y muchas veces he hecho ya esta declaración. No obstante, empieza a preocuparme el feminismo, porque empieza a manifestarse en la mujer un sentimiento de preocupación de su significación social y está muy expuesto que sufra desviaciones lamentables.

 En la resolución del problema humano no pueden estar separados los factores hombre y mujer; que ésta ocupe lugares inferiores al de aquél y que el hombre se haya convertido en un tirano de su compañera es la consecuencia de las injusticias sociales, creadas y sostenidas al amparo de nuestra ignorancia y cobardía.

El feminismo implica masculinismo y lo único que faltaba, en el actual caos social, es que la mujer, al querer reivindicar sus derechos, se colocara enfrente del hombre, en actitud hostil, y que éste se mofara y hasta se preparara a combatirla en éste, su resurgimiento social.

Que esto podría ocurrir, lo demuestran las varias escritoras que, al ocuparse del feminismo, lo hacen a base de presentar al hombre como a un tirano a quien hay que combatir sañudamente, y se afanan en justificar que la mujer vale tanto como el hombre —algo que ya ha demostrado en ciencias, artes y literatura—.

Otra de las causas que hacen temer un desviamiento es su intromisión en la política, que, si nefasta ha sido dirigida por el hombre, será un arma de dos filos en manos de la mujer, que haría de sí misma su primera víctima.

En España, el feminismo ya ha tenido en un ayuntamiento su representación, en una procesión, en la persona de una joven y culta concejala. Y esto, que ha sido causa de satisfacción para la mayoría de las feministas, es causa de honda pena para las que no lo somos y vemos en la mujer un algo tan delicado y exquisito, que junto con el hombre ha de luchar sin tregua ni descanso por la desaparición de las injusticias sociales y el reconocimiento de la verdadera justicia.

Desengáñense hombres y mujeres: ni existe la inferioridad de uno ni otro sexo, ni la tiranía del hombre sobre la mujer. Ambos tienen una misión que cumplir y la naturaleza ha marcado perfectamente los derechos y deberes de ambos, que, esclavos de su respectiva ignorancia, han vulnerado las leyes naturales y con ello creado una vida artificial que urge destruir, si queremos que cada uno ocupe su lugar y cumpla su misión.

Antes de ser la mujer esclava del hombre, es su propia esclava; los atavismos y prejuicios que pesan sobre ella la han hecho ocupar un lugar secundario, del que está obligada a salir por su propio esfuerzo, pues si se ha repetido hasta la saciedad que la emancipación de los trabajadores tiene que ser obra de los trabajadores mismos, la emancipación de la mujer tiene que ser obra de sí misma, de la completa conquista de su sexo y de saber ser mujer completa para poder conquistar su puesto en la vida.

Al emprender la lucha de reivindicación femenina, la mujer debe tener sumo cuidado de no perder ninguna de las características de su sexo, sin deslumbrarse con conquistas masculinas, que muchas de ellas son producto de un estado social caótico y degenerado. Y debe tener en cuenta que la natura la creó para madre y compañera del hombre. Si en la actualidad existen antagonismos, si el hombre comete injusticias y tropelías con quien debe considerar como complemento indispensable de su vida, culpa es de todos, que mal educados y peor dirigidos, hacen de la vida una lucha, en lugar de embellecerla.

Como es un tema de interesante actualidad, prometo ocuparme otras veces de él.

Generación Consciente , n.º 36, agosto de 1926, pp. 172-173.

 Feminismo (3) 

Diferentes opiniones ha habido referentes al libro de Gina Lombroso, El alma de la mujer. No es de extrañar, ya que muy pocas cosas están exentas de faltas y de bellezas y, mientras unos ven las primeras, otros aprecian las segundas. Yo, que soy bastante lega para criticar, encuentro en él algunos defectos y bastantes páginas encantadoras y selectas.

 Lo que más acerbamente fue juzgado por la joven y conocida escritora Federica Montseny es el criterio sustentado por la autora de la dependencia moral de la mujer al hombre. Hay que seguir al movimiento feminista, para saber que casi todas las mujeres tienen el mismo concepto de su sexo; y hay que juzgar desapasionadamente, para no dejarse influir por esta apreciación que, pugnando con nuestro punto de vista, nos haga rechazar en conjunto un libro que puede tener excelentes detalles.

Son muy contadas las mujeres que, en sus relaciones amorosas, no vean al hombre como un sostén moral, en el cual han de apoyarse durante su vida. Son tantas las causas que han contribuido a la formación de esta creencia que sería necio pensar en su pronta desaparición. El independizar el amor de la parte material es una gran conquista para su elevación moral —la conquista más importante si queremos librarlo de la prostitución, que resulta de su venta, más o menos legal— y bastante difícil en una sociedad que coloca a la mujer en tan desfavorables condiciones.

Hay que propagar la completa y absoluta libertad en las cuestiones amorosas, pero sin apartar la vista del presente, para ir desbrozando los obstáculos que la mujer encuentre en su camino de emancipación. Hoy la mujer se gana la vida con más facilidad, pero está esperando al hombre que la libre de la esclavitud del trabajo y es porque éste es hoy impropio e inadecuado para la mujer, y ésta sólo lo acepta transitoriamente, hasta su casamiento, finalidad que continúa siendo para ella la aspiración suprema.

Y es que el trabajo hoy no puede satisfacer ni a uno ni a otro sexo. Si las mujeres hubiesen sido las que se hubieran apoderado de la política y la cuestión económica, serían hoy las que protestarían por la desigualdad social, mientras que los hombres buscarían el arrimo a la mujer para solucionar su porvenir; solución que en realidad no es tal, ya que las circunstancias también obligan a la mujer, después de casada, a trabajar para mal cubrir las más indispensables necesidades de su familia.

Pero la mujer, como madre y como conservadora del fuego sagrado del amor, no puede intervenir en la vida pública como el hombre. En hora buena se enorgullezcan los políticos con la conquista del voto femenino y demás zarandajas; la mujer, con o sin banda de concejal, en llegando a casa, será tanto más femenina cuanto más culta y, afortunadamente, no dedicará su tiempo, como el hombre, a los agios y embustes políticos. Su psicología, y en esto estoy conforme con la señora Lombroso, es más sentimental que práctica, y es por ello que se les ha visto siempre interesarse más por las campañas de justicia, cuando han sabido llegar a su sentimiento, que por las de orden político.

Hoy la mayor desviación de la juventud femenina es la frivolidad. La mujer ignorante de hace pocos años que, carente de instrucción, sólo pensaba en la esclavitud del hogar y la religión, ha sido sustituida por la muñeca de labios pintados y tez maquillada, que encuentra aburrido el hogar y deambula por las calles, con ademanes desenvueltos, fingiendo una desenvoltura que no posee en la realidad, tan desorientada de la vida como sus abuelas, que pasaban el día muriendo de hastío, encerradas en casa.

Todo ello es efecto de la misma causa. Nuestras abuelas languidecían en casa —atadas a los prejuicios y rutinas, en espera del amor—, sin sólida cultura, sin ideales y con completo desconocimiento de la vida, y aceptaban al primer hombre que las libraba del espectro de la eterna soltería. Completamente abúlicas, fueron dignas antecesoras de las que hoy se exhiben con el mismo fin, cabezas de chorlito, con el cabello largo o corto y las manos con o sin manicura. Estas últimas no tienen más aspiración que el matrimonio, como garantía de solvencia moral y de seguridad económica.

Y es porque en la actual sociedad todo está descentrado y fuera de lugar; por eso decía, en mi anterior, que el problema no era feminista, sino de humanidad. Colóquese cada uno en el sitio que le corresponda y la mujer será lo que debe ser, una parte del todo social, que convenientemente capa - citada para su misión la cumplirá, sin querer intervenir en asuntos que no sean de su incumbencia; en tanto que hoy las necesidades de la vida la obligan a realizar tareas impropias de su sexo y que le roban su feminidad. Otro día trataremos de los trabajos propios de la mujer y de su importancia en el progreso social.

Generación Consciente , n.º 38, octubre de 1926, pp. 241-242.

Feminismo (4) 

Muchas veces se ha dicho que la dependencia económica de la mujer era la mayor inmoralidad de esta sociedad, que hace una venta del sentimiento más noble y excelso del ser racional.

 Es indudable que la mujer que se ha creado una situación económica independiente está en condiciones favorables para entregarse, por amor, al hombre que ella libremente elija para compañero de una hora, de unos días o de toda la vida, según las diferentes circunstancias que determinen esta unión.

De esto se deduce que toda mujer debe ser el sostén de ella misma y, por lo tanto, excluyendo a las privilegiadas de la fortuna, es indispensable que trabaje en una forma o en otra, para no tener que recurrir a la venta, efímera o legal, que asegure su vida.

En la actualidad, son muchas las que se dedican a diferentes oficios, aunque, como hace notar una joven feminista, en cuanto pueden dejan la máquina y el diario para dedicarse al cuidado del marido, si es que éste puede sufragar los gastos domésticos. No falta, sin embargo, quien, después de casada, tiene que continuar tejiendo o preocupándose de la partida doble.

Para darse cuenta exacta de lo indigno que resulta que la mujer tenga que ser mantenida por el hombre y lo injusto que es, al mismo tiempo, el que agoste su juventud y sea explotada, especialmente en algunas épocas de su vida, es preciso ahondar en el problema social, sin lo cual toda nuestra propaganda sería la tela de Penélope, ya que lo que repudiáramos por un lado, habríamos de aceptarlo por otro.

 La mujer libre —más femenina cuanto más culta y que es tan celosa de su dignidad como de sus sentimientos exquisitos y refinados— sólo es producto de una sociedad libre, donde todo individuo pueda desenvolverse en el lugar que le corresponde, puesto que, en el actual estado de cosas, son muy contadas las que pueden crearse esa independencia económica, que les permita elevarse moral e intelectualmente, y constituir, de paso, las relaciones amorosas con arreglo a su temperamento y modo de ser. Las demás, esa pléyade de obreras manuales que han de arrastrar una vida de bestias de carga, no pueden ser norma de independencia económica y, por lo tanto, no debe extrañar que dejen ese trabajo en cuanto tengan ocasión, puesto que no sólo no las redime del amor, sino que, por el contrario, las hace, muchas veces, doblemente esclavas de él.

Si el salariado es un estigma social aplicado al hombre, lo es doblemente aplicado a la mujer, ya que le roba su más preciado tributo: el de educadora que, por derecho natural, le ha concedido la naturaleza y en el cual debería especializarse, hasta conseguir los óptimos frutos que indudablemente alcanzaría, perfeccionando de paso su feminidad, cualidad indispensable, para el cumplimiento de su misión.

La educación de la niñez será, en la sociedad futura, encomendada única y exclusivamente a las mujeres, que, como madres conscientes, habrán aprendido a serlo limitadamente; y, perfectamente preparadas para ello, sabrán desde el más íntimo y delicado cuidado del niño recién nacido, hasta la dirección intelectual y moral; desde la cuna a la adolescencia.

Ni las mujeres encorvadas en una máquina o encerradas en una fábrica, mientras sus hijos se crían abandonados física y moralmente, ni la mecanógrafa o empleada, que sueña con imitar a las burguesas y sólo puede conseguirlo a costa de su dignidad femenina, pueden influir nada en la emancipación femenina; son engranajes de una rueda social mal confeccionada, consecuencia y efecto de una causa funesta: la explotación del hombre por el hombre.

El trabajo propio y exclusivo de la mujer es la educación de las generaciones futuras y en el cumplimiento de esta misión ha de encontrar su continuo perfeccionamiento y la conquista de su feminidad. Y de la perfección de la mujer, saldrán los supremos artistas, porque la suprema bondad es suprema belleza; los grandes sabios, porque el afán de investigar es afán de ciencia; y los pensadores, que marcarán las evoluciones progresivas, porque el grande amor humano es grande sed de verdadera justicia. Y la mujer, cada día más femenina, menos dedicada al trabajo y más a su misión de educadora, se recreará con todo lo grande y todo lo bello, porque será madre de todos los humanos, engendradora de todo lo sublime y conservadora de todo lo justo.

Generación Consciente , n.º 39, noviembre de 1926, pp. 279-280.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Que se escuchen otras voces: el trabajo no supone una liberación, la maternidad es parte de la salud sexual...

A veces releo un libro y veo una pequeño texto que me gustaría compartir. Esta es de "Revolución en punto cero" de Silvia Federici y, aunque adolece de falta de visión integradora respecto a los hombres, creo que es interesante su lectura, sobre todo después del monográfico en papel de El País Semanal dedicado a "las mujeres" lleno de publicidad de perfumes caros y de esa organización emancipadora de la mujer llamada "El Corte Inglés", entrevistas a Emma Bonino, Melinda Gates, Christine Lagarde, empresarias y, como no, esas nuevas generaciones del feminismo (supuestamente más subversivas y rompedoras, al menos a nivel estético) que repiten de forma machacona los mensajes y las consignas de las ONU y el Banco Mundial:

Pg. 98: "El movimiento de mujeres debe darse cuenta de que el trabajo no supone una liberación. El trabajo dentro de un sistema capitalista es explotación y no hay placer, orgullo o creatividad alguna en ser explotada. Incluso el concepto de "carrera profesional" es una ilusión en lo que respecta a la realización personal. Lo que pocas veces se reconoce es que la mayor parte de los empleos que se desarrollan mediante una carrera profesional requieren que se ejerza poder sobre otras personas, a menudo sobre otras mujeres y que esto depende de las divisiones entre nosotras. Intentamos escapar del encasillamiento en los guetos obreros y oficionistas para poder disponer de más tiempo para nosotras y estar más satisfechas, solo para descubrir que el precio que pagamos por progresar es la distancia que se interpone entre nosotras y otras mujeres. Con todo, no hay disciplina que impuesta a otros no nos impongamos a nosotras mismas, lo que significa que el mismo hecho de llevar a cabo estos trabajos mina nuestras propias luchas".

Leo con curiosidad uno de los artículos en La Marea de una de las jóvenes feministas citadas por El País con un título que me interesa: "Los retos de la salud sexual". Antes de leerlo, me pregunto, ¿hablará en algún momento de maternidad, parto y lactancia como parte de la salud sexual de las mujeres? Efectivamente, la salud sexual de nuevo es limitada, previas citas de diversos organismos internacionales, al uso de anticonceptivos, lo que equivale a hablar solamente de una parte del asunto. Es más, a nivel global incluso el Club de Roma en su último informe reconoce que el desarrollo industrial y urbano que se lleva a cabo a pasos agigantados en el mundo es el "anticonceptivo" más importante y efectivo actualmente, ya que tener hijos resulta en sí mismo algo caro y complicado en los nuevos contextos vitales, laborales y existenciales. Por esta razón, se pronostica que a partir de 2040 la población mundial comenzará a decrecer. En cualquier caso, considero que el autoconocimiento del cuerpo y la posibilidad de usar las diferentes formas de anticoncepción son algo importante y necesario, siempre que se entienda también el contexto biocultural y político en el que se utilizan y promocionan.

La salud sexual es un tema muy amplio pero de nuevo, una vez más, no hay en el artículo ni una palabra sobre los riesgos para la salud de las mujeres de la maternidad tardía, la nuliparidad y la ausencia de lactancia, para poder tomar decisiones informadas, libres y éticas. ¿Por qué? Porque este sistema reprime en los países industrializados la maternidad durante los años más "productivos" y, años más tarde, la promueve en su versión desesperada, tecnocrática, mercantilizada, consumista, hipermedicalizada, hiperplanificada, congelada, desvinculada, fragmentada y, por último, desconectada de toda excitación sexual y pasión erótica en el acto de concebir vida humana.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Un suceso insignificante

Ayer ocurrió algo que no saldrá en ningún periódico, un evento en teoría insignificante al lado de las detenciones de corruptos, los escándalos políticos y las operaciones policiales de nombres rimbombantes.

Lo que pasó fue lo siguiente: todas las personas que iban dentro de un abarrotado ascensor del metro de Madrid en la estación de Cuatro Caminos se negaron a bajar para que pudiera entrar una madre con un niño pequeño en un carrito. No es que no se dieran cuenta, ya que ella misma se lo hizo ver, señalando que la utilización de los ascensores es prioritaria para algunos usuarios, entre los que se encuentran las personas que viajan con niños pequeños. Hubo silencio, miradas bajas y las puertas del ascensor se cerraron con una mezcla de vergüenza y satisfacción. Quizás esos viajeros, jóvenes en su mayoría y capaces de usar las escaleras sin problemas, ganaron unos minutos para llegar a su lugar de destino. Todos perdimos en humanidad.

¿Qué se puede esperar de una sociedad así? ¿En serio alguien cree que puede existir regeneración social cuando todo se centra en lo político y económico y se olvida la convivencialidad? La forma en la que se crean y consolidan las relaciones humanas es la base sobre la que se construye una sociedad. No es peor, humanamente hablando, cualquiera de las personas que iba en ese ascensor que el mayor de los políticos corruptos.

Reconocer la propia inmoralidad es el primer paso para cambiar las cosas y no hay mayor inmoralidad que no ser capaz de acabar con una situación injusta. En este caso concreto, la madre del carrito tendría que haber sacado, independientemente del grado de violencia, a por lo menos cuatro o cinco personas del ascensor. O por lo menos haberlo intentado. En lugar de eso se quedó simplemente en la denuncia y hoy todos los implicados habrán borrado de su memoria tan banal suceso.

Sin embargo, las personas que apostamos por un verdadero cambio social no podemos dejar de señalar que lo que oficialmente es identificado como lo "importante" es secundario al lado de lo "insignificante". La corrupción moral está tan dentro de nosotros como lo está en el político más bribón, quizás tan sólo hay una diferencia de grado o de actitud. Mientras otros se limitan a señalar los males ajenos como objetivo militar a destruir, otros pensamos que lo ético y lo convivencial debería ser prioritario. Lo más duro de todo es darnos cuenta de que casi todos hemos ocupado y alternado en algún momento el papel de la gente del ascensor y el de la madre y el niño que se quedan fuera. Ascensor, metáfora de una sociedad decadente. Un asunto insignificante para el que no habrá manifestaciones ni concentraciones ni cartas de disculpas y que debería ser abordado desde la óptica de la convivencialidad. 

Fotografía de http://nosolometro.blogspot.com.es

viernes, 12 de septiembre de 2014

Las borrosas lentes de la ideología

Una muestra de proyección de la propia ideología en la observación de la realidad, omisión de lo que no casa con los propios prejuicios y repetición de mantras autoreferenciales del mundo universitario y del feminismo y ecologismo de estado:

Intervención de Alicia Puleo desde el minuto 10.30

https://www.youtube.com/watch?v=tkE6-KJ153Q




 El gran problema del ecofeminismo es la dicotomía esencialista/constructivista. Somos seres bioculturales, la biología afecta a la cultura y la cultura afecta a la biología. Están profundamente imbricados. Por eso, deberíamos comenzar por quitarnos las "gafas" de antropólogos, biólogos y místicos para ver qué ocurre ahí fuera realmente. Por otro lado, tampoco podemos negar nuestras cosmovisiones y nuestros prejuicios, ya que siempre será mejor evidenciarlos y ponerlos en cuestión que ocultarlos, reprimirlos o negarlos. En cualquier caso las ideas previas no deberían alejarnos más de la realidad para convertirse en ceguera. Yo, al menos, como en tantas otras cuestiones, no me identifico ni me siento cómoda en ninguno de los bandos presentados en este tipo de controversias y creo que todos los protagonistas tienen razón en algunas cuestiones parciales. La tarea de cualquier sujeto crítico debería ser separar, como dice la expresión popular, el grano de la paja.

En este video Alicia Puleo arremete contra la asignación de tareas "tradicionales" de una manera acrítica (aprox. 12.30) y afirma que el feminismo temía que al defender sociedades que no fueran tan destructivas con el medio ambiente se plantearan formas de sociedad desfavorables hacia la autonomía de las mujeres.

El mundo preindustrial y preneolítico tiene multitud de ejemplos concretos que demuestran la gran autonomía que tenían las mujeres. Es más, una hipótesis interesante de partida sería plantear que a más desarrollo y mayor especialización, más desigualdades y más jerarquías. Por eso, las sociedades de cazadores-recolectores son tan igualitarias dentro de sus diferencias, diferencias que puede que tengan más un sentido práctico que ideológico en un principio, como cualquier madre lactante del siglo XXI podría entender: si estás dando el pecho de forma intensiva a tu hijo ves claramente que hay trabajos o tareas más compatibles que otras con el momento vital en el que te encuentras tú y tu bebé. Por ejemplo, ir a cazar con un bebé en una bandolera quizás sea posible aunque poco práctico. Sin embargo, recolectar durante sólo tres días a la semana junto a otras mujeres el 80% de la comida de la que se alimentará tu familia es bastante compatible con la crianza.  Un libro fundamental para mí en este sentido es el de Marjorie Shostak "Life and Words of a Kung Woman" en el que se describe una sociedad de cazadores-recolectores de Namibia en la que mujeres y hombres gozan de una autonomía similar, a pesar de la especialización por sexo de sus tareas. Esto no es óbice, sin embargo, para que las actividades masculinas sean consideradas un poco más valiosas que las de las mujeres (la carne está muy valorada) y esto quizás sea el germen de las jerarquías y desigualdades más acusadas que se ven en las sociedades sedentarias más especializadas. En el libro se cuenta el caso de una mujer de mediana edad que quiso cazar porque su marido no traía carne y, a pesar de ser considerado un caso excéntrico, nadie se lo impidió y se le daba bastante bien.

Hoy en día, en un mundo urbano como en el que vivimos muchas de nosotras, todavía hay tareas más compatibles con la maternidad, la exterogestación y la lactancia que otros. Por ejemplo: una mujer cartera o una mujer autoempleada en su propia tienda podrían realizar su trabajo junto a su bebé. Sin embargo, podría ser bastante peligroso que una neurocirujana se llevara a su hijo a una operación y sería más conveniente que durante ese proceso otra persona cuidara de su hijo.

España, 1966.
Fotografía: Eve Arnold
http://www.eticamente.net/31489/foto-antiche-donne-allattamento.html
Alicia Puleo también arremete en el minuto 14.42 contra la revista The Ecologist, en concreto contra su número 48 titulado "La R-evolución calostral ha empezado", título que le parece bastante cómico a la audiencia de la charla, según podemos escuchar por sus risas en el video. Todavía me pregunto qué tiene de cómica la palabra "Calostral". Pareciera más bien la típica risa de adolescente reprimido cuando alguien le habla de genitales o sexo. ¿Nos da vergüenza hablar de calostro a estas alturas? Una muestra más de puritanismo y castidad feminista cuando se trata de hablar de maternidad. ¿Cómo alguien puede decir que es feminista riéndose de uno de los líquidos más valiosos y preciados que produce el cuerpo femenino? ¿Cómo podemos hablar de "ética del cuidado" sin sonrojarnos después de escuchar esas risitas? El calostro forma parte de la cultura del cuidado, del cuerpo de la mujer y, de forma simbiótica, de los bebés afortunados que lo toman. Quien se ríe de los fluidos varios del cuerpo de una mujer no es más que un misógino. Nos encontramos una vez más ante una muestra moderna y feminista del famoso tabú antropológico del calostro. ¡Vergonzoso en pleno siglo XXI!

No seré yo quien defienda de forma íntegra ese número concreto de la revista The Ecologist y su visión de lo "natural" y lo "tecnológico", conceptos harto complejos y problemáticos, pero de ningún modo puedo negar que nuestros cuerpos son humanos y pertenecen al género animal mamífero (hasta que se demuestre lo contrario). Negar eso es vivir e inventarse un mundo paralelo ajeno completamente a la biología, quizás más cercano al mundo de los espectros, los espíritus del purgatorio, los ángeles o los robots (estos al menos tienen átomos y están fabricados de algún material concreto). Quizás alguien debería comenzar a invitar a un óvulo y un endometrio humanos a realizar un Máster de Género en alguna universidad estatal para enseñarles cómo se deberían de comportar. Negar la biología es ideológico. Negar la cultura también. Somos seres bioculturales.

Dice Alicia Puleo sobre el minuto 14.42 algo así como "El monográfico se llamaba la R-Evolución Calostral* (risas) y llegaba a plantear cuestiones como que las mujeres hemos accedido a la universidad, nos hemos llenado de títulos olvidando nuestras funciones naturales. O que las mujeres estábamos sometidas, reprimidas en nuestro destino natural que era el de dar a luz. Me suena ese argumento". No sé exactamente de qué artículo está hablando (tengo la revista sobre mi mesa) pero que la maternidad está siendo retrasada por los estudios universitarios y el trabajo (tal y como los conocemos hoy en día) es un hecho asumido, estudiado y defendido por instituciones como el Club de Roma y denunciado por feministas como Rebecca Walker. Por supuesto, podríamos perfectamente ir embarazadas y lactando a la universidad y al trabajo y romper ese tabú, pero esa es una revolución que todavía nos queda por hacer, la de incorporar a los niños a la vida social fuera de la reclusión de las guarderías.

La maternidad está siendo fuertemente atacada y manipulada por todos los frentes en el mundo actual y en nuestro país de forma concreta. Está siendo reprimida por condicionantes externos y autoreprimida por nosotras mismas (quizás una de las manifestaciones más obvias y cuantificables es el crecimiento cada año del número de mujeres y parejas heterosexuales que recurren a tratamientos de reproducción asistida por haber retrasado la maternidad). Esta represión y manipulación de mentes y cuerpos maternales y no maternales viene de antaño. El régimen franquista hizo una gran labor de ingeniería social en el campo de la maternidad. El régimen postfranquista en el que vivimos sigue atacando y boicoteando el parto, la lactancia, la maternidad y, no lo olvidemos, la paternidad. Si acaso más esta última, privando y prohibiendo a millones de hombres soñar en ser padres (una responsabilidad inasumible según la ideología del hedonismo consumista imperante) y, si lo son, cuidar a sus hijos o, simplemente, compartir con ellos más de unos pocos momentos diarios, el que puede. Lo peor no es que se ataque la maternidad/paternidad, si nos quedáramos ahí volveríamos al pensamiento victimista de siempre. Lo peor es que lo hayamos aceptado con total resignación o normalidad.

El cuadro "Los deberes desagradables del padre" (Unangenehme Vaterpflichten) de Adriaen Brouwer (aprox. 1605/1606–1638). Independientemente de que se considere una tarea desagradable o no, aquí se ve a un padre preindustrial cuidando de su hijo, concretamente, limpiándole el culo. ¡Y era considerado un deber! Un cuadro para la reflexión sobre la paternidad.
Sobre el minuto 18.06, Alicia Puleo habla de cómo afecta a la salud de las mujeres el problema medioambiental y la contaminación. De este tema he hablado ya en multitud de artículos en este blog así que no me voy a extender (algunos posts se pueden leer aquí, aquí y aquí). Repetiré una vez más, como una voz en el desierto ecofeminista, que en la vida los problemas no solamente vienen de las actuaciones de otros (los malvados capitalistas contaminantes) sino también de las decisiones que tomamos (habitos de vida). Y esas decisiones se ven influenciadas a su vez por la cultura. Y la cultura, en sociedades como la nuestra, se ven influenciadas por decisiones biopolíticas más que por la tradición o, mejor aún, nuevas tradiciones son creadas y recreadas ad hoc.

El aumento alarmante del cáncer de mama en nuestras sociedades está íntimamente relacionado con la no maternidad, la maternidad tardía y la falta de amamantamiento. Además de la contaminación hay tres elementos de nuestra sociedad que están teniendo un impacto severo en nuestra salud, desde un punto de vista evolutivo: comemos más de lo que necesitamos, no ejercitamos nuestro cuerpo como nuestro cuerpo humano necesitaría, y nos reproducimos/amamantamos nada, poco y tarde. Estos tres elementos están relacionados íntimamente con nuestra fertilidad, con la llegada de nuestra primera regla y con el número de ciclos menstruales ovulatorios que tendremos durante toda la vida. Son elementos interconectados y bioculturales. Negar la evidencia científica en este aspecto y seguir culpando como ÚNICO factor a la contaminación ambiental de absolutamente TODO es una irresponsabilidad. La contaminación está ahí y es fruto de la industrialización. Pero la industrialización contamina también nuestras vidas de otras formas además de con tóxicos químicos.

¿Por qué Alicia Puleo no puede admitir y ni siquiera investigar estos factores influyentes en los cánceres femeninos? Porque son políticamente incorrectos frente al feminismo en el que ella se enmarca. Como no cuadran con su ideología, los obvia. Hablar de contaminación ambiental es muchísimo más correcto. ¡A nadie le parece mal y todo el mundo puede seguir en su zona de comfort intelectual! Pero ocurre que a veces la verdad duele y es incómoda. Y entonces tenemos que matizar nuestras ideas previas y, realmente, después nos damos cuenta que tampoco pasa absolutamente nada por rectificar de vez en cuando. Una mujer puede seguir decidiendo libremente no querer ser madre asumiendo los costes para su salud física-mental (los costes mentales son mucho más políticamente incorrectos así que los dejamos para otro post) de no serlo. Esa es la libertad consciente y responsable. ¿A qué tenemos miedo?

Entiendo que sí tengan miedo los que se benefician de las ideologías que reprimen la maternidad, la paternidad, la crianza, la amistad, el amor y la vecindad, los beneficiarios principales de que toda la energía vital de cuidados, amor y pensamiento que no brindamos a nuestros seres queridos sea dirigida hacia la producción de basura material e intelectual, hacia la guerra por los recursos del planeta y los recursos de la vida.

También es extremadamente incorrecto hablar de relación simbiótica madre-bebé pero es real, tanto en madres que dan el pecho (y una muestra es que la succión del bebé es sana para el cuerpo de la madre, siendo capaz de prolongar la amenorrea de la lactancia y los ciclos menstruantes anovulatorios durante meses o años), como en las que no lo dan porque no han podido pero sienten esa fusión emocional y de contacto físico. Madre y bebé se necesitan y cuidan mutuamente de formas diferentes y no equivalentes.

Alicia Puleo habla en otro momento de "ecofeminismo crítico" con derechos sexuales y reproductivos. ¿Quién defiende los derechos sexuales y reproductivos de quien no puede reproducirse porque ni siquiera hay espacios ni recursos propios para conocer a una futura pareja (y las páginas de contactos de internet son la prueba del desencuentro social y erótico en el que nos encontramos) y no hay ni tiempo ni redes sociales necesarias para criar seres humanos sanos?

En referencia a la no maternidad de las sociedades tradicionales también podemos aprender mucho, sin necesidad de idealizarlas. Por ejemplo, en casi todas las sociedades preindustriales se han conocido y se han utilizado plantas con principios activos que inhiben la ovulación o la implantación de óvulos fecundados, es decir, abortivos tempranos. Hoy la ciencia ha corroborado que esas plantas funcionan y el libro "Eve's herbs. History of Anticonception and Abortion in the West" aporta bastante información al respecto. Sin embargo, el feminismo mayoritario, en lugar de recuperar ese saber perdido, se dedica a denunciar que el Estado legisla en algo que en otras épocas y otros lugares hubiera sido simplemente imposible de regular, porque los principios activos se encontraban accesibles en la propia Naturaleza, se conocían sus efectos y también sus riesgos tóxicos y efectos secundarios. Una mujer del mundo preindustrial no pedía permiso al poder para no ser madre ni para serlo. Y, a pesar de ello, la maternidad y los hijos eran algo valioso e importante, porque los seres humanos no eran considerados como un mero gasto inoperante, pasivo y consumista de recursos. Los niños y los viejos tenían un papel activo, aportaban algo vital a la comunidad y tenían su función. Hoy en día los niños son inversiones, hobbys, lujos, incordios para poder realizarse como persona y "trabajar". Por eso, aunque la información anticonceptiva y de abortivos tempranos o era conocida en el pasado o se sabía dónde buscarla si no se conocía de primera mano, es probable que a mucha gente ni siquiera le interesara el tema, porque en términos generales tener hijos era considerado algo positivo. Como todo en la historia de la humanidad, el control de la natalidad ha tenido sus propios ciclos, idas y venidas.

"Una matica de ruda" (gracias a Rosa Zaragoza por hablarnos de esta canción sefardita del siglo XII):

- "Una matica de ruda
una matica de flor
me la dio un mancebico
que de mí se enamoró.
- Hija mía la mi querida
no te eches a perdición,
más vale un mal marido
que mejor un nuevo amor.
- Mal marido la mi madre
no hay más maldición,
amor nuevo la mi madre
la manzana y el limón".




Como Alicia Puleo, yo tampoco creo que haya que idealizar ni el pasado ni las sociedades presentes cazadoras-recolectoras. De hecho, considero que la ética de la vida, la bioética que ella tanto desprecia ("no vamos a utilizar el concepto de santidad de la vida") como elemento represor en potencia de la vida de las mujeres adultas en edad "cotizante" (nunca se tiene en cuenta ni a las niñas ni a las ancianas) es de vital importancia en el momento presente. Por eso, aunque en casi todas las culturas haya existido el aborto (o incluso el infanticidio) no por ello habría que reivindicarlo (incluso como acto "empoderante") en la sociedad actual de forma automática. Yo encuentro totalmente compatible reivindicar la legalidad del aborto con admitir los componentes bioéticos que implica a día de hoy. Por ejemplo, la idea de aborto y embarazo no era la misma hace mil años (de nuevo, me remito al libro del historiador John Riddle) que en la era de la ecografía, en la que puedes escuchar el latido de un feto de 8 semanas latir en tu propio vientre o ver cómo es cuando tiene 12 semanas.

Ahora que parece que nos encontramos en un momento cumbre, un momento de cambio de civilización dentro de lo que ha sido la historia de la industrialización (algunos hablan de fin del petróleo barato, de "pico de petróleo" y demás...) no sería extraño que volvieran también prácticas que ahora consideramos censurables. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al campo de la explotación animal como sustituto del los recursos energéticos fósiles. ¿Acaso es posible un mundo postindustrial sin petróleo que no utilice a los animales como fuerza de trabajo? Yo no lo sé, está por ver. En el pasado, el coche sustituyó al caballo y el tractor al buey. No tengo las respuestas a estas cuestiones pero creo que hay que asumirlas con valentía y reconocer sus implicaciones existenciales y éticas.

"El ecofeminismo crítico es constructivista. Tenemos que luchar contra los estereotipos de género porque son perjudiciales para las mujeres y perjudiciales para la Naturaleza. Con esto nos diferenciamos de ecofeminismos clásicos que sostuvieron el caracter biológico de las identidades de género. Si ignoramos el papel de la cultura en las identidades entonces nos condenamos al conformismo. Si es biológico no tienes elección. Las identidades de género eran constructos que es posible transformar". 

Este fragmento ilustra a la perfección la proyección de la ideología sobre la realidad. Como me viene bien para mis objetivos pensar X, lo afirmo sin importarme si es así o no. Lo importante es que si algo es biológico "no tienes elección" y como se supone que debemos tener elección para transformar todas las cosas (el mito del progreso industrial por excelencia) niego todo lo que sea biológico. ¿Y si los roles sexuales o la división sexual de las tareas tuvieran más un interés práctico o de adaptación al medio ecológico que algo ideológico? Esto no entra en contradicción con que posteriormente esas divisiones prácticas acaben, a lo largo del tiempo, teniendo un componente jerárquico o dominante que termine convirtiéndose en una realidad opresora.

 Por otro lado, que algo se pueda transformar no quiere decir que haya que transformarlo o reprogramarlo por necesidad. Es decir, no hay por qué sustituir la cultura por la biopolítica, sustituir la integración en una cultura existente por el adoctrinamiento desde las instituciones. Una mujer de una sociedad tradicional puede estar "programada" por su cultura. Una mujer de la sociedad actual está reprogramada desde las instituciones estatales y capitalistas de poder, entre las que hoy en día podemos citar a todas las organizaciones subvencionadas o patrocinadas (entre las que se encuentra desde la Iglesia al feminismo). Estoy deseando conocer un proyecto feminista que no esté financiado por el Estado ni el Capital y que cumpla otro requisito fundamental: no reproducir de forma automática y acrítica el pensamiento del feminismo subvencionado.

La intervención de Alicia Puleo termina con un canto a la ayuda mutua entre el feminismo y el ecologismo. El feminismo y el ecologismo de estado pueden ayudarse mutuamente pero jamás podrán aproximarse a la realidad, porque sus estudios y luchas están condicionados por lo que el Estado o el Capital consideran subvencionable o no subvencionable, dependiendo de lo que más le interese en cada momento.

Para finalizar me gustaría mencionar las poquitas cosas con las que estoy de acuerdo con Alicia Puleo:

- Ninguna cultura es "perfecta", todas tienen algo que dar y algo de lo que aprender.
- Hay que universalizar la cultura del cuidado (yo añado, desde los iguales y no desde "arriba" a base de institucionalizar los cuidados para liberar a no se sabe quien).
- Las mujeres y los hombres somos parte de la Naturaleza.

Como siempre, pido disculpas por las posibles equivocaciones de análisis que pueda tener el texto y estoy abierta a dialogar, reflexionar, matizar o retirar cualquiera de mis afirmaciones si se demuestran erradas.

* Sobre el origen de la expresión "revolución calostral" Ester Massó Guijarro explica: "El concepto de revolución calostral del obstetra Michel Odent (2007) explica esta vertiente. Odent ha descrito cómo el tabú del calostro se hallaba presente en multitud de culturas, que vetaban de diversas maneras la toma del calostro por parte del neonato durante los primeros días. Esta privación está relacionada con la maximización del potencial de agresividad en las personas, lo que suponía una ventaja desde el punto de vista de la selección (Odent 2007: 96ss). Frente a ello, la no perturbación de la relación entre madre y recién nacido supone una revolución contracultural, en la que los recién nacidos experimentan una seguridad básica (en permanente contacto con sus madres) que influirá de modo crucial en su salud emocional: “La revolución calostral es una etapa que obligatoriamente hay que pasar en el camino hacia la convergencia entre instinto y ciencia. Entre el cerebro primitivo y el neocórtex” (ibíd.: 99)." 

Se puede leer el capítulo "Calostro y Civilización" del libro "El bebé es un mamífero" escrito por Michel Odent aquí: http://es.scribd.com/doc/49186767/CalostroyCivilizacion